Nacional
Solo ocho de 6 mil cruzrojistas en el país hablan bribri
Freddy Cubillo es uno de esos ocho funcionarios que salvan vidas atendiendo a indígenas en su idioma materno.
“Se ha creído que las lenguas indígenas no son lenguas de prestigio, pero sí lo son”. José Víctor Estrada, representante intercultural del Ministerio de Educación Pública (MEP), resume en la frase anterior uno de los principales retos que enfrentan los territorios indígenas de Costa Rica para preservar sus idiomas originarios.
Según explicó, muchas de estas lenguas han perdido hablantes debido a procesos de discriminación, marginación e invisibilización.
En algunos casos, incluso se encuentran en condición de “lengua dormida”, porque las nuevas generaciones han dejado de utilizarlas como parte de su vida cotidiana.
Ante ese escenario, las escuelas y colegios se han convertido en una herramienta clave para mantener vivos estos idiomas.
En los territorios donde la lengua indígena sigue siendo un medio habitual de comunicación, el objetivo es que no solo se enseñe en las aulas, sino que forme parte de toda la dinámica educativa.
“Es un derecho de todos y una responsabilidad de todos. La cocinera, la conserje, el auxiliar de vigilancia, la directora y el personal docente tienen que hablar constantemente porque representa una forma de vida y reafirma la identidad de la persona indígena”, señaló Estrada.
El funcionario agregó que la lengua permite transmitir mucho más que palabras: también conserva la visión del mundo, la relación con la naturaleza y los conocimientos ancestrales que cada pueblo ha acumulado durante generaciones.
La necesidad de fortalecer estos esfuerzos queda reflejada en los datos. En Talamanca, por ejemplo, el idioma bribri pasó de tener cerca de 7.000 hablantes en 2011 a unos 3.500 en la actualidad. En otros territorios la cifra cae a un lapidario cero.
Para enfrentar esa disminución, 38 docentes imparten lecciones de bribri en 42 centros educativos del territorio.
Además, la importancia de preservar el idioma trasciende las aulas: de los más de 6.000 cruzrojistas del país, apenas ocho hablan bribri y pueden brindar atención en esa lengua a personas indígenas heridas o enfermas.
Parte de la estrategia para proteger estos idiomas pasa por garantizar que quienes enseñan en los territorios indígenas tengan un vínculo real con la cultura y la lengua de cada comunidad.
Para ello existen los Consejos Locales de Educación Indígena (CLEI), órganos elegidos en asambleas comunitarias y reconocidos por el Subsistema de Educación Indígena.
Según Estrada, estos consejos funcionan como la contraparte del MEP dentro de los territorios y participan directamente en los procesos de nombramiento de docentes.
“El Ministerio de Educación no va a dictar los nombramientos de forma unilateral. Le consulta al Consejo Local de Educación cuáles son los docentes con la idoneidad comprobada, no solo académicamente, sino también con valores culturales y lingüísticos”, explicó.
De esta manera, las comunidades tienen voz para recomendar a los educadores que consideran capaces de desarrollar una enseñanza con identidad propia y acorde con la realidad de cada pueblo indígena.
Para Estrada, este modelo permite fortalecer tanto los conocimientos universales como los saberes ancestrales.
“Los pueblos indígenas tienen un conocimiento maravilloso adquirido durante miles de años y que se conserva hasta el día de hoy. No se vale solamente llevar conocimientos universales; también hay que potenciar esos conocimientos propios”, concluyó.