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El 5 de setiembre del 2012, el terremoto de Nicoya de 7.6 grados de magnitud, afectó al hospital Monseñor Sanabria, inhabilitando siete de sus 10 pisos. 

El centro médico tuvo la capacidad de respuesta del ejército de funcionarios que bajo la guía de las autoridades, continuó brindando la prestación de servicios.

A pesar del temor, el personal ingresó a los 10 niveles que conformaban el hospital e iniciaron la evacuación, con el firme objetivo de resguardar la integridad física de las personas hospitalizadas. 

Tardaron 17 minutos para sacar a todos los pacientes y funcionarios que quedaban dentro del inmueble, entre brigadistas del centro médico y personal voluntario se logró una rápida evacuación.

A pesar de la intensidad del movimiento sísmico, no hubo vidas que lamentar.

El doctor Randall Álvarez Juárez, director general del HMS, quién se encontraba en su oficina al momento de desatarse el sismo, compartió las claves que permitieron evacuar en 17 minutos el hospital.

"Bajo una adecuada estrategia de comunicación, coordinación, capacitación y elaborando simulaciones y simulacros, habíamos venido desarrollando años atrás un plan de capacitación para el personal, orientada hacia la prevención y la atención de emergencias y desastres, además, se estaba conformando la Brigada de Emergencias, teníamos y hasta la fecha continúa un Comité de Emergencias sólido y comprometido, como parte de la respuesta oportuna que tuvo el personal del centro médico ante la situación que los dejó frente a un inmueble severamente dañado", comentó Álvarez.

Por su parte, la doctora Cecilia Barrantes Marín, enfermera epidemióloga del centro, recordó la situación vivida durante el terremoto de Nicoya.

“Me encontraba en el séptimo piso, en el área de estadística realizando la rutina de todas las mañanas con la captación de información epidemiológica; cuando empezó a temblar los monitores de las computadoras se cayeron, tratábamos de caminar hacia la zona segura pero no se podía por el movimiento y hubo un momento en que sentí que era mi último día con vida, cuando el movimiento terminó empezamos a bajar las escaleras de seguridad de acuerdo al plan de emergencias. Durante el descenso nos encontramos con una mamá en un estado de shock que en su impulso subió las gradas para buscar a su hijo que estaba en el noveno piso, junto a un compañero nos devolvimos con la señora para buscar al menor, al llegar comprobamos que no quedaban niños ya que el personal los había evacuado de manera expedita; tuvimos que sujetar a la señora y ayudarle a bajar las gradas ya que la situación la tenía nerviosa y perdía el control de su cuerpo”. indicó Barrantes.

La enfermera agregó: “éramos como hormiguitas, todos corríamos a movilizar pacientes, de repente nos vimos con pacientes en el suelo y una enfermera con una jeringa para administrar medicamento para el dolor; el terremoto sin duda nos sacudió, pero nos enseñó a trabajar con lo que teníamos y a seguir siendo efectivos”.