Política
Ariel Robles dejará de cobrar salario en el Congreso para dedicarse a campaña electoral
El candidato del Frente Amplio aseguró que se priorizará su trabajo de campaña antes de la labor legislativa.
A un mes de las elecciones nacionales y en la calle las banderas partidarias no son frecuentes, hay escasos actos masivos y un electorado que parece distante del debate electoral alimentan la percepción de que Costa Rica atraviesa una de las campañas más frías de los últimos años.
Pero ¿realmente lo es? Tres analistas políticos coinciden en el diagnóstico general, aunque difieren en las razones y, sobre todo, en desde dónde se mira esa “frialdad”.
Para el analista político Mario Quirós, sí estamos ante una campaña particularmente fría, y la explicación principal es concreta: la ausencia de recursos económicos.
Quirós recuerda que, a estas alturas del proceso electoral anterior, los partidos tradicionales ya habían invertido fuertemente en publicidad y posicionamiento.
Hoy, en cambio, muchas candidaturas no cuentan con financiamiento suficiente para desplegar campañas visibles y sostenidas. A esto se suma, señala, un diseño del modelo de financiamiento que depende fuertemente de las encuestas, lo que deja en desventaja a candidaturas que se mueven en márgenes bajos de intención de voto.
Pero el problema no es solo económico. Desde su lectura, la campaña se definió muy temprano como una disputa entre oficialismo y antioficialismo, una dinámica que ha dejado por fuera al electorado indeciso.
“Al indeciso que está en medio, eso no le genera ninguna emoción. Más bien podría aumentar el abstencionismo”, advierte Quirós
El politólogo Rotsay Rosales pone un matiz puntual: la campaña puede ser fría o caliente según el ángulo desde el que se mire.
Desde su perspectiva, la campaña electoral asociada al oficialismo ha sido todo menos fría. Rosales sostiene que el país vive desde 2022 una “campaña permanente”. Esa estrategia, explica, ha mantenido activado a un sector del electorado y ha beneficiado directamente a la candidatura oficialista.
La frialdad, entonces, se ubica del lado de las oposiciones. Rosales atribuye ese enfriamiento a la desorientación de los partidos opositores y a una disputa más profunda entre élites políticas y económicas, que se refleja en la fragmentación de las opciones electorales.
El analista Sergio Araya coincide en que se trata de una de las campañas más frías de las últimas décadas, aunque subraya factores adicionales que la vuelven inédita en la historia reciente del país.
Araya destaca que, a pesar de la proliferación de candidaturas —más de 20 aspirantes presidenciales—, lejos de incentivar la participación, esta fragmentación ha generado ansiedad, desafección y enojo en parte del electorado.
Además, la falta de financiamiento, la alta volatilidad del electorado y la tendencia a que muchas personas decidan su voto en la recta final han llevado a que varias campañas apuesten por concentrar esfuerzos después de la mi, reforzando la sensación de un proceso largo y apagado.
“El desalineamiento partidario, que es una realidad del siglo XXI, también contribuye a esta frialdad”, apunta Araya.
El politólogo señala que las candidaturas tampoco han logrado conectar con los segmentos indecisos.
Según la última encuesta del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP), publicada el 3 de diciembre pasado, detalló que el 56,5% de los encuestados sentían mucho interés en la campaña política, pero el 78% discute rara vez, poco o nunca sobre el tema.
Ronald Alfaro, investigador del CIEP, explicó entonces que los valores podrían variar en la siguiente medición (tercera semana de enero) en razón de las actividades sociales de fin y principio de año, donde el tema político podrían ponerse sobre la mesa.