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Carlos Aguirre / Consultor Desarrollo Humano Estratégico

Las ascidias son una clase de animales que están distribuidos por los mares de todo el planeta. Inician su vida pareciéndose bastante a un renacuajo. Al salir del huevo, estas nadan por el océano en busca de nutrientes y un lugar donde vivir. Mientras la ascidia se desplaza por el agua con el propósito de alimentarse y buscar una roca a la que fijarse, esta usa su cerebro. Cuando encuentra una piedra o un resto de naufragio idóneo, se adhiere a él. No volverá a moverse jamás. A partir de ese momento, lo que dirige su vida no es ella misma. La ascidia es reactiva, no es una fuerza motivadora en su propia vida. No puede controlar su destino. Como ya no tiene ningún uso para su cerebro, se lo come.

Sé que muchas veces nos hemos hecho esta pregunta: ¿por qué existimos cada uno de nosotros?

Todos nosotros, sin excepción, estamos aquí por alguna razón. Nos encontramos acá para evolucionar el mundo en el que vivimos, para dejar una huella, para trascender nuestra vida y alumbrar la de las personas que nos rodean y las generaciones posteriores. Posiblemente, también estemos para muchas otras cosas más; quizás, ante la pregunta, a usted se le ocurrieron otras razones que no anotamos por acá.

El propósito no es algo que habla de nosotros o de quién queremos ser, sino de qué huella queremos dejar en el universo, de qué tan diferente debería ser el mundo una vez ya no existamos en este. Cuando ya somos conscientes de esto, entonces debemos iniciar con esta tarea, que sería una buena razón por la cual existimos.

La pirámide de Maslow describe este fenómeno muy bien y, para ello, define cinco niveles de necesidades:

Tener la salud necesaria para vivir adecuadamente.

Contar con los recursos que nos den seguridad para vivir.

Establecer y mantener las relaciones sociales (pareja, familia, amistad, trabajo, etc.) que nos permitan vivir con un sentimiento de amor y pertenencia.

Tener el amor propio y la autoestima necesarios para querernos a nosotros mismos.

Desarrollar el sentimiento de autorrealización mediante actividades que nos hagan sentir que nuestra vida tiene sentido.

¡A movernos entonces! Ya que la tarea de los líderes es no quedarnos quietos, a pesar de las circunstancias en las que el mundo nos tiene hoy sumidos, donde hemos pensado en la muerte más que en cualquier otra época.

A movernos para dejar un mundo mejor y que eso se haga estando aún con vida, es decir, lo que algunos llaman un proceso transformador masivo, ya que lo que hagamos o dejemos de hacer afectará a muchas otras personas.

A movernos para continuar aprendiendo todo lo necesario dentro de las circunstancias de cada uno.

A movernos para no caer en ese statu quo o zona de confort, en el cual resulta muy placentero vivir, pero donde no pasa nada, pues ahí lo único que nos puede suceder como personas y como país es no crecer, no evolucionar.

Vivimos en una era en la que cada uno de nosotros tiene más o menos posibilidades, según el resultado de sus propias acciones. La acción es precisamente ponernos en acción.

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