Sucesos
¿Cómo llegó "Diablo" a ser el hombre más buscado de Costa Rica?
Nacido el 19 de septiembre de 1984 en Santa Rosa de Ticabán, Pococí, en Limón, Alejandro Arias Monge inició su vida laboral como operador en compañías bananeras de la zona.
5:00 a. m. del 24 de julio de 2026. El dron que sobrevolaba descendió y, antes de que ascendiera otro cargado, una orden desató una violenta arremetida contra el único portón que resguardaba una propiedad de entre 3.000 y 4.000 metros cuadrados, casi en medio de la nada en la rural comunidad de San Bernardino de Horquetas de Sarapiquí.
Un grupo de choque compuesto por agentes del Servicio Especializado de Respuesta Táctica (SERT) y de la Unidad de Vigilancia y Seguimiento (UVISE) del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) entró de inmediato al terreno que en cuestión de segundos se convirtió en el mismísimo infierno en el que se refugiaba el "Diablo", Alejandro Arias Monge.
A unos cuantos metros, el director general interino de la Policía Judicial, Michael Soto, se resguardó en el segundo anillo de seguridad junto al fiscal general, Carlo Díaz. El primero escuchaba cómo sus subalternos se rifaban la vida en el intento de detener al criminal más buscado de Costa Rica, quien por 10 años se la había jugado para mantenerse en fuga.
Casi una hora de un intenso combate. Aproximadamente 2.500 disparos realizados en el intercambio. Los tiros resonaban y la montaña boscosa se negaba a tragarse tal escándalo. Soto, resguardado e invadido por la zozobra.
De pronto, en los radios de comunicación, empiezan a llegar las malas noticias de los agentes heridos durante el tiroteo.
"Ya ahí empieza la desesperación de nosotros. Nos pedían que les ayudáramos porque no había vehículos para poder transportarlos. Ahí, a como pudimos, nos íbamos acercando. Llevábamos dos vehículos blindados, no toda la caravana... Esos vehículos los acercamos un poco más y los estacionamos prácticamente al frente de la vivienda como escudo, y ahí nos mantuvimos", reseñó el jefe del Ministerio Público.
A la distancia, donde aguardaban por el desenlace las cabezas de los órganos auxiliares de la justicia, pudieron ver cómo uno de los oficiales era alcanzado por una de las balas que salió de un fusil de guerra FAL 308 que Jonathan "Tan" Pérez —otro cabecilla narco— tenía en su poder.
De inmediato, la impotencia embargó a quienes observaban lo ocurrido y no tenían cómo acercarse a asistir a los agentes.
"Ya estando en el punto, en algunos momentos paraba la balacera, volvía a continuar, paraba y volvía a continuar, y minutos de mucha angustia, tratando incluso uno de nuestros oficiales tener un contacto auditivo con los sujetos y decirles: 'Miren, salgan del lugar, les garantizamos la vida si salen con las manos arriba'. Pero nos respondían a balazos.
"Hasta que, transcurrido todo ese tiempo, vemos que el sujeto alias 'Diablo' se posiciona en la parte frontal de la casa de habitación y se sienta en una de las columnas, y minutos después el sujeto alias 'Tan' también decide salir y entregarse, y ya logramos el control de la situación", contó el director general.
Durante el intercambio fue abatido un tercer líder criminal que estaba en el sitio: Ronnie "Coco Guácimo" Ríos. A él se le señala como el sospechoso de haber abierto fuego contra un grupo de agentes que resguardaban uno de los perímetros.
Luego de que este sujeto hiriera a tres de los oficiales e intentara salir por una ventana, la respuesta armada derivó en su muerte en el lugar.
En total, fueron ocho los funcionarios que sufrieron algún tipo de lesión durante el enfrentamiento. Dos de ellos están delicados, aunque fuera de peligro, según el balance dado por el jefe del Organismo de Investigación Judicial.
Los hombres capturados en la operación bautizada como "Némesis" —en alusión a la diosa que restablece el orden— no eran cualesquiera. Eran los tres hombres más buscados en Costa Rica. Múltiples habían sido los intentos por detenerlos.
Alejandro Arias arrastra investigaciones por homicidios, tentativas, tráfico de drogas, lavado de dinero, infracciones a la Ley de Armas y Explosivos, así como robo de ganado. Jonathan Pérez y Ronnie Ríos no se le quedaban atrás.
Pero donde estos tres cabecillas adquieren otra dimensión es cuando se contabiliza el nivel de violencia de las estructuras que estos comandan: más de 360 vidas cobradas —algunos de ellos, policías— en casi 10 años de operaciones de estos grupos criminales.
Muestra de ese nivel de violencia es que, donde se escondían "Diablo", "Tan", "Coco Guácimo" y otro hombre de apellido Matarrita, conocido como "Coco Mono", había más armas que hombres. En el lugar se encontraron tres fusiles tipo AK-47, dos AR-15, la FAL antes indicada y tres pistolas. Cargadores y municiones por montones.
Tantas eran las balas que había en el lugar que Michael Soto estima que, si los sospechosos no se hubieran rendido, les hubiera alcanzado para mantenerse en combate otra hora.
Pero detrás de esa política de "plata o plomo" —frase célebre del narcotraficante colombiano Pablo Escobar, presente en un cuadro ubicado en la casa donde se dieron las aprehensiones— estaba la venta local de drogas, el contrabando de cigarrillos y licores, entre otras actividades ilícitas controladas por las tres organizaciones hoy acéfalas en Pococí, Valle La Estrella de Limón, Matina, Guácimo, Sarapiquí, San Carlos, Upala, Guatuso, Cañas, Liberia, Santa Cruz, Nicoya, Quepos, Parrita, Garabito y Osa.