MasQN
A sus 87 años, "Toño" sigue cultivando la tierra… ¡y bailando la vida!
Entre cafetales, elotes, chayotes y bananos encontramos a un agricultor que, a sus 87 años, conserva intactas dos de sus grandes pasiones: trabajar la tierra y bailar.
Hace 40 años, Ana Balser decidió convertir su vocación por la educación en un proyecto que con el paso del tiempo se transformaría en parte de la vida de cientos de estudiantes (ver video adjunto).
Así nació el Colegio Saint John Baptist, en Desamparados de Alajuela, una institución que hoy continúa siendo el lugar al que doña Ana llega prácticamente todos los días. Cuatro décadas después de fundarlo, mantiene intacta su pasión por la enseñanza y actualmente se desempeña como directora administrativa.
Pero basta con verla caminar por los pasillos para entender que su relación con el colegio va mucho más allá de un cargo.
Cada recorrido se convierte en un encuentro lleno de cariño. Los niños y niñas se acercan para saludarla, abrazarla y demostrarle ese afecto que ella también les ha entregado durante años.
Para doña Ana, cada estudiante representa una oportunidad para seguir dejando una huella.
Profesora de enseñanza del inglés, también ha dedicado parte de su trayectoria a crear materiales educativos. Entre sus aportes destaca la elaboración de libros de texto utilizados como herramientas para facilitar el aprendizaje del idioma dentro de las aulas.
Su compromiso con la educación costarricense no se quedó solamente en las lecciones. Durante décadas ha trabajado para construir espacios donde las nuevas generaciones puedan aprender y crecer.
Y aunque los años han pasado, su vocación permanece. A sus 85 años, doña Ana continúa llegando al colegio, compartiendo con los estudiantes y formando parte de la rutina de una institución que nació de un sueño suyo hace cuatro décadas.
Quizás por eso, cuando camina por los pasillos, no la reciben solamente como la directora administrativa. La reciben como alguien que forma parte de sus vidas.
Porque hay quienes trabajan para la educación y quienes, con el paso de los años, terminan convirtiéndose en parte de ella. Doña Ana pertenece a ese segundo grupo: una mujer que después de 40 años sigue demostrando que cuando existe verdadera vocación, la edad nunca es un límite para continuar enseñando, aprendiendo y dejando huella.