POR Mariana Valladares | 13 de junio de 2026, 9:00 AM

Los paseos bajo la lluvia y los juegos en el barro forman parte de las actividades favoritas de muchos perros durante la época lluviosa. Estas experiencias aportan ejercicio, estimulación mental y bienestar emocional. Sin embargo, también pueden representar riesgos para la salud si los dueños no toman medidas preventivas antes y después de la actividad.

Así lo explicó Wilson Bonilla, médico veterinario de la Universidad Nacional (UNA), quien destacó que el ejercicio y la exploración son fundamentales para mantener a las mascotas activas y reducir niveles de estrés.

"Es una actividad muy positiva porque ofrece actividad física, estímulo intelectual y enriquecimiento ambiental. El problema no es que jueguen en el barro, sino los cuidados que deben existir después", señaló el especialista a Teletica.com.

Del barro a las infecciones

Uno de los principales riesgos ocurre cuando el lodo entra en contacto con zonas sensibles del cuerpo. Según Bonilla, puede ingresar a los oídos y provocar otitis. También puede causar conjuntivitis cuando alcanza la superficie ocular.

El veterinario explicó que algunos perros incluso pueden ingerir barro o agua contaminada mientras juegan, especialmente aquellos con altos niveles de energía que se lanzan a los charcos sin precaución.

A esto se suma otro factor: los propietarios desconocen qué se encuentra debajo del agua acumulada.

"Un charco podría ocultar objetos punzocortantes o fragmentos de materiales que provoquen heridas en las patas o en otras partes del cuerpo", indicó.

Aunque este tipo de accidentes no son frecuentes, el riesgo existe en terrenos donde anteriormente había residuos o materiales enterrados.

Bonilla insistió en que la revisión física posterior es indispensable.

La recomendación es bañar a la mascota con abundante agua al regresar a casa y revisar cuidadosamente todo su cuerpo.

Los dueños deben prestar atención a los ojos, oídos, boca, patas, espacios entre los dedos, pliegues de la piel, axilas, zona genital y área debajo de la cola.

El secado también es clave. La humedad retenida en el pelaje puede favorecer irritaciones cutáneas, especialmente en perros de pelo largo.

"Cuando se acumula humedad junto con tierra o suciedad, se crea un ambiente que favorece inflamaciones en la piel. Estas lesiones pueden manifestarse como enrojecimiento o formación de costras", detalló.

Agua estancada: un foco de enfermedades

Más allá del barro, el especialista alertó sobre los riesgos asociados al agua estancada que suele acumularse durante la época lluviosa.

Uno de los principales peligros es la leptospirosis, una enfermedad bacteriana transmitida por la orina de animales infectados, principalmente roedores. La bacteria puede sobrevivir durante más tiempo en ambientes húmedos.

Si un perro toma agua contaminada o entra en contacto con ella, podría desarrollar una infección capaz de afectar el hígado y los riñones.

"La leptospira encuentra condiciones favorables en lugares con humedad constante. Por eso debemos tener especial cuidado con los charcos y las aguas acumuladas", explicó.

Parásitos sobreviven mejor en ambientes húmedos

El veterinario también mencionó varios parásitos gastrointestinales que pueden estar presentes en terrenos contaminados. Entre ellos destacan los coccidios, anquilostomas, Toxocara y Trichuris . Estos organismos llegan al ambiente mediante las heces de animales infectados.

Cuando las lluvias mezclan los residuos con el suelo y generan lodo, los parásitos pueden mantenerse viables durante más tiempo gracias a la humedad. Bonilla aclaró que el barro no produce estas enfermedades por sí mismo.

Sin embargo, sí puede convertirse en un medio que favorece la supervivencia y transmisión de los agentes infecciosos.

En regiones como Puntarenas y otros sectores del Pacífico, las lluvias también favorecen la reproducción de mosquitos. Esta situación incrementa el riesgo de transmisión de la dirofilariosis, conocida popularmente como "gusano del corazón".

Se trata de un parásito que llega al organismo mediante la picadura de mosquitos infectados. Una vez dentro del animal, puede alojarse en el corazón y en vasos sanguíneos importantes.

"Cuando aumenta la cantidad de agua estancada, también aumenta la población de mosquitos y, por lo tanto, la posibilidad de transmisión", indicó Bonilla.

Por esta razón, recomendó mantener los esquemas de desparasitación al día, especialmente en mascotas que visitan zonas costeras.

Señales de alerta que no deben ignorarse

El especialista también detalló cuáles son los síntomas que ameritan una consulta veterinaria. La primera señal es la cojera o dificultad para apoyar una extremidad después del paseo.

Este síntoma puede indicar una herida, una lesión articular o incluso un problema previo que se agravó por una caída o resbalón. Otra señal importante es el rascado constante de ojos y oídos.

También deben generar atención movimientos repetitivos de la cabeza, inclinación hacia un lado, molestias visibles o cambios en el comportamiento. En algunos casos, estos signos aparecen pocas horas después de la actividad. En otros, pueden manifestarse varios días más tarde.

Bonilla explicó que la mayoría de las infecciones de oído tienen un buen pronóstico cuando reciben atención temprana.

Actualmente, existen tratamientos tópicos y medicamentos que permiten controlar la inflamación de forma efectiva.

El problema aparece cuando la condición se ignora durante días o semanas. Una infección inicial en el oído externo puede avanzar hacia estructuras más profundas.

En casos severos, el animal puede desarrollar alteraciones en el equilibrio, infecciones más complejas e incluso pérdida de la audición. El veterinario recordó un caso atendido en el hospital donde una infección avanzada derivó en una miasis, conocida popularmente como gusanera.

Aunque se trata de una situación poco frecuente, sirve como ejemplo de las consecuencias que puede tener la falta de tratamiento oportuno.

Cachorros, adultos mayores y animales enfermos requieren más cuidados

El especialista también recomendó evaluar la condición física de cada mascota antes de exponerla a estos entornos.

Los cachorros deben cumplir con su esquema de vacunación antes de visitar lugares donde exista riesgo de contacto con agentes infecciosos. Los perros geriátricos también requieren una valoración especial. 

La presencia de problemas articulares, lesiones en la cadera, rodillas o columna aumenta el riesgo de accidentes en superficies húmedas y resbalosas. Lo mismo ocurre con animales enfermos, malnutridos o que presenten heridas abiertas.

"Si una mascota tiene una lesión, no debería exponerse al barro ni al agua. Son aspectos básicos, pero muchas veces pasan desapercibidos", advirtió.

Jugar sí, pero con responsabilidad

Pese a los riesgos, Bonilla insistió en que los paseos y las actividades al aire libre deben mantenerse.

El ejercicio y la exploración ayudan a mejorar la salud física y emocional de las mascotas. La clave está en aplicar medidas de prevención y revisar a los animales después de cada salida.

"No se trata de prohibir que los perros jueguen en el barro. Se trata de conocer a nuestra mascota, tomar precauciones y garantizar una buena limpieza y revisión al regresar a casa", concluyó.

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