Experiodista de Teletica: "Con solo escuchar la palabra cáncer, uno está preocupado"
Danny González conversó con este medio 18 años después de alejarse de la pantalla. Habló sobre su reciente cirugía por un carcinoma, el papel de su familia y del deporte en su vida.
Digamos que fue una decisión súper difícil. Para mí, Canal 7 fue mi casa casi 10 años. Tengo ahí un montón de amigos entrañables, gente de gran calidad que pasó por mi vida y que se quedó ahí. Anécdotas de las que usted se puede imaginar trabajando en sucesos, en secuestros, en caídas de una avioneta que nos tomaban por sorpresa y había que salir corriendo. También presentar noticias lo acercaba a uno a la gente.
Entonces a mí me encanta porque a veces la gente me dice: “Hace días que no lo veo”, y yo les respondo que hace casi 18 años que salí. Pero sí, me costó mucho salir precisamente porque es mi pasión. La televisión, el Periodismo en sí, es lo que me apasiona, me encanta hacerlo.
Pero me llamaron en ese momento de una fundación que tenía que ver con la protección de la Isla del Coco y esa es otra gran pasión mía. Entonces tomé la decisión de irme y me fue súper bien. Hice varios viajes más a la Isla del Coco. Después de eso, incluso me han contratado para hacer documentales sobre la Isla del Coco. Ya he ido siete veces.
La última vez fuimos a hacer un documental sobre marcaje de tiburones. En otro momento hicimos otro sobre la instalación de un radar en la isla. Siempre lo que tenga que ver con pesca ilegal y con dar mensajes de conservación de ese lugar tan lindo me va a mover a participar. Realmente lo he disfrutado mucho.
Me siguió haciendo falta, por supuesto, el correcorre de la televisión. Después de ahí me fui a un banco como director de comunicación. Estuve como un año. Luego me llamaron de una transnacional y estuve un par de años haciendo gerencia de asuntos corporativos. Fue muy interesante. Aprendí muchísimo de la relación con los stakeholders de una empresa transnacional en varios países de Centroamérica.
Eso me ha dado mucha experiencia. Ahora lo combino también con entrenamiento de voceros. Yo estuve del lado que está usted ahora y luego también fui entrevistado. Eso me ha ayudado mucho para ofrecer talleres a clientes, asesorarlos en comunicación, en cómo abordar una entrevista y en cómo llevar a cabo una buena gestión de un caso particular.
Entonces creo que alejarme fue momentáneamente de las cámaras, porque ahora tengo una empresa de producción audiovisual. Hago un poquito más detrás de cámaras, pero a veces también hago transmisiones en vivo, hago de presentador de eventos, entonces sigo un poco metido y ligado a lo mismo del periodismo.

Ahí el gusanillo mata la fiebre, por decirlo así, en cámaras, en el buen sentido. Me encanta también la combinación de producción, estar con mis compañeros grabando, decidir qué toma hacer, como hacíamos los reportajes, y luego estar en edición pendiente de cada detalle.
Siento que lo que he experimentado por ser reportero de televisión, por estar como vocero de una fundación, de una transnacional y de una entidad bancaria, me ha dado mucha experiencia y me ha permitido apoyar a otras personas.
A mí me encanta explicarle a un cliente por qué uno tiene que ser asertivo en la comunicación, por qué tiene que tratar de dar sus mensajes clave en una entrevista y también por qué no debe pelearse con la gente ni con el periodista, porque no es lo correcto.
Tiene una combinación de muchas cosas. Ahora hacemos también eventos completos, streaming y circuitos cerrados. A veces estoy de presentador y otras veces detrás de la dirección de una transmisión en vivo.
Entonces sigue siendo una vida muy activa, como la televisión en sí, donde uno siempre está pendiente de lo que puede pasar en cualquier momento y de algo que en tres segundos te puede cambiar todo.

¿Hay alguna anécdota que recuerde de cuando fue sucesero en el canal? ¿Algún hecho que lo haya marcado profesionalmente y que todavía recuerde?
Yo creo que el reportaje o proyecto periodístico más serio que hice hace 30 años —¡qué montón de tiempo!— fue proyectarle a la gente la vida, más que cómo viven, cómo sobreviven los mendigos en la capital. Eso es lo que a mí me marcó para siempre y me lo recuerda la gente.
Nosotros hicimos una investigación sobre los mendigos en San José y se me ocurrió disfrazarme de mendigo para ver desde ese punto de vista, con cámaras escondidas, las reacciones de las personas. Era una tecnología muy diferente a la que hay ahora. Teníamos un micrófono con un cable, una cámara escondida en un segundo piso detrás de un cartón. No era como ahora, que es más fácil conseguir cámaras prácticamente invisibles.
Tuve un equipo que me apoyó en todo el proceso y logramos transmitirle a la gente un poco esa vivencia de cómo era el tico cuando había un mendigo pidiendo en las aceras de San José.
Fue muy impactante para mí, pero hubo una flor en el ojal que la puso otro mendigo. Un muchacho parapléjico que, cuando me vio, seguramente porque el maquillaje había quedado bastante bien, más bien fue a darme una limosna a mí. Yo me quedé impactado y le decía: “No, no, usted necesita más que yo”. Pero él insistía en que la tomara. Apenas podía hablar.
A todos nos impresionó muchísimo y, cuando la gente lo vio al aire, recuerdo que muchos colegas terminaron con lágrimas en los ojos, porque fue una reacción humana lindísima. Era alguien que necesitaba ayuda y aun así estaba dispuesto a ayudar a quien pensaba que estaba peor que él.
Eso me marcó muchísimo y la gente me lo siguió recordando durante años.

