POR Johnny López | 18 de junio de 2026, 18:55 PM

Hay oficios que pasan de generación en generación. Pero detrás de algunos de ellos también viajan historias, valores y recuerdos familiares.

Ese es el caso de Guido Sánchez, un peluquero que encontró en las tijeras y los peines una forma de ganarse la vida, pero también una manera de acercarse a quienes más quiere (ver video adjunto).

Su historia comenzó durante los años de colegio. Mientras muchos jóvenes buscaban qué camino seguir, Guido aprovechaba para practicar cortes de cabello con sus compañeros. Lo que empezó como una afición poco a poco se convirtió en una pasión.

“Me escapaba del colegio para ir donde mi papá; ahí a mis compañeros de clase les cortaba el pelo. Más de una torta me jalé”, comparte entre risas.

Con el paso del tiempo perfeccionó la técnica, ganó experiencia y terminó dedicándose profesionalmente a la peluquería. Sin embargo, el origen de esta historia se remonta aún más atrás.

Guido aprendió observando a su padre, quien también se dedicaba al oficio. Viéndolo trabajar, descubrió no solo cómo cortar cabello, sino también el valor del esfuerzo, la disciplina y la atención a las personas.

Los años pasaron y, sin proponérselo, la historia volvió a repetirse. Así como él aprendió de su padre, sus propios hijos crecieron viéndolo trabajar. Entre jornadas laborales, conversaciones con clientes y días compartidos en la peluquería, ambos desarrollaron el gusto por el oficio.

Hoy trabajan a su lado, convirtiendo el negocio familiar en un espacio donde coinciden varias generaciones.

Pero el legado no terminó ahí. Damaris, esposa de Guido, también aprendió el oficio y forma parte de esta historia familiar que se construyó entre espejos, máquinas y muchas horas de trabajo compartido.

Para ellos, la peluquería es mucho más que una profesión. Es el lugar donde una enseñanza pasó de generación en generación, para darle a esta familia la buena fama de la que gozan en el cantón central de Heredia.

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