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Israel es el país que más ha vacunado hasta ahora per cápita. Desde el inicio de la campaña, el 20 de diciembre, 3,67 millones de israelíes han recibido ya la primera dosis de BioNTech/Pfizer, lo que equivale a cerca del 40 por ciento de la población. Más del 28 por ciento ha recibido ya también la segunda dosis. En el rango de los mayores de 60 años se ha vacunado a más del 80 por ciento. Y, entre tanto, ya se pueden vacunar los mayores de 16.

Actualmente Israel dispone de tantas vacunas de BioNTech/Pfizer, que la de Moderna no se está aplicando todavía, pese a que está autorizada desde el 5 de enero.

Vacunas a cambio de datos

La campaña de vacunación israelí muestra éxito: las cifras de contagio bajan, sobre todo entre los mayores de 60, según indican investigaciones del Instituto Weizmann. En ese grupo etario, tras la segunda dosis, se registraron un 56 por ciento menos de contagios, un 42 por ciento menos de hospitalizaciones y un 35 por ciento menos de muertes por COVID-19.

El hecho de que el país, de nueve millones de habitantes, pueda contar con grandes cantidades de vacunas obedece a las condiciones contractuales que Israel negoció con los fabricantes. A diferencia de la Unión Europea, Israel no mantuvo en reserva el acuerdo con BioNTech/Pfizer, sino que lo publicó en internet.

De allí se desprende que Israel paga más que la UE por dosis: supuestamente, cerca de 23 euros, en lugar de los 12 euros que pagan los europeos. Además, el Estado de Israel responde por el producto. Para la UE, en cambio, era muy importante que BioNTech y Pfeizer mantuvieran la responsabilidad.

El gobierno israelí acordó también con los productores entregar semanalmente datos de la vacunación a Pfizer. Estos incluyen informaciones sobre números de contagios e inoculaciones, y también datos demográficos de los pacientes, como edad y sexo. Según las autoridades, estos se envían anonimizados.

Gracias al sistema de salud digitalizado de Israel, las empresas farmacéuticas obtienen así datos fiables con gran rapidez, y sobre todo en mucho mayor cantidad que la arrojada por cualquier estudio. Es una fuente de información invaluable.

A cambio, los productores se comprometen a abastecer a Israel con vacunas hasta que el país haya alcanzado la inmunidad de rebaño, es decir, una inmunidad del 95 por ciento de la población.

Cifras alentadoras

De esos datos han salido también las últimas evaluaciones de la efectividad de la vacuna. Según los datos de Maccabi, una de las cuatro cajas estatales de seguro de salud de Israel, recabados una semana después de la aplicación de la segunda dosis, solo 544 personas -de un grupo de 523.000 asegurados-, contrajeron el Sars-CoV-2. Eso corresponde al 0,1 por ciento. De esos 544 contagiados, 15 tuvieron que ser tratados en un hospital. Ocho tuvieron solo molestias leves, tres presentaron síntomas moderados y cuatro sufrieron un cuadro severo. Ninguno murió.

Maccabi comparó los datos con los de 628.000 asegurados que no se habían vacunado. En el mismo período se contagiaron 18.425. La institución desprende de ello que la vacuna presenta una eficacia del 93 por ciento.

La cifra es alentadora, no solo porque coincide con los estudios de BioNTech/Pfizer, sino porque a muestra que, a todas luces, la vacuna puede proteger de un cuadro grave y minimizar el riesgo de muerte. No obstante, aún no se ha revelado la composición de estos grupos estudiados en cuanto a edades y enfermedades previas.

El problema de las mutaciones

Los últimos datos procedentes de Israel tampoco permiten inferir cuán eficaces son las vacunas contra mutaciones más contagiosas. Según BioNTech, en ensayos de laboratorio su vacuna ha sido eficaz contra la variante británica B.1.1.7 y la mutación sudafricana B.1.351. Pero esos son análisis de laboratorio y no hay pruebas en condiciones reales.

En cambio, si hay datos de otras vacunas. La de AstraZeneca, por ejemplo, tuvo malos resultados en Sudáfrica, porque su eficacia contra la variante que se propaga allí cayó a cerca de un 10 por ciento. No obstante, a todas luces la vacuna de AstraZeneca también protege en ese caso de evoluciones severas y de muertes por COVID-19.

Sin embargo, el virus sigue mutando y ya se han detectado combinaciones de variantes, que podrían ser aún más contagiosas. Pero esa peligrosidad aún no ha sido aclarada del todo. De todos modos, los productores tendrán que seguir trabajando probablemente para adaptar sus vacunas a nuevas mutaciones.

Afectados más jóvenes

Por lo pronto, Israel ha comenzado a relajar restricciones que estaban vigentes desde fines de diciembre, aunque el nivel de contagios sigue siendo muy alto: más de 400 a la semana, por cada 100.000 habitantes.

La esperanza se deposita en el efecto de las vacunas, pero hay un problema: sobre todo entre los israelíes más jóvenes se detecta una menor disposición a vacunarse. Eso, pese a que actualmente el coronavirus se está propagando principalmente entre la población más joven, y está provocando casos graves también en ese segmento. Por primera vez desde el inicio de la pandemia hay más menores de 60 años en el hospital por COVID-19 que gente mayor de esa edad.

(er/cp)