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Carlos Aguirre / Consultor Desarrollo Humano Estratégico.

De acuerdo con Corichi et al. (2018), la importancia de la innovación se ve reflejada en el crecimiento y el desarrollo económico y humano de los países. Lo anterior es una realidad de los tiempos en que vivimos, caracterizados por una doble aceleración no solo por la tecnología, sino además por todo lo que la pandemia nos trajo. Por ello, si quieren estar vigentes en un mercado tan dinámico, las empresas no tienen más remedio que adaptarse a los tiempos.

 Citando el trabajo de Schumpeter, Ruef (2010) describe la acción innovadora como la combinación novedosa de ideas y rutinas ya existentes. Por lo tanto, para que haya innovación, los colaboradores deben tener acceso a información acerca de dichas ideas y rutinas, pues de estas salen elementos combinables. Asimismo, este autor señala cómo, antes de concentrarse en la innovación propiamente, es necesario establecer una fuerte red de contactos (networking), ya que las acciones innovadoras solo pueden ocurrir en contextos donde la velocidad de transmisión y la disponibilidad de información variada sean altas. Se trata de poseer una gran red de contactos con un personal que, mientras cumple una jornada laboral, tenga una alta dosis de curiosidad por lo que está pasando en ese mundo externo.


De acuerdo con Schumpeter, estas son algunas acciones en las que se presenta la innovación:

         Ser el primero en mercadear un producto o un servicio.

         Introducir nuevos métodos de producción.

         Introducir nuevos métodos de distribución.

         Introducir nuevos métodos de mercadeo.

         Ser de utilidad para un nicho de mercado sin explotar.

         Ofrecer productos más contemporáneos.

         Desarrollar la propiedad intelectual de un emprendimiento.


Si tuviésemos la posibilidad de calificar dichos pasos del uno a diez, siendo uno lo más bajo y diez lo más alto, ¿a cuáles debe ponerle mayor atención su empresa en el 2022? ¿Cómo se deben preparar las empresas para hacerle frente a dichos pasos? ¿Qué pasa si se decide no hacer nada? ¿Por qué es que se debe hacer algo?


Una de las respuestas posibles a estas preguntas sería trabajar en mejorar las competencias de los colaboradores, de manera que implementen este cambio con una alta nota en la innovación.  Sin embargo, los líderes deberían conocer muy bien que estos cambios no son fáciles de implementar y que, en muchos casos, a pesar dar pasos en la dirección correcta, no se logran de forma correcta, debido a que no se trabaja en la medición de la cultura organizacional; este es un aspecto que pocas empresas llevan a cabo, pero se debe recordar que no se puede gestionar lo que no se mide.  Se necesita conocer qué tan lejos o cerca se está para llevar a cabo los cambios con la menor resistencia posible. Es fundamental plantearse cuál es la cultura actual versus la cultura requerida y cómo llegar ahí.

El liderazgo que no trajo hasta acá no nos llevará más lejos y aquellas empresas que no estén desarrollando sus modelos de negocios podrían enfrentar dificultades en los siguientes años. Los tiempos actuales ameritan afrontar los desafíos con mucha innovación en los procesos, las estrategias y las formas de contratar y capacitar. Si queremos que nos pasen cosas diferentes, entonces debemos trabajar para ello. 

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