13 de abril de 2026, 18:39 PM

Carlos Aguirre / Consultor Desarrollo Humano Estratégico.

Desde julio de 2025, apenas una de cada cinco empresas considera que su estrategia es de alta calidad, una caída del 40 % respecto a hace quince años (McKinsey, 2025). Este dato no solo preocupa; confirma algo que veo constantemente en empresas y equipos deportivos: muchos tienen plan, pero pocos tienen dirección real. 

Hoy competir es más complejo que nunca. La incertidumbre se ha duplicado desde 1990 y factores como la inteligencia artificial, la presión geopolítica y los nuevos modelos de negocio han cambiado las reglas del juego. En este contexto, las “Diez pruebas de estrategia” de McKinsey funcionan como un filtro incómodo pero necesario: ¿de verdad sabemos hacia dónde vamos o solo estamos ocupados? 

Otro concepto potente es la “curva de poder del beneficio económico”: una minoría captura casi todo el valor, mientras muchos apenas sobreviven o incluso destruyen valor. En términos deportivos, es como una liga donde pocos pelean el campeonato y la mayoría juega sin trascender. La diferencia no está solo en el talento, está en la claridad y en la ejecución. 

El estudio de más de 400 empresas identifica a los campeones de estrategia; son aquellos que logran sostenerse o subir al nivel más alto de rendimiento. Lo interesante es que no hacen magia pero tienen tres puntos clave: diseño, movilización y ejecución. 

En el diseño, lo que aparece en los campeones —y lo que trabajo con equipos— es alineación real. No basta con tener una presentación bien hecha; hay que lograr que todos entiendan el juego. Aquí entra algo clave: decisiones valientes. Los equipos que quieren ganar de verdad no juegan a empatar. 

Pero donde realmente se define todo es en la movilización. Aquí muchas organizaciones se quedan cortas. Saben lo que tienen que hacer, pero no lo convierten en acción. Los campeones bajan la estrategia a tierra, son responsables claros, con prioridades definidas y recursos alineados. En un camerino, esto es directo: cada jugador sabe qué tiene que hacer… y lo hace. 

En la ejecución es donde se separan los buenos de los consistentes. No es arrancar bien, es sostener. Ajustar, aprender, volver a intentar. Equipos como Best Buy o DBS Bank reflejan algo clave: la estrategia no es rígida, es dinámica. El contexto cambia, el partido cambia… y el que no se adapta, se queda. 

Algo que me parece especialmente valioso es que no hay una única forma de hacerlo. En entornos estables, algunos equipos invierten fuerte para crear ventaja. En entornos inciertos, la clave es la velocidad y la adaptación. Lo vimos con Satya Nadella en Microsoft: claridad interna y capacidad de reaccionar a tiempo. 

También hay un tema cultural de fondo. Organizaciones como Amazon o Mercado Libre han construido sistemas que permiten decidir rápido y con criterio. En esencia, generan confianza en la toma de decisiones, algo que también define a los equipos de alto rendimiento. 

La gran conclusión, y esto lo he vivido tanto en empresas como en deporte, es clara: la estrategia no se gana en la pizarra, se gana en la ejecución diaria. Usted puede tener el mejor plan, pero si no lo lleva al terreno, no compite. 


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