POR Rubén McAdam | 9 de febrero de 2026, 18:55 PM

En La Fortuna de San Carlos, el reciclaje no suena a campaña ni a eslogan. Suena a rutina. A bolsas que se llenan en la cocina, a botellas lavadas en el fregadero, a cartón seco guardado en una esquina. Suena al trabajo silencioso de una comunidad que decidió hacerse cargo de su propia basura.

La mañana comienza con Marco Tulio. Abre el baúl del carro y acomoda con cuidado cartón, plástico, vidrio y aluminio. Nada mezclado. Nada sucio. Todo separado. Lo hace cada semana, casi sin pensarlo.

“Vamos al centro de acopio”.

El trayecto termina en ADIFORT, un espacio que no nació de una empresa ni de una institución grande, sino de vecinos que se cansaron de ver residuos en ríos, lotes baldíos y rellenos sanitarios.

Un proyecto nacido entre vecinos

El centro de acopio se fundó en 2021. La idea fue simple y urgente: organizarse para darle una segunda vida a los desechos de la comunidad.

Hoy, siete personas colaboran de forma activa. Reciben materiales, los clasifican, pesan, almacenan y coordinan su entrega a recicladores autorizados. No hay glamour. Hay guantes, balanzas, sacos y mucha paciencia.

“Un centro de acopio permite que el material no termine contaminando. Aquí se separa correctamente y se reincorpora al ciclo productivo”, explica Albert López, encargado del centro.

El trabajo es minucioso. Cada bolsa se revisa pieza por pieza. El plástico va a un lado, el vidrio a otro, el cartón debe estar seco, los metales separados. Nada se improvisa.

Pero el impacto va más allá de la logística. También hay pedagogía. El centro orienta a los vecinos, les enseña qué se puede reciclar y cómo hacerlo mejor. Se trata de crear hábito, no solo de recolectar.

Lo que comenzó como una iniciativa pequeña hoy es un punto de referencia para La Fortuna. Personas como Marco Tulio integraron el reciclaje a su vida cotidiana. Ya no es una tarea extra. Es parte de la casa.

Cada bolsa entregada es una decisión. Cada kilo clasificado es una oportunidad para contaminar menos. Y así, sin grandes discursos, demuestran que cuando una comunidad se organiza, el cambio deja de ser promesa y se vuelve acción.

Si desea conocer más detalles de esta iniciativa y ver el trabajo del centro de acopio de cerca, puede repasar el reportaje completo en el video que aparece en la portada del artículo.

Lea también

MasQN

Niños de Barva convierten el reciclaje en una lección de ingenio y futuro

Tres estudiantes de una escuela en Barva desarrollaron en el aula un robot reciclador con ruedas, control remoto y una espiga frontal capaz de recoger basura y depositarla en un contenedor interno.