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Dr. Alexander López 

Previo a la crisis derivada de la actual pandemia, múltiples académicos habían planteado que el sistema internacional heredado de la postguerra se encontraba en un franco proceso de transformación, producto de cambios que, en lo fundamental, más que una época de cambios estaba generando un cambio de época. ¿Cuáles son esos procesos que han generado un cambio de época?

Primero: desaparición de sistemas sociales, económicos y políticos de naturaleza centralista que en Europa fueron conocidos como de “socialismo real”. Este fenómeno, que en lo fundamental tuvo como eje articulador la experiencia europea, implicó la extinción de la Unión Soviética, del Pacto de Varsovia y del Consejo de Ayuda Mutua Económica, al tiempo que se relanzaban las economías de mercado, los liberalismos económicos y políticos, se renovaba y profundizaba el proyecto de la Unión Europea, y los Estados Unidos alcanzaban un poder global sin competidor alguno. Conviene observar, sin embargo, que el mencionado proceso transformador no involucró cambios sustanciales en la República Popular China, y este es un hecho cuyas consecuencias ahora se observan en el ascenso económico y social de la RPCH.

Segundo: se consolidó una economía planetaria que tomó como base las economías de mercado y la Tercera Revolución Industrial (digital), evolucionando hasta el inicio de la Cuarta Revolución Industrial (4.0), fenómeno, este último, dentro del cual se sitúa la actual revolución científico-tecnológica, y sus impactos en productividad y competitividad de los sistemas económicos. La Cuarta Revolución Industrial desintegra las fronteras entre las esferas física, digital y biológica de los sistemas sociales, e implica la emergencia, consolidación y desarrollo de la computación cuántica, la biotecnología, la nanotecnología, la inteligencia artificial, la robótica y el internet de las cosas.

Tercero: como resultado de la revolución tecnológica se creó una red de información global que ha impactado en las dinámicas educativas, culturales, políticas y económicas. Desde 1990, pero sobre todo hacia finales de la primera década del siglo XXI, se hizo por completo claro que la sociedad global se encaminaba hacia interacciones cada vez más automatizadas, electrónicas y virtuales, y que la economía digital había llegado para quedarse en las estructuras permanentes, tanto nacionales como del sistema internacional.

Cuarto: los cambios fácticos referidos se acompañaron de transformaciones paradigmáticas en las formas y contenidos del pensar, y en las gestiones organizacionales. Nació, se consolidó y se desarrolló el pensamiento complejo, disruptivo y propositivo como nuevo paradigma para la generación de conocimientos multidisciplinarios e interdisciplinarios y multi-referenciales, socialmente disponibles, que permiten conocer e interpretar la realidad como una red global compleja de informaciones, datos, prácticas y saberes.

El conjunto de las transformaciones referidas, implicaron un cambio de época y llevaron a un mundo que, en las primeras dos décadas del siglo XXI, aparte de experimentar una profundización sin precedentes del fenómeno globalizador y de la revolución científico-tecnológica han generado la pregunta de qué tipo de arquitectura institucional necesitamos para gestionar este cambio de época en el marco de la Cuarta Revolución Industrial y de la Sociedad de la Información.

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