POR Johnny López | 5 de agosto de 2026, 18:55 PM

Hubo un tiempo en que Costa Rica cabía alrededor de un fogón. Mientras el café hervía lentamente y las tortillas inflaban sobre el comal, las familias compartían mucho más que un plato de comida: compartían historias, trabajo, costumbres y una forma de entender la vida. Aquellas recetas nacían en la huerta, en el cafetal o en el corral de la casa. Lo que daba la tierra era, casi siempre, lo que terminaba sobre la mesa (ver video adjunto).

Casi un siglo después, el país es otro. Cambiaron las ciudades, las carreteras, las jornadas laborales y también cambió la comida. Los platos que preparaban nuestros abuelos ya no son exactamente los mismos que hoy servimos en nuestras casas. Y, probablemente, los que hoy consideramos tradicionales tampoco serán los que comerán nuestros nietos dentro de cien años.

Ese es el punto de partida de Del fogón al futuro, un reportaje especial de Más que noticias que recorre casi un siglo de historia para descubrir cómo ha evolucionado la cocina costarricense y qué dice esa transformación sobre nosotros mismos.

Cuando la finca alimentaba al país

El recorrido inicia en la Costa Rica de la década de 1930. Un país donde el almuerzo encontraba a los trabajadores en medio del cafetal, donde la sombra de un árbol bastaba para extender una burrita y donde la finca producía casi todo lo necesario para alimentar a la familia.

En ese viaje aparece doña Rita, una cocinera que aprendió los secretos del fogón cuando apenas tenía 8 años, guiada por su madre y su abuela. Frente al fuego, todavía prepara muchas de aquellas recetas que acompañaron a generaciones enteras de costarricenses y recuerda una época en la que prácticamente toda la cocina pasaba por la leña: el café de la mañana, las tortillas, los frijoles, las sopas y los platillos que hoy sobreviven gracias a la memoria de quienes se resisten a olvidarlos.

Pero la historia de la gastronomía costarricense no se quedó detenida frente al fogón.

El país cambió... y el menú también

El documental avanza hacia las décadas de 1940 y 1950, cuando comenzó a consolidarse uno de los platos más representativos de nuestra identidad: el casado.

Con el paso de los años, ese plato también evolucionó. La llegada de las primeras cadenas de comida rápida durante los años setenta transformó para siempre los hábitos alimenticios de los costarricenses. La plancha reemplazó poco a poco al fogón en muchos hogares, aparecieron nuevos ingredientes y la influencia internacional comenzó a sentirse en la mesa de todos los días.

Lejos de hablar de una pérdida de identidad, especialistas consultados para el reportaje proponen otra lectura. El chef Denis Monge sostiene que la cocina costarricense no desapareció, sino que evolucionó junto con la sociedad. Mientras tanto, Johana Monge, directora de la Escuela de Nutrición de la Universidad Latina, explica cómo incluso un plato tan tradicional como el casado ha incorporado nuevos acompañamientos que reflejan los gustos actuales de los consumidores.

Para comprobarlo, el equipo de Más que noticias recorrió varias sodas del país con un reto muy sencillo: pedir "el casado más tradicional". El resultado demuestra que hoy no existe una única versión del plato. Algunos incluyen espaguetis, otros puré de papa, otros papas fritas. Todos conservan su esencia, pero también cuentan una historia distinta sobre la forma en que hemos aprendido a comer.

Lo que vendrá después

El viaje no termina en el presente. La última parada nos lleva a preguntarnos cómo podría alimentarse Costa Rica dentro de cien años. En el Museo de Insectos de la Universidad de Costa Rica, el investigador Federico Paniagua trabaja con una alternativa alimentaria que ya empieza a abrirse paso en distintos países: la producción de proteína a partir de grillos.

Aunque para muchas personas la idea todavía resulta extraña, la evidencia científica muestra importantes ventajas ambientales. La crianza de grillos requiere mucho menos agua, ocupa menos espacio, genera una menor cantidad de gases de efecto invernadero y produce proteína de alta calidad con una eficiencia muy superior a la ganadería tradicional.

Tal vez el futuro no llegue exactamente de esa manera. Tal vez nuestros nietos encuentren otras formas de alimentarse. Lo cierto es que la historia demuestra que la comida nunca ha permanecido inmóvil.

Mucho más que una receta

Del fogón al futuro no es solamente un recorrido por recetas tradicionales. Es una mirada a la historia del país a través de aquello que ponemos sobre la mesa todos los días.

Porque la comida habla de quienes fuimos, de quienes somos y también de quienes algún día seremos. Cambian los ingredientes, evolucionan las técnicas y aparecen nuevos sabores. Sin embargo, hay algo que permanece intacto generación tras generación.

En Costa Rica, la mesa sigue siendo el lugar donde nos encontramos.

Y aunque dentro de cien años el plato lleve arroz, papas, carne... o incluso grillos, lo verdaderamente importante seguirá siendo lo mismo que hace casi un siglo: compartir los alimentos con las personas que más queremos.

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