Del plantón a la faroleada: ¿despierta la protesta ciudadana en Costa Rica?
Desde la academia destacan cómo recientes movimientos ciudadanos han innovado en las formas de manifestarse, incluso sin ser organizados por los partidos políticos.
Tal vez usted lo haya notado. Durante los últimos años, las protestas en Costa Rica son menos intensas y menos prolongadas.
Atrás quedaron aquellos tiempos del llamado "Combo del ICE" o las movilizaciones alrededor de las discusiones relacionadas con el Tratado de Libre Comercio.
Ya lo advirtió el último informe del Estado de la Nación, publicado el 13 de noviembre anterior: el país atraviesa el periodo más extenso de baja intensidad en acciones colectivas desde que se tienen registros (1992); una confirmación de que la crisis de representación no afecta solo a los partidos políticos, sino también a los sindicatos y a las organizaciones de la sociedad civil.
En ese contexto, una multitud se plantó en la plaza de la Democracia, en San José, para protestar en defensa de la democracia y de la independencia judicial, en medio de constantes ataques de la presidenta Laura Fernández y su ministro Rodrigo Chaves —también exmandatario— contra la Corte Suprema de Justicia.
A ello se han sumado, también, millonarios recortes a esa institución en los presupuestos de 2026 y 2027, que, según han alertado el fiscal general Carlo Díaz y el director general interino del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), Michael Soto, afectarán la lucha contra el crimen organizado.
La citada manifestación tendrá un nuevo episodio el próximo 14 de setiembre, en lo que sus organizadores han denominado una "faroleada por la democracia".
El movimiento ha sido criticado por los diputados del oficialista Partido Pueblo Soberano (PPSO) y ha despertado algunos llamados informales a hacer concentraciones de apoyo a Fernández y Chaves en los sitios elegidos por el Gobierno de la República para los tradicionales actos previos al Día de la Independencia, que incluyen una sesión solemne del Consejo de Gobierno en Cartago.
Frente a ese contexto, Teletica.com entrevistó al investigador del Estado de la Nación y del Centro de Investigación y Estudios Políticos de la Universidad de Costa Rica (CIEP-UCR), Rónald Alfaro, para conocer si es posible hablar —o no— de un resurgimiento de la protesta social en el país.
A continuación, una transcripción de la conversación:
¿Qué halló el Estado de la Nación en su último informe respecto a la protesta social?
El Informe de Estado de la Nación analiza lo que se denomina como el ejercicio de la ciudadanía, es decir, cómo se expresa la gente, cómo se manifiesta, cómo se hace escuchar. Y uno de los análisis más importantes ahí tiene que ver con el tema de la protesta ciudadana, que llamamos acción colectiva.
Esto se estudia mediante análisis en donde se analizan los registros de cuántas, por ejemplo, protestas hay. Y protesta entendida en un sentido amplio; digamos, incluye marchas, demostraciones, manifestaciones públicas, comunicados, huelgas, incluso cierres de edificios, en fin. Entonces es un concepto muy amplio.
Ya tenemos desde los años 90 de analizar este comportamiento de la protesta ciudadana; son más de tres décadas. Y eso hemos podido identificar periodos en los que el país ha atravesado por épocas de muy alta protesta, pero también más recientemente un ciclo más bien de baja protesta. Ya llevamos alrededor de 11 años, considerando la serie completa, 11 años seguidos, digamos, de baja protesta.
¿Por qué decimos que es baja? Bueno, porque lo comparamos con un nivel promedio para saber cómo se ha ido comportando. En otra época, al principio de este siglo, ¿verdad? Por ejemplo, las protestas con el Combo de ICE, las protestas en aquel momento contra la revisión vehicular, protestas asociadas a presupuestos públicos, en fin. Todos esos se hicieron de una época mucho más activa de la ciudadanía protestando.
Pero llevamos más o menos desde el 2014, un largo periodo ya, donde los niveles de protesta son usualmente bajos. No es que no se proteste, pero no con los niveles que había o que ha habido en el pasado.
Durante más de tres décadas, hemos seguido de cerca la frecuencia de marchas, manifestaciones y otras formas de protesta. Si bien a principios de siglo vimos picos de movilización, desde aproximadamente 2014 los niveles de protesta se han mantenido consistentemente bajos en comparación con los promedios históricos.
Este fenómeno responde a múltiples factores. La transformación de organizaciones sociales, la disminución de la fuerza de los sindicatos y un cambio hacia la vía judicial para resolver conflictos son elementos clave. Además, el auge de las redes sociales ha alterado la forma en que se canaliza y expresa el malestar ciudadano.
#ProtestaCiudadana #AccionColectiva #EstadoDeLaNacion">
¿A qué cree usted que se debe esa situación?
