POR Mariana Valladares | 15 de agosto de 2026, 8:00 AM

En el marco del Día de la Madre, las madres de cuatro patas también experimentan cambios físicos y conductuales durante la gestación, el parto y la crianza de sus cachorros.

La veterinaria Laura Castro, encargada de la Cátedra de Ginecología, Obstetricia y Fisiología de la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad Nacional (UNA), explicó que el embarazo no siempre genera cambios físicos evidentes durante las primeras semanas.

“El primer mes no se nota mayor cosa. Ya para el segundo mes empieza a verse la barriga”, indicó Castro a Teletica.com.

Durante la segunda mitad de la gestación, la alimentación debe cambiar y la mascota necesita mayores cuidados. La especialista recomienda utilizar alimento para cachorro y evitar ejercicios extremos, golpes o situaciones que puedan provocar accidentes.

Conforme aumenta el tamaño del abdomen, también aparecen otros cambios.

“Para el final se sofocan mucho, se cansan muy fácilmente. Entre más grande la panza, peor la cosa”, señaló.

Después del parto aumenta la protección hacia las crías

El nacimiento de los cachorros marca otro cambio importante. Castro explicó que después del parto aumenta la hormona prolactina, relacionada con el comportamiento de protección materna.

“Esa hormona es la mayor responsable de los cambios conductuales asociados con el comportamiento de protección materna”, indicó.

Algunas perras pueden volverse más protectoras e incluso reaccionar con agresividad ante personas que intenten acercarse a sus cachorros. La especialista recomienda tener especial cuidado cuando hay niños en el hogar.

Este comportamiento se mantiene durante buena parte de la lactancia.

La lactancia más intensa en las perras dura alrededor de cuatro semanas. Después disminuye de forma gradual durante otras dos o tres semanas.

Castro indicó que cuando la madre comienza a limitar las tomas de leche, no significa que haya dejado de querer a sus cachorros.

“La gente asocia que ya no los quiere. Pero en realidad es que empieza a cambiar, el rol de la madre empieza a cambiar”, ratificó.

La madre es clave para el desarrollo de los cachorros

La convivencia con la madre también cumple una función importante en el desarrollo de los cachorros. La especialista explicó que la etapa de socialización ocurre aproximadamente entre las tres y las 12 semanas.

Durante este periodo, los cachorros aprenden mediante la interacción y la imitación.

“Todo lo que hace mami, ellos lo van a hacer”, afirmó.

Por esta razón, la madre cumple un papel importante en el aprendizaje de conductas, la búsqueda de alimento y la socialización de las crías.

Castro recomienda que los cachorros permanezcan con su madre al menos hasta las ocho semanas.

“Se supone que son más estables emocionalmente. No son tan temerosos o tan agresivos”, explicó.

La especialista señaló que la socialización continúa hasta aproximadamente las 12 semanas. Sin embargo, después de los tres meses, el apego materno puede ser muy fuerte y una separación posterior puede resultar más difícil.

Según la veterinaria, las gatas son "más cuidadosas y mejores mamás que las perras".

¿La madre reconoce a sus hijos cuando crecen?

La relación entre una madre y sus crías también cambia con el paso del tiempo.

Castro considera que no se puede afirmar que las perras simplemente olviden que un perro es su hijo. La especialista explicó que existe reconocimiento y una relación de dominancia que puede permanecer.

Sin embargo, la protección materna disminuye con los meses.

“Ya para los seis, ocho meses después, la relación es mínima, solo se mantiene esa dominancia”, comentó.

En algunos casos, el vínculo puede mantenerse durante mucho tiempo. Algunas madres continúan acicalando a sus hijos, durmiendo junto a ellos y manteniendo una relación cercana.

Gatas y perras no tienen la misma capacidad reproductiva

La capacidad reproductiva también varía entre perros y gatos.

Castro explicó que una perra puede tener una o dos camadas al año, dependiendo de factores como su raza y tamaño.

Las gatas, en cambio, tienen una capacidad reproductiva mayor.

“Las gatas son mucho más prolíficas por su fisiología reproductiva”, afirmó.

El problema aumenta cuando las hijas también comienzan a reproducirse. Por eso, la veterinaria insiste en la importancia de controlar la reproducción de los animales que no serán utilizados para cría.

“Por eso es importante el control de población, la que no se va a sacar cría que se castre, porque si no se nos hace un problema”, advirtió.

Una perra puede generar miles de descendientes en pocos años

El impacto de la reproducción sin control también aparece reflejado en una infografía de la Coordinación de Bienestar Animal de Tlaxcala, México, elaborada como parte de una campaña de concientización sobre la esterilización.

La estimación muestra que una perra podría tener 14 cachorros durante el primer año y otros 98 durante el segundo año. Si se considera la reproducción de sus descendientes, la cifra acumulada podría alcanzar aproximadamente 67.000 perros en seis años.

En el caso de las gatas, la estimación es todavía mayor. Una gata podría generar 16 gatitos durante el primer año y 256 durante el segundo. Con la reproducción de las siguientes generaciones, la cifra podría llegar a 420.000 gatos en siete años.

Estas cifras buscan evidenciar cómo una reproducción sin control puede contribuir a la sobrepoblación y al abandono de animales.

¿Qué hace que una mascota sea una buena madre?

El comportamiento materno también puede tener un componente genético.

Castro explicó que durante años los seres humanos han seleccionado perros principalmente por características físicas. Sin embargo, considera que también deberían tomarse en cuenta las características maternas cuando se busca reproducir un animal.

“Deberían escoger a las perras, si uno quiere sacarle cría, que su mamá y sus hermanas y sus tíos hayan sido buenas mamás”, explicó.

El ambiente también es fundamental. Una mascota que acaba de parir necesita un espacio tranquilo y seguro, con poca circulación de personas.

La especialista considera que las gatas suelen mostrar un comportamiento materno especialmente fuerte.

“Las gatas tienden a ser mejores mamás que las perras, siempre y cuando estén en un ambiente adecuado, que estén con cariño, que se sientan seguras, que tengan comida y camita”, afirmó.

Las madres primerizas pueden mostrarse más temerosas o inseguras. Con el tiempo, las perras y gatas pueden adquirir experiencia y desarrollar mayor tranquilidad.

Sin embargo, Castro advierte que tener demasiadas camadas también puede generar desgaste físico y afectar el cuidado de las crías.

“Son mejores mamás conforme pasa el tiempo, son más tranquilas, digamos, como que más relax. Pero cuando les sacan muchas crías también se vuelven descuidadas”, explicó.

La reproducción frecuente puede provocar deterioro físico en la madre. Por eso, la especialista destaca la importancia de una reproducción responsable y de la esterilización cuando no existe intención de reproducir al animal.

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