Por Deutsche Welle 15 de septiembre de 2026, 11:29 AM

Una nueva investigación revela que dormir en total oscuridad podría tener un beneficio antes desconocido: proteger la salud del corazón.

El estudio publicado en la revista European Heart Journal revela que incluso la exposición a niveles mínimos de luz nocturna se asocia con cambios potencialmente perjudiciales en la estructura y el funcionamiento cardíaco.

Investigación sobre el impacto lumínico

Estudios anteriores "relacionaron la exposición a la luz nocturna con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, pero se sabe poco sobre los cambios estructurales y funcionales del corazón asociados a ello", afirma en un comunicado el autor principal, Lu Qi, investigador de la Universidad de Tulane (EE. UU.).

Por ello, el equipo buscó evaluar las alteraciones anatómicas que sufre el órgano a lo largo del tiempo ante el exceso de iluminación nocturna.

Los científicos analizaron los datos de 11.017 participantes sin antecedentes de enfermedades cardiovasculares. Cada uno llevó un sensor en la muñeca durante una semana para registrar la luz recibida durante la noche.

Un grupo estuvo expuesto a 0 lux —oscuridad total—, mientras que el extremo superior superó los 3 lux, una intensidad equivalente al brillo bajo de un teléfono sobre la mesita de noche, la luz tenue del pasillo o la iluminación de la Luna.

Cambios en la estructura cardíaca

Tres años después de la medición inicial, los participantes se sometieron a una resonancia magnética cardiovascular para examinar la anatomía y función del corazón.

Los resultados mostraron que los sujetos expuestos a los mayores niveles de luz presentaban un engrosamiento de las paredes de la cavidad izquierda del órgano, lo que reducía el espacio dentro del ventrículo. Asimismo, se observó una menor capacidad de contracción durante el latido, indicio precoz de disfunción cardíaca.

"Este es el primer estudio de este tipo y demuestra que la exposición a niveles más altos de luz durante la noche está relacionada con la remodelación cardíaca", expone Qi.

El experto subraya que se trata de un proceso en el que cambian tanto la estructura como la función del corazón, algo que suele observarse como una "respuesta al estrés crónico o a una lesión cardíaca", algo que a largo plazo debilita el órgano y puede derivar en insuficiencia cardíaca.

Un factor de riesgo modificable

Las enfermedades cardiovasculares, como cardiopatías o accidentes cerebrovasculares, representan la principal causa de muerte en el mundo. No obstante, independiente de la edad o la genética, la iluminación nocturna constituye un factor de riesgo modificable. Apagar pantallas, cerrar cortinas por completo o utilizar un antifaz son medidas sencillas al alcance de la mayoría.

Thomas Münzel, cardiólogo del Centro Médico Universitario de Maguncia (Alemania), sugiere que la comunidad médica empiece a consultar a los pacientes sobre el grado de oscuridad en sus dormitorios, sus turnos laborales y el tiempo de pantalla tras el atardecer.

"El consejo es sencillo y económico: cortinas opacas, iluminación de colores cálidos junto a la cama y tapar los pequeños LED de modo de espera de los aparatos electrónicos domésticos", sostiene Münzel en un comunicado de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC).

Estrategias de prevención

Para los autores del estudio, los hallazgos abren una nueva vía de prevención: "La contaminación lumínica se ha revelado como un nuevo factor de riesgo para las enfermedades cardiovasculares", apunta Qi.

"Nuestros hallazgos, junto con los datos de otros estudios, sugieren que los médicos y los responsables políticos deberían considerar la reducción de la exposición a la luz nocturna como una de las posibles estrategias para prevenir las enfermedades cardíacas", subraya.

Posibles limitaciones de la investigación

Sin embargo, otros expertos piden interpretar los resultados con cautela. Karl Lawrence, profesor del Instituto de Ciencias Farmacéuticas del King's College de Londres, que no participó en el trabajo reciente, advierte que medir la luz con un sensor en la muñeca durante solo una semana no refleja necesariamente la dosis real que recibe el ojo a largo plazo.

Además, intentar vincular esa medición semanal con exploraciones cardíacas realizadas tres años después "parece un tanto arriesgado", por lo que serán necesarios más estudios para demostrar una relación de causalidad.

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