POR Gabriel Pacheco | 18 de enero de 2026, 8:00 AM
Tres décadas atrás, el debate previo a una elección tenía una alta expectativa y sintonía: para muchos, era la última alternativa para afinar su simpatía con la oferta política vigente ante una escasez de fuentes de información.
Hoy, las propuestas y discursos viajan en gran cantidad por múltiples vías, desde meses antes: entrevistas, pódcast, reels y hasta TikTok. Entonces, ¿sigue teniendo relevancia el debate político?
Para el politólogo Ignacio Azurdia, los debates conservan su valor desde un punto de vista normativo, aunque no siempre logran conectar con toda la población.
“Siempre van a ser relevantes; desde un ideal democrático, todas las candidaturas deberían debatir, desde un ideal democrático todos deberíamos ver esos debates”, explica.
No obstante, aclara que ese ideal choca con la realidad del interés ciudadano: “
No necesariamente todos los ciudadanos están interesados en esos debates y, además,
no necesariamente todas las candidaturas generan el suficiente interés”.
Azurdia añade que el contexto electoral es determinante. “Desde un ideal democrático los debates son importantes, pero no es lo mismo un debate en el contexto electoral actual, que un contexto como los tres últimos, en los cuales estaba mucho más abierta la competencia”, señala, al apuntar que
cuando la intención de voto está más definida, el atractivo de estos espacios disminuye.Para el exministro de Comunicación,
Roberto Gallardo, los debates siguen siendo útiles porque permiten evaluar aspectos clave de las candidaturas.
“Ahí es donde nos damos cuenta de varias cosas. Primero, en muchos casos, conocemos las propuestas que se tienen sobre temas puntuales, los temas que me preocupan a mí o los que me preocupan del país”, afirma.
Además, destaca que estos encuentros
permiten observar rasgos personales: “Podemos medir la profundidad intelectual y la estabilidad emocional, si se quiere, de las personas en un debate”.
Gallardo recuerda, sin embargo, que la experiencia muestra que
“poca gente define su voto con los debates”, en términos de adoptar nuevas propuestas como propias. Aun así, advierte que un mal desempeño
puede pasar factura, sobre todo entre los indecisos.En ese grupo, precisamente, es
donde Gallardo encuentra el mayor valor de estos espacios. Aunque duda de cuántos indecisos siguen un debate completo —muchos duran más de una hora y media—, considera que “para los indecisos debería ser una fuente de información valiosísima desde lo programático, desde lo personal, desde la profundidad y la solidez intelectual”.
Desde la comunicación política,
Grettel Umaña coincide en que los debates
no impactan por igual a todo el electorado, pero sí mantienen un peso relevante.
“[Son relevantes para] un sector del electorado, tal vez no para la totalidad, porque
algunos se van más por las emociones que por el fondo de las ideas, poca gente revisa las propuestas”, señala.
Aun así, subraya que los datos respaldan su influencia: “Si ustedes analizan encuestas en las elecciones anteriores, hay un antes y un después de la participación de los candidatos en los diferentes debates”.
Umaña resalta que el impacto va más allá del intercambio en vivo. “El debate en sí mismo
no es solo lo que dice, sino cómo lo dice y qué es lo que transmite”, explica, al destacar que, en el contexto actual, “el post-debate” puede generar incluso más efecto en la opinión pública que el propio evento.
En conjunto, los especialistas coinciden en que los debates siguen siendo una herramienta relevante dentro del ecosistema electoral, especialmente para evaluar a las candidaturas y para orientar a los votantes indecisos, aunque su alcance y capacidad de movilización dependen cada vez más del contexto político y del interés real de la ciudadanía.
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