POR Sebastián Durango | 17 de marzo de 2026, 18:40 PM
En Desamparados, donde el ritmo de la ciudad a veces se rompe con el sonido urgente de una sirena, hay una familia que aprendió a vivir con ese llamado constante. No como una carga, sino como una misión.
Todo comenzó con una decisión. Juan Carlos Molina quiso crear un servicio de ambulancias que respondiera cuando cada segundo cuenta. No era solo un emprendimiento, era una forma de estar presente en el momento más frágil de otros.
Con esfuerzo y el respaldo de su suegro, logró poner en marcha la primera ambulancia. Era el inicio de algo que, en ese momento, no parecía destinado a convertirse en un legado.
Pero dentro de su casa, el proyecto ya estaba sembrando algo más.
Sus hijos crecieron viendo ese ir y venir de emergencias, escuchando historias de rescate, entendiendo que detrás de cada llamada había una vida en juego. Aprendieron que ayudar no es un acto aislado, sino una forma de vivir.
Con el paso de los años, esa enseñanza se convirtió en decisión.
Hoy, los seis hijos de Juan Carlos forman parte de Emergencia Vital. Cada uno asumió el compromiso de continuar el trabajo que su padre inició, llevando consigo la misma urgencia, la misma disciplina y el mismo sentido humano.
Así, lo que empezó como el sueño de un hombre se transformó en una causa compartida.
Cada vez que una ambulancia sale, no solo responde a una emergencia. También lleva consigo la historia de una familia que decidió hacer del servicio su identidad.
En cada recorrido hay preparación, pero también empatía. Hay técnica, pero también cercanía. Porque para ellos no se trata únicamente de llegar rápido, sino de acompañar en uno de los momentos más difíciles que puede atravesar una persona.
Mientras las sirenas recorren las calles de Desamparados, la familia Molina sigue demostrando que el servicio puede enseñarse, compartirse y heredarse.
Si desea conocer más sobre esta historia, puede repasar el reportaje completo en el video que aparece en la portada de este artículo.
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