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En Venecia vive un hombre que acaba de cumplir 101 años y que todavía encuentra motivos para sonreír todos los días. Se llama Noé Picado Méndez y el pasado 7 de abril celebró un nuevo año de vida rodeado de su familia. Aunque hoy es una figura muy querida en Venecia, gran parte de su infancia y juventud transcurrieron en Marsella de San Carlos, donde aprendió a amar el campo y la vida sencilla. A lo largo de más de un siglo ha visto cambiar el país, las costumbres y las generaciones, pero hay cosas que nunca han cambiado en él (ver video adjunto).
Don Noé es padre de tres hijos, abuelo de 10 nietos y bisabuelo de 17 bisnietos. También guarda con mucho cariño el recuerdo de Delia Jara, su esposa, con quien compartió 62 años de matrimonio. Hablar de ella todavía le provoca una sonrisa y demuestra el profundo amor que marcó buena parte de su vida.
Su familia asegura que una de sus mayores virtudes siempre ha sido mantener una actitud positiva frente a cualquier circunstancia.
La pasión que lo mantiene activo
A sus 101 años, don Noé sigue caminando por los jardines de su propiedad y visitando a los caballos que mantiene en la finca. Los caballos han sido una de sus grandes pasiones desde que era joven y todavía disfruta observándolos y compartiendo tiempo con ellos. Quienes lo conocen saben que hablar de caballos es una de las formas más rápidas de verlo entusiasmarse. Para él, el contacto con la naturaleza sigue siendo parte fundamental de su rutina diaria.
Su día comienza de una forma muy particular. A diferencia de muchas personas del campo, don Noé no es madrugador y asegura que le gusta levantarse alrededor de las nueve de la mañana. En el desayuno suele elegir pan con huevo porque, según cuenta entre risas, el gallo pinto ya le cae un poco pesado al estómago. Son pequeños hábitos que ha mantenido durante años y que forman parte de su estilo de vida.
La receta de la longevidad
Durante nuestra visita, don Noé nos contó que hace algún tiempo sufrió una caída y se quebró. Al verlo recuperado y con tanta energía, le comentamos que se veía muy fuerte para su edad. Sin pensarlo mucho, respondió que sí estaba fuerte… pero de olor. La ocurrencia provocó una carcajada general y dejó claro que el humor sigue siendo una de sus principales fortalezas.
Entre chistes, anécdotas y sonrisas, pasamos una tarde inolvidable con este vecino de Venecia. Cuando le preguntamos cuál es el secreto para vivir tantos años, no habló de dietas milagrosas ni de fórmulas especiales. Según él, la clave está en tomarse la vida con humor, disfrutar cada día y nunca perder la capacidad de reírse. Viéndolo caminar entre sus caballos a los 101 años, cuesta llevarle la contraria.