Experiodista de Teletica: "Con solo escuchar la palabra cáncer, uno está preocupado"
Danny González conversó con este medio 18 años después de alejarse de la pantalla. Habló sobre su reciente cirugía por un carcinoma, el papel de su familia y del deporte en su vida.
POR Mariana Valladares | 7 de junio de 2026, 8:00 AM
Danny Gonzálezes un periodista costarricense con una amplia trayectoria en televisión. Es oriundo de Alajuela. Inició su carrera en 1990 en el noticiario Cosmovisión, del Sistema Nacional de Radio y Televisión (Sinart).
En esa época aún estudiaba Periodismo en la Escuela de Comunicación Colectiva de la Universidad de Costa Rica (ECCC-UCR), casa de educación donde luego sacó una licenciatura.
Posteriormente, se incorporó a NC4, donde destacó en la cobertura de sucesos y llegó a dirigir y presentar su programa de sucesos. Su trabajo investigativo le valió el Premio Nacional de Periodismo Jorge Vargas Gené en 1997 por la serie de reportajes Mendigos en San José.
Años después se integró a Telenoticias, de Canal 7, donde permaneció cerca de una década como reportero y presentador. Durante ese período cubrió algunos de los acontecimientos más relevantes del país, entre ellos secuestros, operativos policiales, emergencias y casos de alto impacto nacional.
Su estilo cercano y su pasión por el periodismo de calle lo convirtieron en una figura reconocida por los televidentes.
Tras dejar la televisión, González continuó ligado al mundo de la comunicación desde distintos ámbitos: trabajó en organizaciones ambientales, en comunicación corporativa para entidades bancarias y empresas multinacionales, y actualmente dirige una productora audiovisual y se dedica al entrenamiento de voceros.
A sus 35 años de trayectoria profesional, sigue vinculado a las cámaras y a la narrativa audiovisual, una pasión que, según asegura, nunca ha abandonado.
Recientemente, vivió un momento difícil porque le encontraron un carcinoma en el pómulo izquierdo. ¿Qué ha hecho el periodista 18 años después de renunciar a Telenoticias y cómo sobrellevó este diagnóstico médico?
Teletica.com conversó con el comunicador. A continuación, un extracto de la entrevista:
¿Cómo fue el diagnóstico y qué sintió usted en el momento que le dijeron que era un cáncer?
Creo que a uno le cambia la vida en unos segundos y uno se asusta un poco cuando le hablan de este término. Creo que uno no se espera que sea uno el que lo tenga.
Yo estaba en una actividad social, estaba en una boda con mi esposa y llegó una prima de ella y me dice: "Qué raro, ahí tenés como un lunarcito, ¿ya te lo has visto?" Y le respondí que a veces se me hacía un granito; yo me rompía. Se me secaba, pero se me volvía a hacer algo ahí, entonces de una vez sacamos una cita para hacer un escaneo fotográfico que se hace ahora, y es bastante moderno.
Y cuando lo estaba haciendo, sí me dijeron que eso se veía un poco sospechoso. Inmediatamente me dieron una cita con la doctora especialista y ella me dijo que tenía que hacer una biopsia. Entonces me dice: "En una semana lo voy a llamar; esperemos que todo esté bien".
Pero en una semana no (fue). A los tres días, un viernes en la noche, me llama ella misma por teléfono y me dice: "¿Usted puede hablar?". Y yo me senté y dije: "Aquí hay algo que no me calza bien". Entonces llamé a mi esposa y la escuchamos y me dice: "Sí, usted tiene un carcinoma. Es un pequeño cáncer de piel que, por dicha, se detectó muy pequeño, bastante a tiempo, digamos".
La gran ventaja es que es un carcinoma basocelular, o sea, que no es un melanoma. Es algo como más superficial, por decirlo así, en la piel. Y me dice: "Con solo que lo quitemos en una cirugía, se puede quitar y ya queda bien, no ocupa quimioterapia, no ocupa preocuparse de más". Aunque ya uno estaba preocupado de por sí con solo escuchar la palabra.
Creo que a nadie le gusta escuchar eso. Sí, sí lo tomé con mucha paciencia, con un poquito de optimismo, porque la verdad es que yo soy bastante optimista y soy como muy jovial; me gusta disfrutar la vida. Entonces yo: "No, no, esto es apenas un pequeño obstáculo; vamos adelante".
