POR Eric Corrales | 28 de junio de 2026, 8:00 AM

De levantarse tras la quiebra de su negocio en pandemia a convertirse en un fenómeno en redes sociales y en un referente de solidaridad en Desamparados, Danilo Cerdas, mejor conocido como "Mailo Pana", comparte la historia detrás de su emprendimiento.

Su éxito viral y su filosofía de vida basada en el esfuerzo y en ayudar a los demás: esto y más lo reveló en una amplia entrevista con Teletica.com.

—Hay algo que muchas personas no conocen: ¿cuál es su nombre de pila y de dónde nace el nombre “Mailo Pana”?

Mi nombre es Danilo, y el “Mailo” nació a raíz del negocio. Después de la pandemia empecé con una pizzería llamada Mailos y los clientes comenzaron a decirme: “Mailo, regáleme una pizza” o “Mailo, véndame esto”. Poco a poco lo adopté con mucho cariño y así fue como me quedé con ese nombre.

—¿Y por qué arrancar con una pizzería si hoy su nombre está tan ligado a la panadería y la repostería?

Porque yo venía de una quiebra muy fuerte. Tuve una panadería durante 17 años y, después de la pandemia, quise cambiar de rumbo y probar con una pizzería. Sin embargo, el amor por la repostería seguía ahí. Empecé a meter una cosa de repostería, luego otra, y al final terminé regresando a la panadería otra vez.

—Entonces, ¿su primer proyecto fue una panadería?

Sí, fue una panadería durante 17 años.

—¿La pandemia fue lo que lo llevó a la quiebra?

Sí, por completo.

—¿Cómo fue levantarse después de eso?

Durísimo. Empecé prácticamente con una mano atrás y otra adelante, con números rojos y viendo todo muy difícil. Fue una etapa muy dura.

—En medio de ese panorama, ¿cuál considera que fue el secreto para salir adelante?

Creo que la persistencia, la disciplina, mantenerse enfocado y tomar decisiones importantes, como alejarse de cualquier cosa que lo pueda desviar a uno del objetivo.

—Usted siempre ha estado muy ligado a Desamparados. ¿Es de ahí?

He sido bastante desamparadeño. Nací y me crié en Alajuelita, pero gran parte de mi vida la he hecho en Desamparados.

—¿Dónde está ubicada actualmente su panadería?

Estamos 200 metros al sur de la estación de Policía de Gravilias, en Desamparados, San José, Costa Rica.

Entrevista completa:

—¿Cómo se da ese cambio de chip para empezar a crear contenido en redes sociales y, luego, convertirlo en una herramienta para ayudar a otras personas?

Todo comenzó después de la pandemia, cuando yo sentía que el negocio no iba para ningún lado. No quedaba ganancia, no veía salida y me preguntaba qué hacer. Empecé a ver panaderos mucho más grandes mostrándose en redes sociales y pensé que tal vez yo también podía intentarlo.

Sin embargo, al principio no conectaba con el público. Llegó un momento en que dije: “Creo que ya no aguanto más, voy a tener que cerrar, pero no me quiero ir sin compartir esta receta; a alguien le puede servir”. Lo hice con esa intención, de corazón, y ese video se disparó. Era un video sencillo, con cámara frontal, sin micrófonos, sin edición, completamente casero, y aun así explotó. Al día siguiente comenzó a llegar gente, a tomarse fotos y a comprar. Ahí empezó todo.

—¿Fue ese momento el punto de quiebre?

Sí, totalmente. No dábamos abasto con las donas. Empecé a hacer una tanda tras otra. Fue algo inesperado, pero muy bonito.

“Pagué mis deudas a puro TikTok, Instagram y Facebook”

—Hoy mucha gente lo identifica por esos videos en los que comparte recetas, regala pan o ayuda a otras personas. ¿Cómo nace esa faceta solidaria?

Eso vino después. En el momento más duro no podía hacerlo porque apenas estaba sobreviviendo. Pero una vez que el negocio comenzó a levantarse, gracias a TikTok, Instagram y Facebook, logré pagar deudas y salir adelante.

Ya después empecé a compartir más: recetas, conocimiento y también un poquito de lo que yo recibí. Me ha gustado muchísimo salir a regalar, por ejemplo en fechas especiales como el Día del Padre, cuando entregaba una rosa a personas en la calle. Eso me llena el corazón. No hay precio ni dinero que pague esa satisfacción.

