POR Mariana Valladares | 28 de marzo de 2026, 8:00 AM

La insuficiencia renal en gatos es una de las enfermedades más comunes en la consulta veterinaria. Sin embargo, su aparente aumento no responde a un crecimiento real de casos, sino a cambios en la forma en que las personas cuidan a sus mascotas.

El médico veterinario Wilson Joel Bonilla, de la Universidad Nacional (UNA), explica que "no es que esté aumentando, es que antes los gatos no vivían tanto. Ahora duran más, envejecen más, y además las personas los llevan más al veterinario”.

Este cambio está estrechamente ligado al auge del bienestar animal, que ha impulsado más controles médicos, diagnósticos oportunos y tratamientos que antes no eran comunes.

¿Qué es la insuficiencia renal y por qué afecta más a los gatos?

La insuficiencia renal es un deterioro en la capacidad de los riñones para filtrar la sangre, un proceso similar al que ocurre en humanos. No obstante, en los gatos existen particularidades biológicas que los hacen más vulnerables.

“Los mecanismos pueden ser bastante similares a los de las personas, pero los gatos tienen menos nefronas”, explicó Bonilla. Estas estructuras son las unidades básicas del riñón encargadas de la filtración.

El especialista ilustra esta diferencia con un ejemplo: si un humano tuviera 100 nefronas, un perro 80 y un gato 60, la pérdida de una misma cantidad tendría un impacto mucho mayor en el felino.

A esto se suma su evolución como animales adaptados a ambientes desérticos. 

“Son riñones eficientes para aprovechar el agua, pero eso también los vuelve más susceptibles, porque no tienen tantas nefronas para compensar el daño”, añadió.

Factores que influyen en la enfermedad renal

El desarrollo de insuficiencia renal en gatos responde a múltiples factores. La edad es uno de los principales, ya que con el envejecimiento disminuye la capacidad de los órganos. Sin embargo, no es el único.

Las dietas inadecuadas, el bajo consumo de agua y la alta ingesta de proteínas —propia de su condición de carnívoros estrictos— incrementan la carga de trabajo de los riñones. A esto se suma que los gatos, por naturaleza, no tienen una fuerte sensación de sed, lo que contribuye a producir orinas más concentradas.

“El riñón tiene que procesar una sangre con mayor cantidad de proteínas y con menos volumen de agua, lo que implica un mayor esfuerzo y desgaste”, detalló el veterinario.

El estrés también juega un papel importante. Cambios en el entorno, ruidos o alteraciones en la rutina pueden generar desbalances que impactan la salud renal. Asimismo, infecciones bacterianas, enfermedades como la leptospirosis y la exposición a toxinas pueden desencadenar cuadros agudos.

En este punto, Bonilla hace una advertencia específica: “Los lirios, incluso el agua donde se colocan, pueden provocar daño renal en los gatos”.

Además, existen casos de origen desconocido (idiopáticos), en los que no se logra determinar con certeza la causa de la enfermedad.

Enfermedad aguda y crónica: cómo se manifiesta

La insuficiencia renal puede presentarse de forma aguda o crónica. La primera ocurre de manera repentina, generalmente asociada a infecciones, toxinas o bacterias que ascienden por el tracto urinario hasta los riñones.

En algunos casos, este daño puede ser tan severo que, aunque el animal logre estabilizarse, termina desarrollando una enfermedad renal crónica.

Por otro lado, la forma crónica suele estar asociada al envejecimiento y se caracteriza por un deterioro progresivo e irreversible de la función renal. 

“En estos casos, el riñón no se recupera y lo que se busca es mantener la calidad de vida del paciente”, explicó Bonilla.

Síntomas: las señales que no se deben ignorar

Los signos clínicos pueden ser variados y, en muchos casos, sutiles al inicio. Uno de los primeros indicios es el deterioro del pelaje.

“Un pelaje opaco, con nudos, poco brillante, puede indicar que el gato dejó de acicalarse, ya sea por dolor o malestar”, señaló el especialista.

También pueden presentarse disminución del apetito, mal aliento, llagas en la lengua o cavidad oral, así como cambios en el comportamiento. Entre estos últimos destacan orinar fuera de la caja de arena, aumentar la frecuencia urinaria, presentar orina rojiza o manifestar dolor al orinar, incluso con maullidos.

El decaimiento general es otra señal importante. No obstante, el veterinario advierte que algunos de estos síntomas también pueden estar relacionados con problemas en la vejiga, como cistitis, por lo que es indispensable una valoración profesional.

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¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico de la insuficiencia renal requiere una evaluación integral. Los exámenes de sangre permiten realizar hemogramas y químicas sanguíneas, incluyendo electrolitos y parámetros específicos como el SDMA, que debe solicitarse de forma expresa.

A esto se suma el análisis de orina, generalmente obtenido con apoyo de ultrasonido, y, en algunos casos, cultivos bacterianos cuando se sospecha una infección.

“Estos estudios son los que permiten confirmar si estamos ante una enfermedad renal y si es aguda o crónica”, explicó Bonilla.

Tratamiento y seguimiento

El abordaje dependerá del tipo de enfermedad. En los casos agudos, si se detectan a tiempo, existe la posibilidad de recuperación. En cambio, en la enfermedad crónica el tratamiento es de mantenimiento.

“El objetivo es estabilizar al paciente, darle una buena calidad de vida y prolongar el tiempo que pueda vivir en buenas condiciones”, indicó el especialista.

Esto incluye dietas específicas, suplementos y controles periódicos.

La importancia de la prevención

Los padecimientos renales y urinarios representan el segundo motivo de consulta en gatos, solo superados por los problemas gastrointestinales. Por ello, la prevención es clave.

Bonilla recomienda chequeos anuales a partir de los siete años, que incluyan análisis de sangre y orina. En razas como los persas, además, se debe prestar especial atención a la enfermedad renal poliquística, que puede detectarse mediante ultrasonido incluso a edades tempranas.

En el hogar, es fundamental asegurar una dieta equilibrada que combine alimento seco y húmedo, facilitar el acceso al agua —idealmente en varios puntos de la casa o mediante fuentes— y mantener un ambiente tranquilo que reduzca el estrés.

“La medicina preventiva es la más importante. Detectar a tiempo puede hacer una gran diferencia”, concluyó.

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