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Tras la victoria de Joe Biden, los exportadores europeos sueñan con un levantamiento rápido de los aranceles estadounidenses, pero los expertos advierten que aunque la relación comercial podría ser más serena, no hay que esperarse a una luna de miel.

"Esperamos que Estados Unidos cambie de rumbo desde el punto de vista comercial (...) renunciando (...) a la política autárquica que ha distinguido a la presidencia de Trump", señaló Nicola Bertinelli, presidente del consorcio italiano de productores de queso parmesano, que exporta más de 10 millones de toneladas a Estados Unidos cada año.

El principal sindicato agrícola italiano, Coldiretti, exige el levantamiento de las sanciones comerciales impuestas por la administración Trump, que afectan, por un monto de 500 millones de euros, al Grana Padano, al Gorgonzola, al salami, a la mortadela, a los mariscos, a los cítricos, al limoncello, etc...

"Espero que los primeros temas (de discusión entre la futura administración estadounidense y Europa) puedan ser dar marcha atrás en los derechos de aduana del 25% sobre los vinos franceses", señaló por su parte Jérôme Despey, secretario general de la unión agrícola francesa FNSEA.

"Esperamos que la nueva administración estadounidense (...) se retracte del aumento de los aranceles aduaneros" sobre el aceite de oliva español, dijo también a la AFP un portavoz de la cooperativa Dcoop, un peso pesado del sector.

Biden acogido por impuestos

En contraste con estos llamados a un apaciguamiento de las relaciones, Europa acogió el triunfo del demócrata el lunes con un anuncio sobre sanciones aduaneras contra Estados Unidos en una disputa de 16 años entre Airbus y Boeing sobre ayudas estatales.

La Unión Europea no hizo más que aplicar una decisión de la Organización Mundial del Comercio y el conflicto en sí había comenzado mucho antes de que Donald Trump llegara al poder.

Pero el anuncio de la represalia europea sorprendió a muchos, después de que la victoria de Biden fuera aclamada como el comienzo de una nueva era después de cuatro años de retórica proteccionista incendiaria y de aumento de los aranceles.

Aunque no todos hablan con una sola voz, los responsables económicos europeos se mantienen cautelosos.

"No debemos hacernos ilusiones. Estados Unidos no ha sido un socio amistoso de los Estados europeos desde hace muchos años", dijo el ministro de Economía francés Bruno Le Maire unos días antes de las elecciones.

Proteger las empresas estadounidenses

"Siempre ha habido proteccionismo en Estados Unidos: el acero, por ejemplo, siempre ha sido objeto de tensión con Europa, al igual que la madera siempre ha sido objeto de tensión con Canadá", recuerda Rubén Nizard, economista para América del Norte de la Coface.

"Es cierto que Donald Trump, con sus impuestos sobre las mercancías chinas, canadienses, mexicanas y europeas, ha tenido una política muy agresiva, pero la idea de proteger a las empresas estadounidenses también está presente en el programa de Biden".

El empleo en el sector manufacturero, "en constante declive desde hace 40 años en Estados Unidos", sigue estando en el centro de las preocupaciones de los estadounidenses, según este economista.

Donald Trump culpó de este declive a China, y esto justificó el aumento de los derechos de aduana de los productos que entran en Estados Unidos, hoy en día en más de un 20% en promedio.

Para Ruben Nizard, "no volveremos, en los próximos dos años, al nivel que tenían a principios de 2018", es decir, entre el 7 y el 8%.

"Joe Biden continuará la política de Donald Trump de 'Estados Unidos primero', pero de una manera más hábil y menos radical", coincide Marcel Fratzscher, presidente del Instituto DIW de Berlín.

Joe "Biden no es partidario del libre comercio" pero está "convencido de la necesidad de trabajar juntos en el marco de las instituciones internacionales". Esta será una diferencia importante", señala Gabriel Felbermayr, presidente del Instituto IFW.

Para Carsten Brzeski, economista de ING, con la llegada de Biden, la amenaza más explosiva de Donald Trump, es decir, gravar los coches europeos y especialmente los alemanes, "debería desaparecer". Sin embargo, "es difícil imaginar ver al nuevo presidente aplaudiendo repentinamente el gran superávit comercial de Alemania con Estados Unidos".