Y yo le digo: "Bueno, ¿qué tenemos que hacer? Nada más déjeme hacer una carrerita que tengo en bicicleta el 2 de mayo". Y me dice: "Sí, sí, sin problema, no es urgente, lo podemos hacer una semana después".
Y justamente ya fui, hice una carrera que había en Guanacaste y me fue súper bien, pero ya empecé a prepararme porque el 7 de mayo había programado ya la cirugía. Por dicha, salió muy bien. Es una técnica que es muy poco invasiva, se llama cirugía de Mohs, que con un patólogo a la par ya va sacando lo que está mal. La parte del carcinoma en sí, el tumorcito, lo saca y él le dice cuándo cerrar, si ya todo salió. Entonces no tienen como que quitar más de la cuenta, por decirlo así. Y ya me cerraron la herida, todo bien.
La recuperación fue súper noble. A mí me habían hablado de que se iba a inflamar mucho, se iba a poner muy morado el ojo por estar tan cerca. Sin embargo, no. Tuve muy buena suerte.
También me cuidé bastante en ese proceso y ya rápidamente, a los 10 días, digamos que ya, obviamente con protector y con todos los cuidados necesarios, estoy tomando la vida totalmente normal.
Y la verdad es que lo que yo más le decía a la doctora es que a mí me gusta mucho hacer deporte, me gusta tener actividad física y yo tenía miedo de que me dijera que ya no podía hacerlo o que no tanto como lo hago hasta ahora. Y no. Al final, es un tema de prevención. Lo que me dijo es: "Usted puede hacerlo, pero en las mejores horas, evitar las peores horas de sol. Ahorita que usted va a la playa o lo que sea, se pone manga larga, se pone un sombrero, se pone gorra y siempre el bloqueador".
Entonces siempre me tengo que poner el bloqueador y ya se me hizo una costumbre que, aunque la tenía, tal vez no era tan fuerte como ahora, que es así como lavarme los dientes y ponerme el bloqueador en la cara.
Y creo que eso ha sido un aprendizaje, no solo para mí, sino para mis amistades. Los compañeros con los que ando en bici también. Cuando a mí me dijeron y todavía yo no les había dicho que tenía eso, yo les decía a todos: "Pónganse bloqueador; a ver, a ver, reaplíquenselo". Porque a veces uno se pone a la salida y pasan cuatro horas en la bici, entonces hay que estarse poniendo cada hora, digamos.
Pero bueno, ese es un episodio que yo siento que superé, que le pido a Dios que ya no haya más, pero que en un par de meses me van a quitar otra manchita que tengo por ahí. Pero todo bien. La verdad es que me siento muy bien, muy afortunado, muy bendecido. También creo que al final pudo ser peor. Pudo haber complicaciones que tal vez otras personas por tipos de alergias o cosas puedan tener y a mí me fue muy bien.
¿Hay algún antecedente familiar de la enfermedad?
Ese es un cáncer muy diferente, porque el de piel ni siquiera es del sol que yo tuve hace un año o que tuve hace 15 días en la playa. Este sol, me explicaba la doctora especialista, es una acumulación de mi infancia y adolescencia seguramente. Entonces, las horas de sol que uno va acumulando le generan esto.
Pero sí, tengo un par de antecedentes ahí. Digamos que mi padre tuvo cáncer y falleció por ese motivo. Mi madre también tuvo, pero lo superó, tocó la campanilla y está ahí bien, gracias a Dios.
Digamos que es un antecedente que a uno también lo asusta un poco, pero ya lo dejamos por ahí, aparte. Lo importante es que todo salió bien.
Hablemos del deporte, ¿qué papel tiene en su vida ejercitarse? ¿Ya retomó estas actividades?
Yo empecé a correr justamente después de salir del canal. Ya tenía un poquito más de tiempo. Empecé a trabajar en MarViva y con unos amigos ahí en el barrio nos íbamos a correr. Cuando me di cuenta, alguien me dijo que hacíamos carreras de estas de 10 kilómetros y me empezó a gustar mucho eso. Yo siempre he hecho ejercicio. Jugué béisbol y estuve como siete años en karate también, que me gustaba cuando era jovencillo.
Pero ya como en el 2010 empecé a correr y en el 2015 alguien me dijo que hiciéramos una maratón. Y yo decía: "¿Pero cómo? Si eso cuesta mucho, solo los atletas". Y me di cuenta de que no, que es amateur y que simplemente es ponerle disciplina al asunto y hacer un plan.