Hay varios factores. Es decir, las organizaciones sociales también se han transformado.
Es decir, en otra época, por ejemplo, los sindicatos tenían una fuerza muy importante, organizativa. Pero, por ejemplo, hoy día están más divididos.
La ciudadanía también, digamos, usaba la forma o la protesta como un mecanismo para expresar su malestar. Hoy día están recurriendo más a la vía judicial para resolver sus conflictos, más que a usar la protesta como tradicionalmente se conoce.
Entonces, digamos, hay una serie de factores. También la sociedad ha cambiado. A inicios del siglo, las redes sociales no eran un actor tan importante para canalizar, por ejemplo, el descontento o malestar, o para expresar una opinión. Hoy día lo son. Entonces, no hemos estudiado qué efecto tiene, por ejemplo, ese cambio. Pero yo diría que es significativo.
En los últimos, se dieron varias protestas. Primero el plantón (6 de agosto), luego una marcha en defensa de las universidades públicas (1.° de setiembre), una concentración para exigir respeto a la autonomía constitucional de la Caja Costarricense de Seguro Social (3 de setiembre). Ahora la faroleada convocada para el 14 de setiembre. ¿Hay una reactivación de la protesta social?
Es interesante porque, luego de este largo periodo, del que hemos hablado, de más de una década, en donde la protesta no es que haya desaparecido del todo, pero que no haya alcanzado niveles de mucha actividad, es interesante que esto esté ocurriendo. Todavía creo que es temprano para decir que ya se reactivó la sociedad, pero sí hay algunas manifestaciones interesantes relacionadas con esta dinámica. Puede que esto sea un cambio de la dinámica, podría ser, y que entonces esa reactivación pueda consolidarse.
Lo interesante es que la sociedad está volviendo a usar estos recursos para manifestarse, y que lo está haciendo de manera orgánica, organizada a su manera, no impuesta; incluso no ha sido impulsada por partidos políticos, sino más por sectores sociales. Eso es un dato bien interesante.
Y que además está también recurriendo a formas de protestar que son como, quizás, innovadoras en algún sentido. Por ejemplo, usar el tema de los faroles. Tiene una connotación también innovadora. Por ejemplo, llamar a esta manifestación un plantón, la que hubo hace poco tiempo. Eso también es una especie de innovación. En las formas, quién lo conduce.
Pero también hay otro aspecto que yo no dejaría por fuera, que también me parece muy relevante. El mismo Poder Ejecutivo, es decir, el oficialismo, también está utilizando algunos de estos mecanismos. Por ejemplo, organizó una protesta en contra del fiscal general. Es decir, casi siempre las protestas son contra el gobierno. Pero aquí lo interesante es que también el gobierno innova y dice: "Bueno, no, entonces yo voy a organizar, voy a ser quien organiza la protesta contra otro actor político".
Entonces recurre al mismo mecanismo de protesta y acción colectiva, solo que, digamos, organizado para fines distintos. Entonces tenemos como dos actores recurriendo a los mismos, digamos, mecanismos o instrumentos del ejercicio de la ciudadanía para precisamente manifestar, hacerse escuchar. Y eso es una innovación interesante. Desde el punto de vista de cómo la democracia se construye, es una innovación interesante.
Discover how sectors, independent of political parties, are finding new ways to express dissent. From innovative "plantones" to the strategic use of "paroles," these forms of collective action signal a shift in how voices are being heard.
Even the executive power is engaging in these tactics, organizing protests against political opponents. This demonstrates a fascinating evolution where both the government and opposition are leveraging the same tools for their distinct agendas.
This resurgence in citizen engagement is a positive sign for democracy. It signifies not just discontent, but an active effort by the populace to make themselves heard, marking a potentially more assertive role for protest.
#ProtestaSocial #Democracia #AccionCiudadana">
¿Pero es posible hablar de una reactivación?
Sí, son algunos primeros indicios, son primeros indicios y podría ser que eso finalmente conduzca hacia algún cambio de un rol más beligerante de la protesta. Pero, como muchas cosas en la política, tratar de imaginar el futuro no es tan sencillo. Lo mejor es que estamos presenciando hoy cosas interesantes: desde el lado, por ejemplo, del oficialismo, recurren también, han organizado varias manifestaciones para demostrar el apoyo al gobierno, al ejecutivo o al liderazgo del expresidente Chaves en ese momento. Eso está operando. Pero también desde el lado de la oposición hay un reacomodo, un rearmado para tratar de utilizar estos mecanismos en ese sentido.
Es decir, desde el punto de vista de la democracia, esto es muy positivo, porque quiere decir que la ciudadanía no solo está inconforme o no solo está descontenta, por las razones que sean, sino que también se está haciendo escuchar.
