POR Juan Carlos Zumbado | 18 de febrero de 2026, 17:58 PM
La luz, la fe y la historia se entrelazan en una tradición que nació en los primeros años del cristianismo y que hoy sigue viva en distintos rincones del mundo. La devoción a la Virgen de la Candelaria, celebrada cada 2 de febrero, recuerda dos momentos bíblicos fundamentales: la presentación del niño Jesús en el templo y la purificación de la Virgen María después del parto. Cuarenta días después de la Navidad, los fieles encienden velas como símbolo de esperanza, una luz que guía el camino y que, con el paso de los siglos, se convirtió en un signo universal de fe compartida.
La advocación mariana tuvo su origen en Tenerife, en las Islas Canarias, y llegó a América con los inmigrantes canarios. Con el tiempo, esa devoción se transformó en una celebración cargada de identidad en distintos países del continente. Costa Rica no fue la excepción. En comunidades como Paraíso de Cartago, Venecia de San Carlos y Esparza de Puntarenas, la tradición se mantiene viva y continúa reuniendo a generaciones enteras.
El recorrido nos llevó hasta Paraíso, donde la historia religiosa del país resguarda un tesoro invaluable: la imagen de Nuestra Señora de la Limpia Concepción de Ujarrás, considerada la primera representación mariana de Costa Rica. Aunque muchos desconocen su vínculo con la Candelaria, para los fieles sigue siendo una presencia viva en la memoria espiritual del pueblo, una imagen que conecta pasado y presente a través de la devoción.
Más hacia el Pacífico, en Esparza, la fe se convierte en movimiento. La tradicional Entrada de Santos reúne a decenas de comunidades que caminan juntas entre música, flores y oración. Treinta y cuatro santos patronos recorren las calles hasta encontrarse con la Virgen de la Candelaria en una manifestación donde la devoción se transforma en identidad colectiva y en celebración compartida.
Cuando llega el último día de festividad, las candelas iluminan el templo. Cientos de fieles participan en la eucaristía y en la Procesión de la Luz, recordando que esta tradición no habla únicamente del pasado, sino de una fe que sigue encendida en el corazón del pueblo. Para muchos creyentes, la Virgen de la Candelaria representa una llama viva que atraviesa generaciones, una luz persistente que se transmite de mano en mano y que continúa guiando a las comunidades.
Más que una conmemoración religiosa, la Candelaria es un vínculo entre historia, memoria y espiritualidad. Una tradición que, al encender cada vela, reafirma la continuidad de una fe que se niega a apagarse. Para conocer más detalles de esta celebración y de las comunidades que la mantienen viva, puede repasar el reportaje completo en el video que acompaña la portada de este artículo.
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