Me embarqué e hice la primera maratón en el 2015 en Chicago (Estados Unidos). Recuerdo que después de ahí uno termina bastante cansado y dice: "Qué va, ¿para qué me metí en esta locura?" Pero al mes siguiente dije: "¿Por qué no hago otra?".
Entonces, en el 2016, me aventuré a hacer la de Berlín, en Alemania, y me encantó. Entonces dije: "Voy a tratar de hacer una maratón cada año".
En el 2017 hice la de Nueva York (Estados Unidos), que es una de las más chivas del mundo. Eran 50.000 personas ahí corriendo y me encantó. Me fue súper bien.
Al año siguiente hice la maratón de Buenos Aires, en Argentina.
El año siguiente hice la de Indianápolis (Estados Unidos). Salimos como a cero grados, había un frío tremendo, y también la completamos un día de mi cumpleaños. Me acuerdo perfectamente: el 9 de noviembre de 2019. Estaba cumpliendo 49 años.
Y en el 2020, con todo el tema de la pandemia, ya se complicó salir. Entonces hice una maratón aquí en Costa Rica con un grupo de Belén con el que yo entrenaba. Inventamos una ruta que la profesora diseñó de Coronado a Turrúcares (Alajuela), empezando en el frío y terminando en el gran calor de Turrúcares. Ahí completé la maratón número seis.
Después tuve un problemilla, una lesión en el talón, y entonces como que ya me prohibieron hacer distancias largas. Pero me gusta mucho. De verdad siento que, por un tema de salud, cuando a uno le gusta comer rico y comer bastante, tiene que hacer un poquito de balance, y ese contrapeso lo encontré en el deporte.
Entonces, obviamente, he empezado a comer un poquito mejor también, pero sobre todo a entrenar bastante. Hace como tres años me subí a la bici y me bajé hace como una hora, porque ya me enfiebré. Ahora entreno entre hora y media y dos horas entre semana. Los fines de semana sí hacemos fondos de entre tres y cinco horas.
Y realmente me gusta muchísimo. Siento que me da, primero, mucha paz. A veces incluso me gusta salir solo. Hoy estuve un rato con unos amigos entrenando y luego estuve como media hora solo. Entonces reflexiono, pienso, me programo también para lo que tengo de trabajo y me ha ayudado muchísimo con ese tema del balance, con sentirme bien y con mucha energía.
La verdad es que estoy muy emocionado y apasionado con el tema de la bicicleta. Entonces creo que, aparte de la prevención y de cuidarse, a veces la prevención en la salud es cuidarse en todo sentido, porque eso es salud mental y salud física. Esa combinación de protegerse y hacer actividad física creo que nos ayuda mucho. Entonces yo me siento todavía como un carajillo.
La gente lo recuerda presentándose en Telenoticias y cubriendo sucesos. ¿Qué lo motivó a salir del canal y qué ha sido de usted luego de que se alejó de las cámaras?
Digamos que fue una decisión súper difícil. Para mí, Canal 7 fue mi casa casi 10 años. Tengo ahí un montón de amigos entrañables, gente de gran calidad que pasó por mi vida y que se quedó ahí. Anécdotas de las que usted se puede imaginar trabajando en sucesos, en secuestros, en caídas de una avioneta que nos tomaban por sorpresa y había que salir corriendo. También presentar noticias lo acercaba a uno a la gente.
Entonces a mí me encanta porque a veces la gente me dice: “Hace días que no lo veo”, y yo les respondo que hace casi 18 años que salí. Pero sí, me costó mucho salir precisamente porque es mi pasión. La televisión, el Periodismo en sí, es lo que me apasiona, me encanta hacerlo.
Pero me llamaron en ese momento de una fundación que tenía que ver con la protección de la Isla del Coco y esa es otra gran pasión mía. Entonces tomé la decisión de irme y me fue súper bien. Hice varios viajes más a la Isla del Coco. Después de eso, incluso me han contratado para hacer documentales sobre la Isla del Coco. Ya he ido siete veces.
La última vez fuimos a hacer un documental sobre marcaje de tiburones. En otro momento hicimos otro sobre la instalación de un radar en la isla. Siempre lo que tenga que ver con pesca ilegal y con dar mensajes de conservación de ese lugar tan lindo me va a mover a participar. Realmente lo he disfrutado mucho.
