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Esta familia convirtió la madera en el primer taller de Sarchí
Desde hace décadas, la Mueblería Salazar mantiene vivo el oficio que inició Don Octavio, una tradición heredada de padres a hijos que marcó la historia artesanal del cantón.
Desde la calle se escucha antes de tocar la puerta. Voces que se cruzan, risas que se escapan, un acordeón que marca el compás. La casa de la familia Núñez Madrigal no guarda silencio. Respira música.
Aquí no se enciende la radio para ambientar. Aquí se canta.
La historia empieza con Bellos Momentos, una canción que suena como declaración de principios. La compuso doña Elia Yvette Madrigal Picado, cantautora ramonense de 71 años que ha pasado la vida escribiendo lo que siente. Sus letras nacen de recuerdos, de pérdidas, de celebraciones pequeñas. De la vida misma.
En su sala no hay escenario ni micrófonos. Solo una mesa, sillas, cuadernos con versos y una familia que aprendió a hablar cantando.
Daysel Núñez Madrigal, su hija menor, lo dice sin rodeos. “Desde que tengo memoria, en esta casa se canta”.
Con el tiempo, esa costumbre tomó forma de tradición. Los Núñez Madrigal comenzaron a cantar los rezos del Niño. Llegaban a casas vecinas, a salones comunales, a celebraciones. Y siempre llevaban lo mismo: sus voces.
El acordeón que acompaña esos cantos tiene su propia historia. Lo toca don Tarcicio Núñez Arias, de 76 años. Durante años observó desde un costado. Hasta que un día decidió sumarse.
Ahora, las piezas se construyen entre todos. Una frase que propone doña Elia. Un arreglo que sugiere don Tarcicio. Una armonía que completa Daysel. No hay partituras formales. Hay memoria.
En esa casa, la música no compite con nada. Acompaña. Sostiene. Reúne.
Si desea conocer más sobre esta familia y escuchar sus canciones, puede repasar el reportaje completo en el video que aparece en la portada del artículo.