Los perros avisan antes de morder: las señales que casi nadie reconoce a tiempo
Un educador canino detalla la escalera de agresividad, los errores más comunes ante un ataque y por qué los niños y adultos mayores son los más vulnerables.
Una mordedura de perro no ocurre de la nada. Detrás de estos episodios suele haber señales previas que, de ser identificadas a tiempo, pueden evitar una situación de riesgo. Así lo explica el educador canino Max Sandí, quien insiste en que la prevención es la principal herramienta para reducir ataques.
“El mordido es producto de un tema de estrés, un estrés crónico que se va acumulando. Hay perros que pasan todo el día amarrados o sin una adecuada canalización de energía, y eso eventualmente los lleva a tomar malas decisiones”, señaló.
Antes de que un perro muerda, suele haber advertencias. Sandí detalla que existen señales sutiles como la tensión corporal, orejas levantadas en alerta o una mirada fija. A esto se suman otras más claras como gruñidos o “mordidas al aire”, que forman parte de lo que se conoce como la “escalera de agresividad”.
“Ignorar un gruñido es un error. Es una advertencia clara de que si se sigue invadiendo su espacio, puede venir la mordida”, explicó.
Además, factores como el miedo, la protección de territorio o recursos (comida, personas u objetos) y hasta dolores físicos pueden detonar una reacción agresiva, incluso contra sus propios dueños.
¿Qué hacer si el ataque es inminente?
Cuando el perro ya está atacando, muchas de las reacciones comunes no solo son inútiles, sino que pueden empeorar la situación.
“Gritar, golpear al perro o echarle agua no sirve. Eso genera más activación y hace que el animal muerda con más fuerza”, advirtió Sandí.
Según el especialista, si el perro no responde al llamado para soltar, la única técnica efectiva en un ataque grave es restringir el flujo de aire mediante una correa o cuerda alrededor del cuello.
“Se coloca la correa y se genera presión hasta que el perro suelte. Son segundos vitales que pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte”, afirmó.
Niños: los más vulnerables
El riesgo es mayor en menores de edad. Solo en lo que va de 2026, el Hospital Nacional de Niños reporta 20 casos de mordeduras graves, una cifra que, aunque menor a años anteriores (80 en 2025 y 105 en 2024), sigue siendo motivo de alerta.
Sandí enfatiza que los niños deben aprender a respetar a los perros y no invadir su espacio, además de que siempre debe haber supervisión adulta.
“Los perros avisan muchas veces antes de morder, pero si el niño sigue molestando, el animal puede reaccionar. La supervisión es clave”, indicó.
Un problema que también puede ser mortal
De acuerdo con datos del OIJ, entre 2023 y abril de 2026 se registraron cinco muertes por ataques de perros en Costa Rica. Las víctimas incluyen un menor de 12 años y adultos mayores, lo que evidencia la vulnerabilidad de ciertos grupos.
El último caso ocurrió en pasado 17 de abril, en Moravia, cuando un adulto mayor murió por el ataque de un perro raza American Stafford que era de su hijo.
Para evitar estos incidentes, el especialista recomienda:
- No mantener perros amarrados durante largos periodos.
- Garantizar ejercicio y estimulación diaria.
- Atender posibles problemas de salud.
- Usar bozal en casos necesarios.
- Buscar ayuda profesional ante señales de agresividad.
“Un perro no nace agresivo. Muchas veces es el resultado de malas condiciones de vida. La responsabilidad siempre recae en el humano”, concluyó Sandí.

