21 de septiembre de 2026, 16:30 PM

Dra. Johanna Alvarado/ICF Young Leader Award.

Antonio Machado lo dejó dicho en un verso que se ha vuelto casi un mantra: "Caminante, no hay camino, se hace camino al andar". 

Palabras que parecen escritas para este momento, cuando tantos líderes se quedan pegados a la silla por miedo a lo que no conocen.

La consultora internacional DDI, en su más reciente estudio global de liderazgo, le puso nombre a este fenómeno: job hugging, esa tendencia de aferrarse al puesto por seguridad, frenando la rotación. Suena bien tener estabilidad, ¿verdad? Pero no tanto, porque si nadie se mueve, no hay espacio para que los nuevos talentos suban y practiquen. Estamos criando una cantera de líderes oxidada por falta de nuevos retos.

¿Y por qué nos aferramos así? La neurociencia tiene una respuesta clara. Joseph LeDoux, investigador reconocido del circuito del miedo, explicó que la amígdala cerebral reacciona ante la incertidumbre igual que ante un peligro real: se activa y nos empuja a quedarnos quietos como estrategia de supervivencia. El problema es que en la vida profesional esa quietud no nos protege, nos estanca.

Boris Cyrulnik, el neuropsiquiatra francés que dedicó su vida a estudiar la resiliencia, decía que no es la ausencia de miedo lo que define a quien sale adelante, sino la capacidad de moverse a pesar de él. En mi camino acompañando líderes, he visto que los procesos de transformación más profundos nunca nacieron de la comodidad; nacieron del momento exacto en que alguien decidió soltar lo conocido aunque le temblara la voz.

Nazareth Castellanos ha explicado que el cerebro que no se mueve, que no se reta, deja de renovarse. La neuroplasticidad, esa capacidad del cerebro de crear nuevas conexiones toda la vida, depende de que le demos motivos para hacerlo. Un puesto cómodo, sin retos, es un cerebro dormido.

Le dejo estas preguntas para que las lleve más allá de esta columna:

¿Está en su puesto actual porque lo ama, o porque le da miedo lo que hay del otro lado?

¿Cuánto hace que no se pone un reto que lo saque de su zona conocida?

¿Qué está dejando de aprender por quedarse quieto?

¿Su equipo tiene espacio para crecer, o usted mismo se lo está tapando sin darse cuenta?

Machado tenía razón: el camino no existe antes de andarlo, se construye con cada paso que damos. Y a veces liderar no es tener todas las respuestas, es tener el valor de soltar la silla y empezar a caminar.

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