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Tres horas diarias de viaje, dos hijos y un sueño: así se graduó una ingeniera en Costa Rica
Junto a su hermana, es parte de la primera generación universitaria de su familia, tras años de esfuerzo, maternidad y retos personales.
Don Fernando Calderón Calderón tiene 90 años, pero fue hasta hace un mes que recibió su añorado título de sexto grado.
En 1950, él no pudo ir a la graduación porque se retiró anticipadamente del curso lectivo para trabajar con su papá. 76 años después, sus 11 hijos, intrigados por la ausencia del diploma, se organizaron para obtenerlo.
Además, la Escuela Pilar Jiménez, en Guadalupe, planeó una graduación especial para su exalumno, quien fue aplaudido por niños que recorren los mismos pasillos que un día recorrió don Fernando. Este evento se realizó el pasado 26 de junio.
La falta de este documento educativo nunca frenó a este adulto mayor: se formó como mecánico industrial y emprendió de muchas formas. Todavía hoy, con nueve décadas a cuestas, no ha dejado de trabajar: todos los días tiene una jornada de casi 8 horas diarias en su taller, donde hace labores de encuadernado.
Teletica.com conversó ampliamente con don Fernando. Puede leer la entrevista completa a continuación.
Don Fernando, cuéntenos, ¿cuántos años tiene usted?
Bueno, yo tengo 90 años y un poquito más, porque nací el 24 de junio del 36; tengo 90 y un mes.
Este 2026, en su cumpleaños número 90, recibió un regalo muy grande, ¿verdad? ¿Qué fue lo que pasó ese día?
Para mí, ese día fue uno de los recuerdos más emocionantes que tengo, porque un hijo mío me había dicho: "Papá, tenemos que ir a la escuela donde usted estuvo, para que se acuerde de cómo era, porque usted salió hace 76 años, entonces para que se acuerde de qué diferencia hay entre antes y ahora". Entonces yo fui, pero lo que yo menos me imaginaba era lo que iba a hacer.
Cuando llegué a la escuela, me atendió la maestra, la directora, y muy atentamente se puso a hacerme preguntas, y me preguntaba que si tal cosa era así, que aquí estaba la oficina del director, y yo le iba explicando todo. Me dice: 'Buena memoria tiene usted', pero era mientras sacaban a los chiquitos de las aulas para llevarlos al salón, que era donde se iba a hacer la ceremonia.
Al rato me dice el hijo mío: "Papá dice que ya podemos ir a conocer el salón de actos". Entonces ya fuimos y entramos por el frente, pero en el momento en que yo llegué a la puerta, fue cuando empezó el himno y toda la ceremonia. A mí se me vinieron (las lágrimas), porque al entrar ahí y ver todo... Me dieron el programa, y en el programa estaba la entrada de la bandera, los saludos, todo, todo, todo, como si hubieran sido 50 alumnos.
¿Usted no se lo esperaba?
No, no, jamás.
¿Usted estudió en esta escuela, completó el sexto grado, pero no tenía el título?
Exactamente, sí.
¿Y por qué razón no lo tenía?
Porque yo salí y me fui a trabajar como a finales de octubre; pero, según parece, ya los exámenes ya los habían hecho, es decir, yo salí prácticamente porque mi papá me ocupaba en finales, casi en diciembre.
Cosa curiosa y que le doy gracias a Dios, nunca, nunca llegué a una parte donde me dijeran: ¿Y usted qué tiene estudios? Jamás, porque antes a uno lo ponían a hacer una cosa y otras manualidades, pero ahí fui pasando y pasando y pasando, hasta que en 1963, que yo trabajaba en la Prensa Libre, me mandaron a una escuela que se llamaba Escuela de Capacitación Industrial de la Cámara de Industrias. Esa era, igual que el INA, para las industrias, y ahí me dieron un título de mecánico industrial.
¿Cómo hicieron o en qué momento ustedes empezaron a preguntarse, con sus hijos, qué pasó con el título? ¿Cómo lo lograron?
Eso me lo dijeron después: ellos entraron en una incógnita de por qué yo, llegando tan al final, no tenía el título. Entonces se pusieron, fueron a la escuela y buscaron en las bitácoras de la escuela los archivos, y sí estaba ahí, estaba todo, todo, todo correcto. Y entonces gestionaron con el Ministerio de Educación Pública, y todo esto, y el Ministerio de Educación comprobó y me dio el título.