Me siguió haciendo falta, por supuesto, el correcorre de la televisión. Después de ahí me fui a un banco como director de comunicación. Estuve como un año. Luego me llamaron de una transnacional y estuve un par de años haciendo gerencia de asuntos corporativos. Fue muy interesante. Aprendí muchísimo de la relación con los stakeholders de una empresa transnacional en varios países de Centroamérica.
Eso me ha dado mucha experiencia. Ahora lo combino también con entrenamiento de voceros. Yo estuve del lado que está usted ahora y luego también fui entrevistado. Eso me ha ayudado mucho para ofrecer talleres a clientes, asesorarlos en comunicación, en cómo abordar una entrevista y en cómo llevar a cabo una buena gestión de un caso particular.
Entonces creo que alejarme fue momentáneamente de las cámaras, porque ahora tengo una empresa de producción audiovisual. Hago un poquito más detrás de cámaras, pero a veces también hago transmisiones en vivo, hago de presentador de eventos, entonces sigo un poco metido y ligado a lo mismo del periodismo.
Ahí el gusanillo mata la fiebre, por decirlo así, en cámaras, en el buen sentido. Me encanta también la combinación de producción, estar con mis compañeros grabando, decidir qué toma hacer, como hacíamos los reportajes, y luego estar en edición pendiente de cada detalle.
Siento que lo que he experimentado por ser reportero de televisión, por estar como vocero de una fundación, de una transnacional y de una entidad bancaria, me ha dado mucha experiencia y me ha permitido apoyar a otras personas.
A mí me encanta explicarle a un cliente por qué uno tiene que ser asertivo en la comunicación, por qué tiene que tratar de dar sus mensajes clave en una entrevista y también por qué no debe pelearse con la gente ni con el periodista, porque no es lo correcto.
Tiene una combinación de muchas cosas. Ahora hacemos también eventos completos, streaming y circuitos cerrados. A veces estoy de presentador y otras veces detrás de la dirección de una transmisión en vivo.
Entonces sigue siendo una vida muy activa, como la televisión en sí, donde uno siempre está pendiente de lo que puede pasar en cualquier momento y de algo que en tres segundos te puede cambiar todo.
¿Hay alguna anécdota que recuerde de cuando fue sucesero en el canal? ¿Algún hecho que lo haya marcado profesionalmente y que todavía recuerde?
Yo creo que el reportaje o proyecto periodístico más serio que hice hace 30 años —¡qué montón de tiempo!— fue proyectarle a la gente la vida, más que cómo viven, cómo sobreviven los mendigos en la capital. Eso es lo que a mí me marcó para siempre y me lo recuerda la gente.
Nosotros hicimos una investigación sobre los mendigos en San José y se me ocurrió disfrazarme de mendigo para ver desde ese punto de vista, con cámaras escondidas, las reacciones de las personas. Era una tecnología muy diferente a la que hay ahora. Teníamos un micrófono con un cable, una cámara escondida en un segundo piso detrás de un cartón. No era como ahora, que es más fácil conseguir cámaras prácticamente invisibles.
Tuve un equipo que me apoyó en todo el proceso y logramos transmitirle a la gente un poco esa vivencia de cómo era el tico cuando había un mendigo pidiendo en las aceras de San José.
Fue muy impactante para mí, pero hubo una flor en el ojal que la puso otro mendigo. Un muchacho parapléjico que, cuando me vio, seguramente porque el maquillaje había quedado bastante bien, más bien fue a darme una limosna a mí. Yo me quedé impactado y le decía: “No, no, usted necesita más que yo”. Pero él insistía en que la tomara. Apenas podía hablar.
A todos nos impresionó muchísimo y, cuando la gente lo vio al aire, recuerdo que muchos colegas terminaron con lágrimas en los ojos, porque fue una reacción humana lindísima. Era alguien que necesitaba ayuda y aun así estaba dispuesto a ayudar a quien pensaba que estaba peor que él.
Eso me marcó muchísimo y la gente me lo siguió recordando durante años.
Si tuviera que añadir otro caso, hablando de los secuestros, mencionaría el secuestro de Boca Tapada. Tengo todavía muy presente ese recuerdo. Duró 71 días. Empezó un 31 de diciembre y terminó el 12 de marzo con la liberación de las jóvenes secuestradas.
Recuerdo a Susana Siegfried, una suiza radicada en Costa Rica que era guía turística, y a una turista alemana que había venido con su familia. Cubrí el caso durante tantos días que todavía recuerdo todos los detalles.
