POR Sebastián Durango | 20 de agosto de 2026, 18:55 PM

En medio del movimiento del Parque Central de San José, todavía hay un grupo de hombres que mantiene vivo un oficio que poco a poco se va perdiendo: los lustrabotas. Con sus cajones, sus cepillos y, sobre todo, sus historias, se han convertido en personajes inseparables de este emblemático lugar (ver video adjunto).

Entre ellos está Ernesto Navarro, de 71 años, vecino de Guadalupe. Antes de dedicarse a lustrar zapatos, vendía chicles y lotería, hasta que aprendió el oficio mirando a otros lustrabotas que hoy ya no están. Tiene cuatro hijos y muchas historias que contar.

También está Guillermo Chavarría, de 72 años, quien llega desde Hatillo 8 y es oriundo de Pital de San Carlos. Desde las 7 de la mañana está listo para trabajar. Es padre de dos hijos, abuelo de cuatro nietos y bisabuelo de una bisnieta.

Y está Gerardo Araya, de camisa blanca, otro de los rostros que le ponen alegría a este rincón de la capital y que admira profundamente el trabajo que realizan sus compañeros.

Por apenas ₡2.000, dejan los zapatos como nuevos. En un día pueden realizar alrededor de cuatro trabajos, atendiendo a todo tipo de clientes: desde diputados y médicos hasta abogados y profesores.

Pero aquí no solo se limpian zapatos. También se comparten anécdotas, se conversa, se ríe y se construyen historias. Porque estos lustrabotas son mucho más que trabajadores: son personajes del Parque Central, testigos de generaciones y guardianes de un oficio que, aunque parece destinado a desaparecer, ellos mantienen vivo con orgullo, alegría y mucho brillo.

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