Por Diana Vásquez 30 de marzo de 2026, 18:40 PM

Sentada en una de las bancas de la iglesia de Curridabat, acompañada por su madre, su apoyo incondicional, Ailyn Castro repasa con dedicación la lectura que le corresponde proclamar. Lo hace con una serenidad que transmite disciplina y convicción. Cada palabra es ensayada con precisión, como quien entiende la responsabilidad que implica guiar a otros a través de la palabra. Para ella, ese momento no es solo una participación más dentro de la misa, sino una misión profundamente significativa (ver video adjunto).

Ailyn es ciega. Una enfermedad que inicialmente afectó sus riñones terminó por comprometer su visión, marcando un antes y un después en su vida. Sin embargo, lejos de convertirse en un límite, esta condición se transformó en un desafío que enfrentó con fe y determinación. Convencida de que la vocación no conoce barreras, aprendió a interpretar y proclamar las lecturas litúrgicas con la misma seguridad y entrega que cualquier otro lector.

Su labor trasciende Curridabat. También forma parte de las celebraciones en la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles, uno de los centros religiosos más importantes del país. Allí, especialmente durante la Semana Santa, asume una de las responsabilidades más solemnes: participar en la proclamación de las lecturas principales, incluyendo la Pasión de Cristo, un momento clave dentro de la liturgia.

Con cada palabra que pronuncia desde el ambón, Ailyn no solo comparte un mensaje religioso: transmite una lección de vida. Su historia es testimonio de que la fe, cuando es auténtica, tiene la capacidad de derribar cualquier barrera. En su voz no solo resuena la palabra, sino también la fuerza de una mujer que, aun en la oscuridad, encontró la manera de seguir iluminando el camino de otros.

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