Entonces, si uno lo analiza, ¿es esto un mayor ejercicio de la ciudadanía? Sí, sí lo es. Y eso para la democracia es bueno. Vamos a ver cómo las cosas se van desarrollando.
A ver, por ejemplo, la protesta que hubo alrededor del Tratado de Libre Comercio en el año 2007, el referéndum y todo, derivó incluso hacia un resultado electoral en el 2010. Había ocurrido en el 2006, que fue una elección muy influida por esos factores. Entonces, normalmente la protesta desencadena.
De alguna forma, por ejemplo, el malestar del Combo del ICE había sido un factor que debilitó a los partidos tradicionales, al Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), al Partido Liberación Nacional (PLN), y fortaleció el surgimiento de otras opciones políticas, como el Partido Acción Ciudadana (PAC) en su momento, el Partido Movimiento Libertario (PML) y luego el Partido Frente Amplio (PFA).
Entonces, siempre la protesta también tiene otros efectos que podríamos llamar como colaterales, muy asociados a la competencia electoral y a la renovación del liderazgo político.
Ya usted hablaba de cómo el oficialismo y sus seguidores han usado las concentraciones para expresar el apoyo al Gobierno y sus liderazgos. ¿Pero a qué atribuye las manifestaciones de la oposición?
Desde la oposición también, es una forma en la cual los actores que de alguna forma no están a favor de un gobierno o de las decisiones de un gobierno, pues usan estos mecanismos para protestar, para hacerse escuchar, para que sus voces se puedan hacer oídas. Nuevamente, son mecanismos que la misma sociedad, la misma democracia, de alguna forma, pues crea las condiciones para que así sea. Este es un país en el cual se ha respetado por lo general la protesta.
Eso no quiere decir que no haya habido violencia en algún momento, pero al mismo tiempo las protestas no son reprimidas de manera generalizada o no son censuradas. Al menos hay cierta protección de esos derechos. Desde luego que hay lesiones y a veces hay violaciones a esos derechos, pero en general podríamos decir que este es un país en el que la tradición indica que la protesta es un recurso válido en la política. Y la oposición encuentra esa vía para canalizarlo.
Yo no dejaría por fuera en esta explicación, por ejemplo, el rol que tienen los partidos políticos. Porque cuando en una sociedad hay partidos políticos muy fuertes, muy bien organizados y con mucha presencia en el territorio, entonces los partidos son como los que canalizan esas demandas. Son como una especie de cable a tierra que toman esas demandas y las procesan.
Pero estamos en un momento más bien en que los partidos, todos ellos, están en una condición bastante débil y no logran todavía generar estos fuertes vínculos con la gente, con los sectores sociales. Pero también, entonces, teniendo partidos débiles, eso hace más difícil que los partidos puedan ser como los que canalizan esas demandas. Los que escuchan, toman y tratan de resolver. Entonces la oposición busca otras formas para hacerse escuchar.
¿Cómo interpreta usted lo que ocurrió con el plantón?
Lo interpreto como una respuesta desde la ciudadanía. Lo digo como un factor interesante. Es decir, no es desde algún partido político, no es desde una fuerza política. Sino más bien una respuesta desde las bases de la ciudadanía en respuesta a un estilo de gobierno que es muy confrontativo y antagonista. Entonces es una especie de respuesta para decir: "Bueno, estas no son las maneras en las que podemos, como sociedad, resolver nuestras diferencias".
Y aquí que no se llame la idea de que todos tenemos que pensar igual o que todo debería resolverse por consenso. Eso es una fantasía, digamos, desde el punto de vista político.
Más bien, lo que tenemos que procurar es construir acuerdos, dialogar, pero esta es una sociedad que ha dejado de dialogar.
Entonces, ¿por qué el plantón? ¿Por qué la gente? ¿Por qué las consignas? Para mí es una respuesta orgánica, natural, incluso bastante espontánea. Y que cumple con la tarea de hacer ver esas diferencias con respecto a un estilo, una forma de hacer las cosas. Y podría producir nuevas formas de protestar, de manifestarse.
¿Hacia dónde se va a encauzar toda esa energía? Hay que ver. Creo que el tiempo dirá hacia dónde se va a mover. Pero, por lo general, estas cosas no es que se hayan organizado; pasó el plantón y ya, y ya acabó. Sino que de alguna forma son como un germen, siembran como una especie de semilla de algo que se va a ir consolidando más adelante.
¿Qué se puede esperar de la "faroleada"?
Es que a veces nosotros en política hablamos de lo que ya ocurrió. ¿Qué podría ocurrir? Es difícil pensarlo en términos muy específicos. Pero creo que de repente puede ser algo similar, en el espíritu, similar a lo del plantón. Tratar de nuevamente movilizar a la ciudadanía, que se haga manifestar y expresarse.
