Estilo de Vida
Swing criollo: 14 años de ser patrimonio cultural inmaterial de Costa Rica
Queremos visibilizar esta manera única que tenemos los ticos de bailar la cumbia.
Desde afuera del salón se escucha el zapateo. Es fuerte, rápido, casi rebelde.
Corre la década de 1970 y, adentro, un grupo de personas baila algo que en muchos lugares está mal visto, incluso prohibido. Bailan swing criollo.
Un ritmo que no nació en salones elegantes ni en academias, sino en la calle, en la vida cotidiana, en los márgenes. Su origen se remonta a la década de los 50, cuando trabajadores de las bananeras comenzaron a adaptar los movimientos del swing americano de las grandes bandas. Con el tiempo, esos trabajadores migraron hacia la Gran Área Metropolitana, especialmente hacia los barrios del sur de San José, donde el baile encontró su identidad propia.
Ahí, entre comunidades como San Sebastián, Los Hatillos y Sagrada Familia, el swing criollo tomó forma. No solo como baile, sino como expresión social.
El presidente de la Asociación de Swing y Bolero, Erick Madrigal, explica que quienes impulsaron este ritmo fueron sectores populares que no siempre tenían espacio en otras expresiones culturales. Mujeres trabajadoras del sexo, hombres de barrios del sur y jóvenes que crecían en ese entorno formaron parte de esa primera generación que bailaba swing. Por su origen y por quienes lo practicaban, durante años fue un baile estigmatizado. Pero el swing nunca dejó de sonar.
Para entenderlo, hay que verlo de cerca. El swing criollo se baila en pareja, con una conexión constante entre ambos. El hombre guía, pero la mujer tiene un papel activo, marcando el ritmo con su cuerpo. Los pasos son cortos y rápidos, con un característico arrastre de pies que se mezcla con giros, vueltas y figuras improvisadas. El torso se mantiene relativamente firme mientras las piernas hacen el trabajo más intenso, generando ese zapateo que se reconoce incluso a distancia. Es un baile que exige coordinación, complicidad y, sobre todo, actitud.
Durante años, el swing se mantuvo en los márgenes, hasta que en la década de los 80 ocurrió algo que lo cambiaría todo. El programa Fantástico lo llevó a la televisión nacional. En una de sus secciones más populares, "Los Piratas del Ritmo", parejas competían semanalmente en un concurso de baile. Fue ahí donde el productor Leonardo Perucci decidió incluir el swing criollo, reconociendo en él una energía única: la alegría de la calle, la fiesta y el carácter del josefino.
Lo que antes era mal visto comenzó a ser celebrado. A partir de ese momento, el swing dejó de ser un baile escondido para convertirse en un fenómeno cultural. Su crecimiento fue tal que el 3 de mayo de 2012 fue declarado patrimonio cultural inmaterial de Costa Rica.
Hoy, décadas después de aquellos salones donde se bailaba casi en secreto, el swing criollo se vive a plena luz del día. En la Plaza de la Democracia, los segundos martes de cada mes durante la época seca, cientos de personas se reúnen para bailar.
Para conocer de cerca toda la historia de este baile, no deje de revisar el reportaje completo en el video que aparece en la portada del artículo.