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El presidente socialista Nicolás Maduro, aseguró este domingo que su gobierno firmó "documentos de confidencialidad" para iniciar pruebas en pacientes venezolanos con las vacunas anunciadas por Rusia y Cuba contra el COVID-19.

"Nuestra prioridad es la vacuna, con los rusos, con los cubanos, con los chinos (...) ya se han firmado los documentos de confidencialidad y en cualquier momento vamos a anunciar el inicio de la prueba de las vacuna rusa y cubana en Venezuela, en pacientes venezolanos", afirmó durante un acto en Caracas.

Venezuela ha dicho que aspira a producir la vacuna rusa y que medio millar de personas se ofrecieron para testearla. Rusia, uno de los principales aliados de Maduro, dijo el 11 de agosto ser el primer país en aprobar una vacuna contra el COVID-19, que bautizó Sputnik V.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que aprobar una vacuna 'candidata' requiere de una revisión rigurosa de los datos de seguridad.

Dudan de las cifras del gobierno

Durante la pandemia, la otrora potencia petrolera sumida en la peor crisis de su historia contemporánea, recibió insumos médicos de Rusia, país con el que mantiene estrechas relaciones desde la etapa del fallecido expresidente Hugo Chávez (1999-2013).

Su otro aliado, Cuba, inició el pasado 24 de agosto el período de prueba en humanos de su proyecto de vacuna contra el COVID-19, la "Soberana 01", cuyos resultados deben conocerse en febrero de 2021.

Desde que el virus llegó en marzo al país caribeño, de 30 millones de habitantes, hay 53.289 contagios confirmados y 428 muertes, según cifras oficiales, cuestionadas por la oposición y organizaciones como Human Rights Watch por considerar que esconden una situación mucho peor.

Desde este lunes, inicia una semana de flexibilización de la cuarentena, que exceptúa a municipios fronterizos con Colombia y Brasil, como parte de un esquema llamado 7 por 7, que alterna siete días de "cuarentena radical" por siete de desconfinamiento para permitir actividades económicas.

La pandemia encontró a Venezuela con un precario sistema de salud público, además de escasez de fármacos, síntomas del colapso económico que ha causado un éxodo de unos 5 millones de migrantes desde finales de 2015, según la ONU.