La gente decía que Costa Rica entera estaba secuestrada. Hubo marchas en San José. A mí me tocó estar metido entre Boca Tapada y Boca San Carlos, prácticamente en la frontera con Nicaragua.
El día de la liberación fue espectacular porque logramos llegar antes que muchos otros medios. Estábamos en un bote con Bernie Artavia y Ezequiel Mora cuando vimos a las secuestradas y empezamos a grabarlas.
Yo les hablaba desde el bote y todavía recuerdo la emoción. Le dije a Ezequiel que se bajara a llamar por teléfono porque en esa época no existían las facilidades tecnológicas de hoy para transmitir en vivo.
Así fue como dimos la noticia de que estaban libres. Después esas imágenes le dieron la vuelta al mundo. Fueron enviadas a Europa y medios internacionales nos contactaron para entrevistas.
Para mí fue un momento muy importante porque sentí que se cerraba un episodio de inseguridad que había afectado a todo el país.
El 30 de mayo fue el Día Nacional del Periodista. ¿Qué representa para usted el Periodismo actualmente y cómo cree que ha cambiado desde sus inicios?
Creo que todo es muy diferente ahora. En mis tiempos había que ir a buscar la entrevista o la información directamente a la oficina de la persona o al lugar donde ocurrían los hechos. Muchas veces eran sitios ubicados a varias horas de distancia.
Ahora es más fácil conseguir información. Incluso con una videollamada se puede entrevistar a alguien. También hay muchos más recursos tecnológicos.
En televisión siempre ha existido una evolución muy rápida, pero antes era mucho más complicado acceder a imágenes o grabaciones. Sin embargo, uno se las ingeniaba para conseguir algo diferente a la competencia.
Yo no voy a hablar de cómo son las cosas ahora, pero sí voy a resaltar cómo éramos antes. Había una mística especial. Existía una pasión por conseguir la información a como diera lugar.
Si yo tenía una versión de un caso polémico, no publicaba nada hasta conseguir la otra versión. Para mí era indispensable tener ambas caras de la moneda.
Creo que eso ayudaba a mantener el balance, el fairness, como dicen los estadounidenses. Era una forma de garantizar información más equitativa, balanceada e imparcial.
Aunque es imposible ser completamente objetivo, sí había una búsqueda constante de profesionalismo y seriedad.
Hoy existe un cambio radical en la forma en que las personas se informan. Están las redes sociales y múltiples plataformas que antes no existían.
Aun así, siguen realizándose investigaciones y reportajes muy interesantes. Al final, eso es lo que la gente necesita: que alguien investigue aquello que la ciudadanía quiere saber y lo saque a la luz pública.
Esa esencia del Periodismo no debería perderse. Más allá de los cambios tecnológicos o de la desaparición de algunos formatos tradicionales, el periodista debe seguir buscando la verdad, contar la realidad y aspirar a la máxima objetividad posible. Ese debe ser siempre nuestro norte.
Uno de los grandes retos es encontrar un balance entre trabajo, salud y familia. Hablemos de su familia y del papel que tuvo durante este proceso de cáncer.
Yo creo que, como todo ser humano, uno no puede estar solo ni aislado. Para mí, la familia es mi motor, es mi soporte y es lo que me hace levantarme cada día pensando que tengo una razón para trabajar y para hacer lo que hago.
También tengo muy buenos amigos que estuvieron presentes durante ese proceso. Personas que me decían que todo iba a salir bien y que me apoyaron de corazón.
Pero quienes realmente me dieron ese abrazo inspirador fueron mi esposa, mis dos hijas y mi hijo. Además, por supuesto, del círculo familiar cercano que siempre está presente.
Recuerdo cuando tuve que comunicarles la noticia. Tengo una hija que va a cumplir 15 años, otra que va a cumplir 17 y un hijo de 25.
Ellos me apoyaron desde el principio. Me dieron tranquilidad y me decían que todo iba a salir bien, que ya se sabía que se podía operar y que no había mayor problema.
Estuvieron muy pendientes de mí y, como le digo, son las personas más importantes de mi vida. Son las personas con las que uno quiere compartir todo lo bueno, pero también estos momentos difíciles o las pruebas que Dios le pone a uno en el camino. Y por dicha están ahí. Y han estado ahí siempre.
Repase aquí la entrevista completa:
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