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"Koki": un ejemplo de que la edad no detiene las ganas de vivir
Desde muy joven aprendió que el esfuerzo diario es el camino para sacar adelante a su familia, una responsabilidad que continúa asumiendo con orgullo.
En Desamparados, hay un cumpleaños que muchos esperan con ilusión durante todo el año. El anfitrión es Jorge Brenes, un vecino que este año celebra sus 85 años de vida, pero cuya verdadera celebración va mucho más allá de apagar las velas del pastel. Para él, el cumpleaños es apenas la excusa perfecta para reunir nuevamente a las personas que marcaron una de las etapas más felices de su vida. Cada fiesta se convierte en un viaje de regreso a los años de colegio (ver video adjunto).
Curiosamente, don Jorge no siempre celebró su cumpleaños de esta manera. Fue hace aproximadamente 15 años cuando decidió comenzar esta tradición con un propósito muy claro: reencontrarse con sus antiguos compañeros de estudio. Desde entonces, ellos se convirtieron en los invitados más importantes de la celebración. Año tras año, la lista de asistentes mantiene vivo un vínculo que el paso del tiempo nunca logró romper.
La fiesta más esperada del año
La organización comienza mucho antes del gran día. Un mes antes de la celebración, don Jorge visita personalmente a cada uno de sus invitados para entregarles la invitación. No envía mensajes ni llamadas; prefiere saludarlos, conversar un rato y recordarles que los espera en la fiesta. Ese gesto, tan sencillo como especial, ya forma parte de la tradición.
Cada edición tiene una temática diferente. En su casa existe un amplio salón que todos conocen cariñosamente como “El Hotel de Tito”, un espacio que se transforma con globos, decoración, música, juegos y mucha comida. Allí se reúnen decenas de adultos mayores que disfrutan bailando, conversando y reviviendo anécdotas de juventud. Más de uno asegura, entre risas, que una fiesta así debería organizarse al menos cada seis meses.
Un trabajo en familia
Nada de esto sería posible sin el apoyo de sus hijas, Ericka Brenes y Hazel Brenes, quienes colaboran en cada detalle de la organización. Juntas ayudan a preparar el salón, coordinar la comida y recibir a los invitados para que todo salga como su papá lo soñó. Gracias a ese trabajo en equipo, cada cumpleaños se convierte en una experiencia inolvidable para todos los asistentes. La familia completa entiende que el verdadero regalo está en compartir.
Aunque la fiesta lleva el nombre de don Jorge, él insiste en que el protagonista nunca ha sido él. Lo verdaderamente importante es crear un espacio donde sus amigos puedan volver a verse, abrazarse y recordar aquellos años en los que parecía que el tiempo nunca se iba a terminar.
Entre bailes, risas y fotografías, todos descubren que algunas amistades simplemente no envejecen. Porque hay cumpleaños que celebran la vida… y otros que celebran la fortuna de seguir caminándola junto a quienes siempre han estado ahí.