POR Sebastián Durango | 1 de mayo de 2026, 17:55 PM

En las calles de Coronado, mientras muchos aún duermen o regresan a casa después de un largo día, Keylin Campos ya está en movimiento. Escoba en mano y con una determinación que no pasa desapercibida, esta joven de 18 años barre las calles con orgullo, demostrando que ningún trabajo es pequeño cuando se realiza con dignidad.
Pero su historia va mucho más lejos. Al caer la noche, Keylin cambia el uniforme de trabajo por sus cuadernos y asiste a clases, impulsada por un sueño claro: convertirse en patóloga forense. 

Sabe que el camino no es fácil, pero tampoco le teme al esfuerzo. Cada jornada, por más larga que sea, la acerca un poco más a ese anhelado título universitario.
Su motivación tiene nombre y rostro: su mamá. Entre sus metas más profundas está la de poder comprarle una casa, como forma de agradecerle por todo el apoyo recibido. Es ese amor familiar el que alimenta su disciplina y la empuja a no rendirse.

Keylin no se avergüenza de su trabajo. Al contrario, lo defiende con la frente en alto, consciente de que es honrado y digno. Su historia es un recordatorio poderoso de que el éxito no se mide por el punto de partida, sino por la perseverancia con la que se decide avanzar.

En cada calle que limpia y en cada clase a la que asiste, Keylin escribe su propio futuro: uno construido con esfuerzo, sueños y esperanza.

Para conocer de cerca la historia de Keylin y escucharla contar sus sueños con sus propias palabras, no deje de revisar el reportaje completo en el video que aparece en la portada del artículo.

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