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El equipo de campaña de Donald Trump afirmó el viernes que la elección presidencial de Estados Unidos "no ha terminado", poco después de que su rival, Joe Biden, adelantara al mandatario republicano en el escrutinio del estado clave de Pensilvania, acercándolo más a la Casa Blanca.

"Esta elección no ha terminado. Las proyecciones erróneas que dan como ganador a Joe Biden se basan en resultados en cuatro estados que están lejos de ser definitivos", dijo Matt Morgan, jefe de campaña de Trump, en un comunicado.

Ningún medio estadounidense importante ha atribuido aún la victoria al demócrata.

Pero aventaja al magnate republicano en el recuento de votos en Pensilvania: si gana este estado industrial, tendrá suficientes votos electorales para imponerse.

La tendencia también se revirtió el viernes en Georgia a favor de Biden, aunque con un margen extremadamente ajustado de cerca de 1.000 votos.

"Georgia se encamina a un recuento y estamos seguros de que se encontrarán boletas irregulares y que el presidente Trump finalmente ganará" en este estado, dijo Morgan.

"Hubo muchas irregularidades en Pensilvania, incluido el hecho de que los funcionarios electorales impidieron que nuestros observadores voluntarios legales tuvieran acceso genuino a los centros de conteo", agregó.

La justicia dio la razón al bando de Trump sobre este tema específico.

En Nevada, donde Biden estaba por delante pero el conteo también sigue en marcha, "parece que miles de personas han votado por correo de forma irregular", dijo el director de campaña.

"Finalmente, el presidente está en camino de ganar en Arizona", afirmó Morgan, acusando una vez más a Fox News y Associated Press de dar por ganador en ese estado a Biden mientras otros medios estadounidenses todavía estaban a la espera para tomar una decisión.

"Biden cuenta con estos estados para atribuirse falsamente la Casa Blanca, pero cuando esta elección termine, el presidente Trump será reelecto", concluyó Matt Morgan.

El bando republicano ha interpuesto cada vez más recursos legales y Trump acusó a los demócratas de querer "robarle" la elección, pero sin aportar ninguna prueba del supuesto fraude.