Por Mariana Valladares 14 de marzo de 2026, 8:00 AM

Los perros que sobreviven tras morder un sapo pueden desarrollar una conducta repetitiva que los lleva a buscar nuevamente a estos animales, pese al riesgo de intoxicación grave que ello representa. 

Según el médico veterinario Leonardo Solórzano, esta reacción se relaciona con la exposición a una toxina liberada por los sapos cuando se sienten amenazados.

El especialista explicó que los sapos expulsan una sustancia llamada bufotoxina, un compuesto tóxico que puede provocar efectos severos en los animales que entran en contacto con ella.

“Los sapos tienen una sustancia que, cuando se sienten acechados o asustados, liberan. Es una toxina llamada bufotoxina. Muchas personas dicen que parece como una leche porque es una sustancia blanquecina”, detalló Solórzano.

Conducta repetitiva tras el primer contacto

De acuerdo con el veterinario, algunos perros que sobreviven al primer contacto con esta toxina pueden desarrollar un comportamiento insistente para volver a morder sapos.

Si el perro se salva, muchas veces desarrolla esa conducta porque se vuelve adictiva. El animal empieza a buscar nuevamente al sapo y se vuelve muy insistente en ir a esos lugares donde ya lo encontró”, explicó.

Este comportamiento se observa con mayor frecuencia en zonas donde hay abundancia de sapos, como áreas cercanas a riachuelos, vegetación densa o ambientes rurales.

El especialista indicó que, aunque algunos perros sobrevivan a una primera intoxicación, cada nuevo contacto con la toxina puede resultar más peligroso.

“Puede que en una ocasión el perro sobreviva, pero si el sapo libera una gran cantidad de toxina, la mascota puede sufrir una afectación grave o incluso morir”, advirtió.

Afectaciones en el organismo

La bufotoxina puede provocar diversas alteraciones en el organismo de los perros.

Entre las complicaciones más comunes se encuentran problemas cardíacos, así como afectaciones hepáticas y renales producto de la intoxicación.

Los síntomas suelen aparecer rápidamente e incluyen salivación excesiva, espuma en la boca, irritación en la lengua y las mucosas, debilidad o incapacidad para mantenerse de pie.

Según el veterinario, no existe una cantidad de exposiciones a partir de la cual el riesgo sea mortal, ya que todo depende de factores como la cantidad de toxina liberada y la susceptibilidad del animal.

“Es pura suerte. Depende de la cantidad de tóxico que el paciente ingiera o de su susceptibilidad. Por eso siempre recomendamos acudir al veterinario lo más pronto posible”, señaló.

¿Influye el tamaño del perro?

Aunque podría pensarse que los perros grandes resisten mejor la intoxicación, Solórzano explicó que esto no siempre es así.

En algunos casos, los perros de mayor tamaño pueden sufrir intoxicaciones más graves porque su fuerza les permite romper o incluso ingerir parte del sapo, lo que libera más toxina.

“Un perro grande puede despedazar al sapo y tener una mayor liberación de toxinas, lo que aumenta el riesgo de intoxicación severa”, explicó.

Manejo inmediato en casa

Ante el contacto de un perro con un sapo, el veterinario recomienda actuar rápidamente mientras se busca atención profesional.

La primera medida es lavar bien el hocico del animal con agua temperada para eliminar restos de toxina.

“El hocico, los labios y la lengua deben lavarse con agua, siempre con la cabeza del perro hacia abajo para evitar que el líquido se trague”, indicó.

También señaló que el carbón activado puede ayudar a disminuir la absorción del tóxico, aunque insistió en que la atención veterinaria debe buscarse lo antes posible.

El especialista desaconsejó remedios caseros como leche, huevo o mezclas con cítricos, ya que podrían causar complicaciones. “Muchas personas les dan líquidos a la fuerza cuando el animal está intoxicado y no puede tragar. Eso puede provocar que el líquido se vaya a los pulmones y cause neumonía”, advirtió.

Entrenamiento para evitar que muerdan sapos

En algunos casos, los dueños recurren a adiestramiento para evitar que los perros ataquen sapos. Una de las técnicas utilizadas por algunos entrenadores es el uso de collares eléctricos para modificar la conducta del animal.

Sin embargo, Solórzano señaló que este método es controversial y en algunos países incluso se considera una forma de maltrato animal.

“Los collares eléctricos generan descargas con diferentes niveles para que el perro asocie esa acción con un estímulo desagradable. A nivel mundial es un tema muy controversial”, explicó.

Básicamente, esta práctica consiste en activar el collar eléctrico cuando el canino intenta morder un sapo. 

Como alternativa, recomendó apostar por el entrenamiento temprano, la supervisión de las mascotas y evitar que tengan acceso a zonas donde haya presencia frecuente de sapos.

“Cuando uno tiene una mascota también tiene la responsabilidad de educarla y controlar los espacios donde se mueve para evitar este tipo de accidentes”, concluyó.

Youtube Teletica