POR | 17 de marzo de 2026, 18:30 PM

Rodolfo Brenes, doctor en Ciencias Jurídicas.

Hoy inicio un proyecto colaborativo con Teletica.com, en el que publicaré artículos en la sección De la A a la Z, comentando temas jurídicos relevantes o de actualidad. Si este texto llegó a usted, es porque ambos estamos haciendo uso de nuestra libertad de expresión, así que naturalmente dedicaré esta primera contribución a explicar en qué consiste y por qué es importante. 

Esta libertad fue sistematizada y universalizada por los filósofos de la Ilustración, quienes, obviamente, la utilizaron para promover sus ideas y opiniones, inspiradoras de la Independencia de los Estados Unidos y de la Revolución Francesa, así como del surgimiento de la república moderna, que rompió con el esquema del poder monárquico absoluto introdujo la división de poderes y el sistema de pesos y contrapesos, que hoy son consustanciales a toda democracia. 

Después de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, el mundo tomó conciencia de la importancia de la libertad de expresión, como mecanismo para mantener la libertad en sentido amplio, y proteger a las personas de los abusos del poder estatal y de la manipulación fascista. Producto de ello, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos se afirmó “como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias”.  

Aparece aquí un elemento fundamental de la libertad de expresión, y es su estrecho vínculo con otros derechos y libertades, con los cuales sostiene una relación dinámica, de modo que permite y potencia su pleno goce.  Así sucede, por ejemplo, con la libertad de pensamiento, que de poco vale si no podemos expresar aquello que pensamos; o con la libertad de culto, pues la fe que se profesa debe poder practicarse y, por ende, expresarse; o con la libertad de creer, pues quien cree debe poder comunicar y defender sus creencias.  

En la doctrina, la jurisprudencia y la ciencia política, se ha asentado no como una libertad más, sino como una condición indispensable para la existencia de una democracia.  

Según la Convención Americana sobre Derechos Humanos (CADH), comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras”, por cualquier medio y sin censura previa.  

Tiene una dimensión individual, consistente en el derecho de las personas a expresarse y comunicarse libremente.  Las nuevas tecnologías las redes sociales le dieron un alcance gigantesco a esta libertad, que diariamente ejercen quienes publican en ellas, en otras plataformas como blogs, pódcast, cuando comentan al pie de las noticias en medios de comunicación.  

Tiene también una dimensión colectiva, si se quiere la “otra cara de la moneda”, pues la sociedad entera tiene derecho a recibir lo que esas mismas personas comunican.  Por eso, la limitación o supresión de la libertad de expresión a una persona, la afecta no solamente a ella, sino a toda la sociedad.  

Este derecho es indispensable para garantizar el pluralismo, es decir, la más amplia corriente de ideas, opiniones, movimientos artísticos, culturales, políticos, entre otros.  Esto exige que proteja no solamente las ideas inofensivas, o acogidas y aceptadas por la mayoría, sino también las que chocan, ofenden o inquietan al Estado, o a sectores de la población.  

En una sociedad democrática debe haber espacio para todas las formas de pensamiento y su expresión, siempre que no se trate de discursos de odio, discriminación o incitación a la violencia, prohibidos por el artículo 13.5 de la CADH. 

A pesar de su importancia, la libertad de expresión no es absoluta.  Quien abusa de su libertad y causa un daño puede ser sancionado, civil o penalmente, según el caso. Sin embargo, el régimen de responsabilidad es siempre posterior a la expresión, nunca anterior, pues la censura previa está prohibida.  

Paradójicamente, hoy en día está amenazada por la desinformación (difusión deliberada de información falsa para manipular) y la posverdad (ya no importan la verdad y los hechos, sino la conexión emocional del receptor con lo comunicado), fenómenos que son posibles justamente porque existe la libertad… Pero de eso hablaremos en otra ocasión. Por ahora, les digo, hasta la próxima. 

Las opiniones expresadas por nuestros colaboradores corresponden únicamente a sus opiniones y no reflejan las de Teletica.com, su empresa matriz o afiliadas.

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