Por Daniel Jiménez 1 de febrero de 2026, 21:50 PM

Su infancia transcurrió en la serenidad del campo, en El Barón, en San Rafael de Esparza. Fue una niña feliz, pero que desde edades tempranas sintió en el corazón “el llamado de resolver problemas públicos”, según ella misma lo dice.

Se trata de Laura Fernández, la politóloga de 39 años que se convirtió, este domingo, en la segunda presidenta en la historia de Costa Rica, después de Laura Chinchilla (2010-2014).

Con la bandera de “la continuidad” a cuestas y como candidata del Partido Pueblo Soberano (PPSO), la especialista en Políticas Públicas y Gobernabilidad Democrática se colocará el 8 de mayo la banda presidencial.

Fernández será la sucesora de Rodrigo Chaves, a quien acompañó desde el día uno de su administración.

Con el paso del tiempo, la politóloga se ganó la confianza del mandatario y pasó de ministra de Planificación a ministra de la Presidencia con la salida de Natalia Díaz de este puesto, el 21 de junio de 2024.

También fue quien coordinó el gabinete del gobernante, hasta que dimitió para buscar la Presidencia de la República.

Es madre de Fernanda, una niña de tres años, y esposa de Jeffrey Umaña, a quien ha calificado de “chineador”.

Estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Costa Rica (UCR). Tuvo su primer trabajo formal en un programa de Reforma del Estado para la Cooperación Alemana en Costa Rica. “Envié mis atestados, creo que no era ni bachiller y por esas cosas del destino fui a una entrevista y bueno… para sorpresa mía me contrataron”, reseñó.

Sostiene que sus aspiraciones se sustentan en su “estatura moral y las capacidades técnicas”. También “porque definitivamente es mi vocación, yo nací para esto, estoy decidida a no ser una observadora pasiva de lo que pasa en Costa Rica”. Y justo aquí vamos a lo que les decía al inicio: “Desde muy niña sentí en mi corazón el llamado de resolver problemas públicos”.

Fernández defiende que, con su elección, tiene la ventaja de que, como fue jerarca de la Planificación, no tendrá curva de aprendizaje, ya que “nadie” tiene que explicarle cómo funcionan las 335 instituciones que operan en el Estado.

Como una de sus principales cualidades, ella destaca su capacidad “resolver problemas”, además de su preocupación por la justicia y seguridad.

Su propuesta más polémica es la del levantamiento de garantías individuales. Eso sí, reiteradamente ha defendido que ello lo impulsaría solo “si fuera necesario ante una eventualidad de un incremento de delitos graves como sicariato y narco”.

Su primera campaña a cuestas como candidata encendió el debate entre el continuismo y quienes buscaron otra opción entre las 19 restantes en la papeleta electoral.

Al final se impuso en las urnas y con eso su deseo desde temprana edad para tener la posibilidad de solucionar problemas públicos.

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