Este es como un nuevo episodio del plantón y habrá que ver primero cómo se da, quiénes finalmente participan y eso cómo se ve desde el punto de vista territorial; o sea, en dónde ocurre esto. Porque una de las cosas que el plantón reciente mostró es que también hubo brotes de ese plantón en otras partes del territorio. Habrá que ver entonces si van desde esa línea. Yo creo que apuntaría con esa dinámica.
En el último estudio de opinión del Centro de Investigación y Estudios Políticos, se advierten una serie de límites en el apoyo a la presidenta Laura Fernández y su administración. Se menciona, por ejemplo, que ese respaldo disminuiría si se desacatan las resoluciones de la Sala Constitucional o se hacen recortes a las universidades públicas. Precisamente, esas fueron parte de las consignas en el plantón...
Sí, es que en política las cosas nunca son absolutas. Entonces, por ejemplo, un alto apoyo popular, con el que tiene la presidenta Fernández, no necesariamente es sinónimo de un cheque en blanco. O sea, para la ciudadanía hay decisiones que se pueden tomar que podrían hacer que ese apoyo se reduzca o cambie, porque también puede ser que en algunos casos más bien el apoyo aumente. Depende de cómo las personas lo perciban.
Pero lo interesante acá es que haber ganado una elección de forma contundente, como ocurrió, tener ahora un alto apoyo no son necesariamente condiciones a las cuales no haya un límite o que ese apoyo no sea irreversible o sin límites. Eso es lo interesante en la política.
Cuando le preguntamos a la gente, bueno, ¿qué pasaría con su apoyo si el gobierno, por ejemplo, le pone impuestos a las canastas tan básicas? Bueno, ahí hay un freno muy importante de la gente a una cosa de esas.
Y estas son las formas usuales en las que se expresa la ciudadanía. Nosotros en la encuesta tratamos de medir cuáles son los límites a ese apoyo. Y los hay, hay varios, ciertamente.
En el plantón había un cartel que decía: "Yo sí le tengo miedo a la dictadura", en referencia a las manifestaciones que había hecho el expresidente Rodrigo Chaves en Guanacaste el 25 de julio. ¿Cómo contextualizar una pancarta así en un país en el que eso no parecía un tema que se conversara?
No parecía y no es usual que se converse.
Primero, partimos de una realidad. La gran mayoría de la población costarricense, casi, casi, sin excepciones, pero la gran mayoría, hay algunas cuantas, la gran mayoría de nosotros nunca ha vivido en una dictadura. Ni conoce lo que es una dictadura, a menos de que, por ejemplo, alguien haya emigrado, huyendo de una dictadura en América Latina, que también ha ocurrido. Pero la mayoría de ciudadanos costarricenses no conocen lo que es, no conocemos en carne propia, en nuestras vidas cotidianas lo que es una dictadura.
Entonces, ese referente lo conocemos por la comparación que se hace con casos y países vecinos que o han atravesado en el pasado o están atravesando por un periodo, por un conflicto político de esta naturaleza. Pero también lo otro es que la sociedad costarricense está también atravesando un proceso de transformación política. Hay cambios en el sistema de partidos, partidos que desaparecen, partidos nuevos, de los tradicionales también hay algunos que se han debilitado, otros están ahí.
Entonces estamos en un proceso de transformación. En las elecciones más recientes hubo más participación electoral. Eso es un cambio muy importante desde el punto de vista de esa activación política.
Y eso también crea un relacionamiento interesante. Está ocurriendo además en medio de este periodo también de baja protesta social. Entonces, ¿cómo interpretar esto? Hay cambios políticos que están en protesta y la ciudadanía se manifiesta ante ellos, sobre todo, ¿qué rumbo quisiéramos seguir? Como sociedad, siempre estos momentos de cambio y de transformación le hacen a las personas reflexionar sobre hacia dónde queremos encaminar la barca.
Este no es el primer momento de este tipo y no va a ser el último en nuestra historia. Pero también los episodios en el pasado nos dejan algunas lecciones importantes. ¿Cuál es una de ellas? Inevitablemente, por ejemplo, el tema del diálogo es la clave. El diálogo, la búsqueda de acuerdos, porque si nos vamos por la vía más conflictiva, más confrontativa, esa vía es más dolorosa y es una vía más difícil de la que podamos salir. Sin ocasionarnos un daño colectivo.
Entonces, siempre la apuesta, lo que todos estos otros episodios nos han dicho, de cómo la sociedad costarricense ha salido de unos periodos de transformación y de cambio político, casi en todos ellos uno de los rasgos más comunes tiene que ver con la búsqueda de los acuerdos y el diálogo. No es para anular a la otra parte, sino más bien para encontrar los puntos en común.

