POR | 18 de mayo de 2026, 17:56 PM
Dra. Johanna Alvarado/ ICF Young Leader Award.
“La conciencia es el mayor agente para el cambio”, John Whitmore.
El pasado 6 de mayo se conmemoró el Día Internacional del Coach, y curiosamente, cada vez que esta fecha llega, también reaparece una discusión que parece dividir opiniones con una intensidad innecesaria: coaching versus psicología.
Después de once años de integrar el coaching a mi camino profesional como psicóloga, puedo decir algo que quizá incomode a algunas personas, pero que considero urgente poner sobre la mesa: ni el coaching vino a reemplazar la psicología, ni la psicología debería invalidar automáticamente al coaching.
El verdadero problema nunca ha sido la existencia de ambas disciplinas. El problema aparece cuando se ejercen desde el ego, la improvisación o la necesidad desesperada de convertirse en gurús modernos que prometen transformar vidas en cinco pasos, diez frases motivacionales o un reel de treinta segundos.
Vivimos en una época donde pareciera que sentir dolor, confusión o incertidumbre se volvió algo intolerable. Entonces aparecen discursos que venden felicidad instantánea, éxito permanente y una versión profundamente superficial del crecimiento humano. Y en medio de todo eso, muchas personas terminan buscando acompañamiento emocional en espacios donde no siempre existen ni la preparación ni los límites éticos necesarios.
He visto el enorme valor que puede generar un proceso de coaching serio, profesional y bien formado. He visto personas despertar posibilidades que llevaban años dormidas, líderes aprender a escucharse antes de dirigir a otros y equipos transformar dinámicas completas a partir de conversaciones honestas y conscientes.
Pero también he visto el daño que ocurre cuando alguien juega a “sanar” sin comprender la profundidad emocional que ciertas experiencias humanas requieren. Porque acompañar personas no es un juego de popularidad, ni una competencia de frases inspiradoras, ni una vitrina para alimentar la imagen personal de quien guía procesos.
Por eso sigo creyendo profundamente en los límites claros. En saber cuándo una conversación corresponde al coaching, cuándo requiere psicoterapia y cuándo lo más ético es derivar a otro profesional.
La psicología aporta comprensión científica del comportamiento humano, salud mental, trauma, procesos emocionales y psicopatología. El coaching, por su parte, puede aportar enfoque, conciencia, claridad, responsabilidad y movilización hacia objetivos y posibilidades futuras.
No son enemigos naturales. De hecho, cuando ambas disciplinas se ejercen con preparación seria, supervisión, ética y profundo respeto por el ser humano, pueden complementarse de maneras extraordinarias.
Lo preocupante no es que existan coaches o psicólogos. Lo preocupante es la banalización del acompañamiento humano.
Hoy abundan más las respuestas rápidas que las preguntas profundas. Más las fórmulas virales que los procesos reales. Más las etiquetas atractivas que la verdadera capacidad de sostener conversaciones difíciles.
Y quizá ahí está uno de los mayores desafíos de nuestra época: aprender a diferenciar entre quien acompaña desde la responsabilidad y quien acompaña desde la necesidad de admiración.
Porque el verdadero crecimiento rara vez ocurre en medio de aplausos constantes. Muchas veces ocurre en la incomodidad, en la pausa, en el silencio y en la capacidad de mirarse honestamente. Ocurre cuando una persona deja de buscar salvadores externos y empieza a asumir responsabilidad sobre sí misma.
Once años después de sumar el coaching a mi historia profesional, sigo creyendo que acompañar seres humanos es una responsabilidad demasiado grande como para ejercerla desde el ego.
Y quizá, en tiempos donde abundan los gurús instantáneos y los discursos vacíos, lo más valioso siga siendo la humildad, la preparación y la conciencia de que trabajar con seres humanos exige mucho más que motivación: exige ética, profundidad y respeto.
Las opiniones expresadas por nuestros colaboradores corresponden únicamente a sus opiniones y no reflejan las de Teletica.com, su empresa matriz o afiliadas.
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