—Usted comparte abiertamente sus recetas, algo que no es tan común en el mundo de la panadería. ¿Por qué hacerlo?

Porque me crié en una época muy difícil, en la que el pastelero era muy receloso y no enseñaba nada. Yo quise romper con esa tradición. Además, con el tiempo entendí que el secreto del éxito no está en una receta.

El verdadero secreto está en la perseverancia, la constancia, la disciplina y la disposición para atender al cliente. Ahí está la diferencia. Uno puede compartir una receta, pero no todo el mundo está dispuesto a entregarse al negocio como se necesita.

—Es decir, no le preocupa que alguien copie una receta suya.

No, porque una receta por sí sola no garantiza el éxito. Lo que hace la diferencia es el trabajo que hay detrás.

—Fuera de cámaras, usted nos hablaba de una muchacha a la que ayudó a impulsar su emprendimiento. ¿Qué pasó en ese caso?

Sí, fue una muchacha que yo ni siquiera conocía. La veía con una sombrilla y vendiendo pancitos. Un día le pregunté si quería que la promocionara en un video. Probé lo que vendía, me gustó mucho, le compré y además repartimos parte del producto. A partir de ahí, a ella le empezó a ir muy bien. Ese tipo de cosas me alegra muchísimo, porque uno ve que un empujoncito sí puede hacer una diferencia.

—Uno de sus productos más famosos es el llamado “cinco leches”. ¿Cómo nació esa receta?

Yo hacía el tres leches tradicional, pero me pasaba que con el tiempo absorbía el jarabe y se secaba un poco. Entonces comencé a mojarlo en el momento en que llegaba el cliente, y eso gustó muchísimo.

Mi versión terminó siendo muy distinta a las demás. Se presenta en forma de rollado y, aunque le llamamos “cinco leches”, en realidad lleva seis tipos de leche: leche, crema de leche, leche evaporada, leche condensada, leche en polvo y dulce de leche.

—Y pese a todo eso, asegura que no es empalagoso.

Exactamente. La gente se sorprende porque, aunque tiene muchas leches, no lo sienten excesivamente dulce.

—¿Es ese el producto estrella de la panadería?

Yo diría que sí, en este momento es el producto estrella. Gracias a eso nos visita gente de muy lejos, incluso personas que vienen del extranjero.

—¿Qué se siente pasar de estar a punto de cerrar por falta de clientes a tener que cerrar por exceso de demanda?

Es una bendición enorme. Hemos tenido días en los que hemos tenido que cerrar porque llegamos al tope de producción y ya sabemos cuál es nuestra capacidad. Eso da muchísima alegría y por eso me gusta devolver un poco de esa felicidad ayudando a otras personas.

 —También se le ha visto en proyectos solidarios y vinculado con el padre Sergio. ¿Cómo surgió ese contacto?

Ellos mismos me contactaron al ver mi perfil y el trabajo que hago. Yo a esta iniciativa la llamo “Regalando Amor”, porque consiste en salir a las calles, a los parques, regalar productos y compartir con la gente, sea cliente o no. También trato de apoyar a quienes más lo necesitan con ese granito de arena.

—¿Cuántas personas trabajan con usted actualmente?

Somos alrededor de 15 familias.

—¿Ha pensado en expandirse o por ahora seguirá en Desamparados?

Por ahora me gusta como estamos, pero sí tengo ideas en mente. Tal vez algún día ampliar con un kiosco o un espacio en un centro comercial. Es algo que he pensado, aunque todavía lo estoy trabajando.

—Para cerrar, usted se ha ganado la admiración de mucha gente por ese deseo de ayudar y “regalar amor”. ¿Qué mensaje le deja a quienes hoy están atravesando un momento difícil o sienten miedo de empezar?

Que a veces uno siente que ya no puede más, y yo también pasé por eso. Pero de verdad creo que a la vuelta de la esquina puede estar esa luz. Hay que seguir intentándolo.

Muchas veces uno hace las cosas sin ver resultados, pero llega el momento de recibir. Y también quiero decirles que no todo lo que se da tiene que ser económico. Uno puede dar tiempo, apoyo, una palabra, una ayuda. Den de corazón, ayuden, porque todo se devuelve.