Si tuviera que añadir otro caso, hablando de los secuestros, mencionaría el secuestro de Boca Tapada. Tengo todavía muy presente ese recuerdo. Duró 71 días. Empezó un 31 de diciembre y terminó el 12 de marzo con la liberación de las jóvenes secuestradas.
Recuerdo a Susana Siegfried, una suiza radicada en Costa Rica que era guía turística, y a una turista alemana que había venido con su familia. Cubrí el caso durante tantos días que todavía recuerdo todos los detalles.
La gente decía que Costa Rica entera estaba secuestrada. Hubo marchas en San José. A mí me tocó estar metido entre Boca Tapada y Boca San Carlos, prácticamente en la frontera con Nicaragua.
El día de la liberación fue espectacular porque logramos llegar antes que muchos otros medios. Estábamos en un bote con Bernie Artavia y Ezequiel Mora cuando vimos a las secuestradas y empezamos a grabarlas.
Yo les hablaba desde el bote y todavía recuerdo la emoción. Le dije a Ezequiel que se bajara a llamar por teléfono porque en esa época no existían las facilidades tecnológicas de hoy para transmitir en vivo.
Así fue como dimos la noticia de que estaban libres. Después esas imágenes le dieron la vuelta al mundo. Fueron enviadas a Europa y medios internacionales nos contactaron para entrevistas.
Para mí fue un momento muy importante porque sentí que se cerraba un episodio de inseguridad que había afectado a todo el país.

El 30 de mayo fue el Día Nacional del Periodista. ¿Qué representa para usted el Periodismo actualmente y cómo cree que ha cambiado desde sus inicios?
Creo que todo es muy diferente ahora. En mis tiempos había que ir a buscar la entrevista o la información directamente a la oficina de la persona o al lugar donde ocurrían los hechos. Muchas veces eran sitios ubicados a varias horas de distancia.
Ahora es más fácil conseguir información. Incluso con una videollamada se puede entrevistar a alguien. También hay muchos más recursos tecnológicos.
En televisión siempre ha existido una evolución muy rápida, pero antes era mucho más complicado acceder a imágenes o grabaciones. Sin embargo, uno se las ingeniaba para conseguir algo diferente a la competencia.
Yo no voy a hablar de cómo son las cosas ahora, pero sí voy a resaltar cómo éramos antes. Había una mística especial. Existía una pasión por conseguir la información a como diera lugar.
Si yo tenía una versión de un caso polémico, no publicaba nada hasta conseguir la otra versión. Para mí era indispensable tener ambas caras de la moneda.
Creo que eso ayudaba a mantener el balance, el fairness, como dicen los estadounidenses. Era una forma de garantizar información más equitativa, balanceada e imparcial.
Aunque es imposible ser completamente objetivo, sí había una búsqueda constante de profesionalismo y seriedad.
Hoy existe un cambio radical en la forma en que las personas se informan. Están las redes sociales y múltiples plataformas que antes no existían.
Aun así, siguen realizándose investigaciones y reportajes muy interesantes. Al final, eso es lo que la gente necesita: que alguien investigue aquello que la ciudadanía quiere saber y lo saque a la luz pública.
Esa esencia del Periodismo no debería perderse. Más allá de los cambios tecnológicos o de la desaparición de algunos formatos tradicionales, el periodista debe seguir buscando la verdad, contar la realidad y aspirar a la máxima objetividad posible. Ese debe ser siempre nuestro norte.

Uno de los grandes retos es encontrar un balance entre trabajo, salud y familia. Hablemos de su familia y del papel que tuvo durante este proceso de cáncer.
Yo creo que, como todo ser humano, uno no puede estar solo ni aislado. Para mí, la familia es mi motor, es mi soporte y es lo que me hace levantarme cada día pensando que tengo una razón para trabajar y para hacer lo que hago.
También tengo muy buenos amigos que estuvieron presentes durante ese proceso. Personas que me decían que todo iba a salir bien y que me apoyaron de corazón.
Pero quienes realmente me dieron ese abrazo inspirador fueron mi esposa, mis dos hijas y mi hijo. Además, por supuesto, del círculo familiar cercano que siempre está presente.
Recuerdo cuando tuve que comunicarles la noticia. Tengo una hija que va a cumplir 15 años, otra que va a cumplir 17 y un hijo de 25.

Ellos me apoyaron desde el principio. Me dieron tranquilidad y me decían que todo iba a salir bien, que ya se sabía que se podía operar y que no había mayor problema.
Estuvieron muy pendientes de mí y, como le digo, son las personas más importantes de mi vida. Son las personas con las que uno quiere compartir todo lo bueno, pero también estos momentos difíciles o las pruebas que Dios le pone a uno en el camino. Y por dicha están ahí. Y han estado ahí siempre.
Repase aquí la entrevista completa:


