POR Johnny López | 29 de julio de 2026, 18:55 PM

En Cirrí de Naranjo hay una historia que se repite todos los días, casi en silencio. Antes de salir de su casa, Mariany González hace una parada obligatoria frente a una pequeña gruta dedicada a la Virgen de los Ángeles. Ahí se persigna, eleva una oración y, sobre todo, da gracias (ver video adjunto).

Ese gesto nació de uno de los momentos más difíciles que ha enfrentado como madre.

Todo ocurrió el 17 de febrero de 2024. En la madrugada, su hijo se dirigía al trabajo cuando sufrió un grave accidente en motocicleta.

"Mi hijo iba de madrugada para el trabajo y tuvo un accidente en moto. En ese momento recibí una llamada; me dijeron que estaba grave y que el accidente ocurrió luego de una descompensación por azúcar", recordó Mariany.

Las lesiones eran múltiples y el panorama médico, desalentador.

"Tenía fracturas en la mandíbula, costillas, omóplato, hemorragia interna y lo más grave era una severa afectación en los pulmones", relató.

Mientras esperaba noticias en el hospital, encontró refugio en la oración. Cuando los médicos advirtieron que ya no había mucho más por hacer, Mariany encomendó la vida de su hijo a Dios, por intercesión de la Virgen de los Ángeles.

"Yo le dije a la Virgencita que me ayudara a tener calma, fe y paciencia para esperar la cirugía de mi hijo. Después de tanta espera, me hinqué y le pedí: Si mi hijo es para mí, dame calma y paciencia; pero si era para Dios, que lo descansara. Yo lo amo tanto que lo que quiero es lo mejor para mis hijos", añadió la madre.

Tras una larga hospitalización, varias intervenciones y un proceso de recuperación lleno de incertidumbre, su hijo logró salir adelante. Hoy lleva una vida normal, algo que Mariany vive como una respuesta a aquella oración hecha entre lágrimas.

"Yo me mantuve firme en que Dios y la Virgen eran los últimos que tenían la palabra. Ahora obtuve el gran premio de ver a mi hijo haciendo una vida normal", concluyó.

En tiempos de romería, miles de personas caminan hacia la Basílica de Cartago con promesas, peticiones y agradecimientos. Mariany no necesita recorrer cientos de kilómetros para recordar aquel milagro que cambió su vida. Lo hace cada mañana, frente a la pequeña imagen de La Negrita que la espera a pocos pasos de su casa, donde una oración sencilla sigue siendo la forma más profunda de dar gracias.

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