POR Mariana Valladares | 2 de mayo de 2026, 7:33 AM

La dieta conocida como raw —basada en carne cruda para perros— gana terreno entre cuidadores que buscan opciones consideradas más naturales para sus mascotas. Sin embargo, los expertos son enfáticos: no se trata de una alternativa superior por defecto, y su implementación exige planificación rigurosa, formulación profesional y supervisión veterinaria constante.

De acuerdo con la Asociación Mundial de Veterinaria de Pequeños Animales (WSAVA), estas dietas suelen ser más altas en grasa, más bajas en carbohidratos y potencialmente digestibles, pero su composición varía ampliamente entre productos y preparaciones. Esto significa que no todas cumplen con los requerimientos nutricionales completos.

El médico veterinario César Rodríguez enfatizó que el principal error es asumir que lo crudo equivale a mejor calidad. Señaló que este tipo de alimentación puede funcionar en ciertos perros, siempre que esté correctamente formulada según su edad, tamaño y condición, y se maneje bajo protocolos estrictos de higiene.

Uno de los puntos más sensibles es que ni todos los perros son candidatos ni cualquier carne cumple los requisitos. La WSAVA recomienda verificar que el alimento seleccionado sea completo y balanceado. En caso contrario, debe utilizarse solo como complemento o bajo indicación profesional.

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Una dieta adecuada debe incluir proteínas de calidad, grasas en proporción correcta, vitaminas, minerales y energía suficiente, ajustada a las necesidades individuales del animal.

Rodríguez explicó que muchas personas reducen erróneamente la dieta cruda a ofrecer músculo o pollo, lo que puede provocar deficiencias nutricionales o excesos peligrosos. Entre las consecuencias están trastornos digestivos, problemas óseos y alteraciones metabólicas.

Las autoridades sanitarias, como la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), han advertido que los alimentos crudos tienen mayor probabilidad de contaminación con bacterias como Salmonella, Listeria monocytogenes y E. coli, lo que representa un riesgo tanto para los animales como para quienes manipulan estos productos.

Además, esta dieta no suele recomendarse en cachorros en crecimiento sin formulación profesional, perros con enfermedades crónicas, animales con pancreatitis o sistemas digestivos sensibles y mascotas con defensas comprometidas o historial de intolerancias.

Para reducir riesgos, los especialistas aconsejan no utilizar:

  • ​Alimentos descongelados y recongelados
  • Restos sazonados o marinados
  • Huesos cocidos

  • Mezclas caseras sin respaldo profesional

  • Asimismo, se recomienda elegir carnes frescas, de origen confiable y manipuladas bajo condiciones higiénicas estrictas.

Si un veterinario aprueba el cambio, la transición debe ser progresiva, generalmente entre cinco y 10 días o más en perros sensibles. El proceso consiste en mezclar pequeñas cantidades del nuevo alimento con la dieta habitual, incrementando gradualmente mientras se monitorean heces, apetito y niveles de energía.

En conclusión, aunque la dieta raw puede formar parte de la alimentación de algunos perros, su implementación sin asesoría profesional puede resultar más perjudicial que beneficiosa.

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