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Aquí los goles cuentan, pero no siempre son la victoria más importante. Para algunos integrantes de la Selección de Fútbol Calle de Costa Rica, ponerse la camiseta representa haber comenzado un partido mucho más complejo fuera de la cancha: reconstruir sus vidas después de atravesar situaciones de calle, adicciones y exclusión social. El fútbol se convierte entonces en una herramienta para recuperar rutinas, disciplina y confianza. Y durante algunos minutos, dejan de ser vistos por sus dificultades para convertirse simplemente en futbolistas (ver video adjunto).
La iniciativa costarricense forma parte de un movimiento que utiliza el deporte como una herramienta de transformación social. A nivel internacional existe la Homeless World Cup, organización nacida en 2003 que actualmente trabaja mediante una red presente en decenas de países y utiliza el fútbol como un primer paso para alejar a personas de situaciones de sinhogarismo y exclusión.
Los entrenamientos buscan construir algo que va mucho más allá de la condición física: pertenecer a un equipo puede ayudar a recuperar confianza, relaciones, responsabilidades y un sentido de propósito.
Cuando ponerse la camiseta significa volver a empezar
En Costa Rica, el fútbol calle ha trabajado con personas que han atravesado situaciones como indigencia y problemas de consumo de drogas o alcohol. La cancha funciona como un espacio libre de algunos de los prejuicios que frecuentemente acompañan a estas poblaciones. Allí existen reglas, horarios, compañeros que dependen unos de otros y una razón para regresar al siguiente entrenamiento.
El formato también es diferente al fútbol tradicional. Los partidos son cortos e intensos, con cuatro jugadores por equipo en cancha —tres jugadores y un guardameta— y dos tiempos de siete minutos. Sin embargo, la verdadera intención del proyecto no está únicamente en aprender a marcar o defender. El balón funciona como un punto de encuentro para desarrollar responsabilidad, solidaridad, confianza y trabajo en equipo.
Para quienes llegan después de atravesar momentos difíciles, formar parte de una selección también puede cambiar la manera en que vuelven a verse a sí mismos. Ya no son únicamente personas definidas por aquello que vivieron. Entrenan, compiten, utilizan un uniforme y pueden llegar incluso a representar a Costa Rica internacionalmente.
La propia Homeless World Cup sostiene que esa sensación de pertenencia es parte fundamental del proceso de transformación que persigue el programa.
Costa Rica también compite en el mundo
La Selección de Fútbol Calle costarricense tiene además una historia importante en competencias internacionales. Costa Rica ha participado en diferentes ediciones de la Homeless World Cup y en 2012 incluso ganó la primera Copa América de Fútbol Calle disputada en Argentina.
Más recientemente, en la edición de Oslo 2025 de la Homeless World Cup, el conjunto masculino costarricense consiguió el primer lugar de la City of Oslo Cup, una de las categorías disputadas dentro del torneo, después de superar a equipos como Brasil, Lituania y Bulgaria. La competencia reúne a jugadores de distintos países que han experimentado situaciones de vulnerabilidad y utiliza el deporte para desafiar los prejuicios asociados con las personas sin hogar.
Pero posiblemente el resultado más importante no aparezca en ninguna tabla de posiciones. Está en cada entrenamiento al que alguien decide regresar, en recuperar una rutina, volver a sentirse parte de un grupo y descubrir que todavía existen nuevas metas por alcanzar.
En esta selección, una pelota puede terminar siendo mucho más que una pelota. Porque algunos jugadores llegan después de haber pasado parte de sus vidas en la calle y descubren, precisamente jugando en ella, un camino para intentar salir adelante.