Pero vean las gestiones que han hecho ellos, que el título está dado el 23 de abril; ya en ese tiempo habían hecho gestiones. Se llevó varios meses (hasta junio).
¿Qué significa para usted este título?
Gracias a Dios, con el emprendimiento yo he hecho bastante, pero eso resulta una sorpresa para mí inmensa, porque tener un título a esta edad, no importa que haya sido desde 1950, pero al recibirlo yo sentí que ya era titulado, que ya era así. Y es que, como todos los hijos míos son titulados, gracias a Dios todos, entonces ellos decían: "¿Y por qué papá no tiene?".
Y también fue un buen ejemplo para todos los niños que están ahí...
Ah, sí, a los chiquitos les decían: "Es que este señor se graduó hace 76 años", y todos corrieron a abrazarme y a felicitarme. Estoy invitado a la graduación del segundo periodo; estoy invitado a la escuela.
Después de que usted se capacitó como mecánico industrial, ¿a qué se dedicó en toda su vida, de qué es su emprendimiento?
En el 55, un hermano mío que era prensista en rotativas, él trabajaba en rotativas de periódicos, trabajaba en La República, y el jefe de redacción recomendó a Álvaro, mi hermano, para que se fuera a Venezuela, cuando valía la pena irse a Venezuela.
Entonces mi hermano me enseñó el oficio, y yo me quedé trabajando en la rotativa.
Después estuve en la rotativa de La Prensa Libre. Este periódico luego se alió con don Rodrigo Madrigal Nieto, que tenía La República, e hicieron una empresa editora.
De ahí, como yo tenía tantos hijos y tenía mucha obligación, entonces le dije al patrón mío: Vea, necesito que me ayude. Y me dice: "Yo lo he ayudado bastante, pero ¿qué quiere?, ¿que le ayude más? Vea a ver qué hace". Y entonces se me vino a la mente construir una máquina de confeti. Y ahí está trabajando como si fuera hoy.
Luego me dijo: "Si usted hace la máquina y me la enseña, yo le regalo todo el papel que ocupe". Y de ahí empezamos a trabajar desde el 75 hasta el 87, que se prohibió el confeti en la Avenida Central, en el "Avenidazo".
Cuéntenos ahora de su familia. ¿Usted se casó?
Vea, yo me casé. Y tengo que darle gracias también a mi esposa, que es parte de la vida mía. Porque yo me casé en el 59 (enviudó hace algunos años). Y cosa curiosa, en 1961, pegué 2.000 colones de lotería. En aquel tiempo era mucha plata. Entonces dije yo: "¿Ahora qué hago con esta plata? ¿La gasto o qué? Se me vino a la mente comprar sierras y caladoras y todo, y me puse a hacer juguetes: el marromero con ruedas que le ponía uno una varillita de paraguas, esos yo los hacía y los vendía montones.
Y la señora mía, la que está ahí en la foto, ella agarraba y los pintaba. Los pintaba de blanco. Y así que los pintaba de blanco, le echaba escarcha. Y la escarcha se pegaba en la pintura. Después, lo que sacudía, lo volvía a recoger. Y yo me iba a trabajar y ella se quedaba recogiendo la escarcha y poniendo bombillos.
Yo me casé en el 59. En el 61 hice eso y en el 64, al final, me fui a mi casita propia. Yo compré una casita casi destruida y la reconstruí. La reconstruí con 4.000 colones de madera. No se me olvida.
¿Cuántos hijos tiene usted?
Once.
¿Y nietos?
Veintidós, y bisnietos 16.
Me contaron sus hijos que usted, hasta el día de hoy, sigue trabajando...
Yo me levanto en la mañana, me encomiendo y me voy a las nueve y cuarto para el taller. Paso recto y a las cuatro, cuatro y media, estoy de vuelta en la casa.
¿Hasta cuándo piensa trabajar?
Yo no sé, el de arriba manda. Yo he dicho ahora, a mí me han hecho consultas, me dicen: "¿Pero por qué usted trabaja tanto? Usted no necesita trabajar". Digo: No, es que si no trabajo, me muero. Y yo siento que es una curiosidad de estar haciendo algo.
Ahora que a muchos jóvenes tal vez no dan importancia a la educación, no quieren estudiar, ¿cuál es su mensaje?
El consejo que le puedo dar a los niños de ahora es que estudien, que estudien. Que el estudio les deja enseñanza y les deja porvenir, que no piensen en otra cosa que no sea estudiar para que su vejez sea, ojalá, igual que la mía, que no tengan que sufrir absolutamente nada.