La guerra en Irán y los desafíos en el sistema internacional
En este artículo de la sección de opinión #DeLaAALaZ se realiza un análisis sobre la situación bélica en Irán y cómo afecta al mundo.
Dr. Alexander López / Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica.
La actual guerra en Irán plantea una serie de interrogantes; en este artículo, por medio de cuatro preguntas, tratamos de responder de una manera simple algunas de las principales inquietudes, entre ellas: ¿es Irán un nuevo Irak? ¿Es Irán un punto de inflexión geopolítico? ¿Funciona el orden internacional? ¿Existe una estrategia de contención a China?
¿Es comparable esta intervención militar en Irán a la de Irak y la de Afganistán?
Las intervenciones militares de Estados Unidos en Afganistán, Irak e Irán son comparables desde el punto de vista político y estratégico, ya que las tres se basan, según la narrativa estadounidense, en una justificación de resguardo de la seguridad nacional.
En el caso de Afganistán, como una respuesta a los atentados del 11-S y la lucha contra el terrorismo (Al Qaeda y los talibanes); en Irak, por las supuestas armas de destrucción masiva y vínculos con terrorismo (que luego no se comprobaron); y en el caso de Irán, la narrativa ha cambiado, pero básicamente como prevención de amenazas por el programa nuclear de Irán y su influencia regional desestabilizadora.
Igualmente, las tres intervenciones han generado efectos comparables, tales como inestabilidad política, conflictos prolongados o escaladas regionales y la aparición o fortalecimiento de grupos armados.
Ahora bien, hay otros factores que claramente los hacen diferentes, entre ellos, los actores y el tipo de guerra. La participación de Israel es un hecho que en las dos otras guerras no se había producido, por lo menos de manera tan abierta. E igualmente, la guerra en Irán es hasta el momento indirecta y de carácter híbrido (ataques aéreos puntuales, guerra de misiles y drones, ciberataques, milicias aliadas en terceros países).
Otro hecho que las hace diferentes es la participación de alianzas o coaliciones, ya que en Afganistán hubo apoyo de la OTAN, en Irak, una coalición internacional (aunque controvertida) y, en el caso de Irán, las acciones recientes, incluso, han sido criticadas por falta de aval internacional.
¿Puede la guerra en Irán reconfigurar de nuevo el equilibrio de poder en el Medio Oriente?
La invasión de Irak tuvo un efecto profundo en la reconfiguración del equilibrio de poder en esta región; es así que, con la eliminación de Saddam Hussein, desaparece un actor fuerte que equilibraba a Irán. La guerra-invasión en Irak generó un vacío de poder, haciendo que Irak pase de ser enemigo de Irán a estar fuertemente influenciado por él, así se fortalecieron milicias y actores no estatales. ¿Cuál fue el resultado? Que Estados Unidos debilitó a su enemigo (Irak), pero fortaleció a otro (Irán).
En el caso de la guerra que estamos atestiguando, hay que tener en cuenta que Irán ya es una potencia clave en Medio Oriente, el cual tiene influencia en países como Irak, Siria o Líbano, apoyando a grupos aliados en la región y compitiendo directamente con potencias como Arabia Saudita e Israel; por lo tanto, una máxima es que si Irán se fortalece o se debilita, todo el equilibrio regional cambia.
Gran parte de las acciones de Israel se deben entender desde la lógica de cambiar el equilibrio de poder, y para ello necesita (según su visión) frenar el programa nuclear iraní, debilitar aliados de Irán (Hezbolá, milicias) y evitar que Irán se consolide como potencia regional dominante. En esta lógica, si Irán crece demasiado en poder, el equilibrio se inclina en contra de Israel.
Por tanto, lo que está pasando en Irán no es solo un conflicto a nivel país, es un “nodo estratégico” donde se cruzan energía, geopolítica y poder global, ya que Irán e Israel, en efecto, pueden cambiar el equilibrio regional en esta zona.
¿Supone la guerra en Irán una “prueba” del sistema internacional?
La respuesta es sí, partiendo del hecho de que el sistema internacional se basa en que los Estados no pueden usar la fuerza militar contra otro, excepto en dos casos:
- Autodefensa ante un ataque armado (Art. 51 de la Carta de Naciones Unidas).
- Autorización del Consejo de Seguridad de la ONU.
La guerra parece más un acto de agresión y una violación de soberanía, al obedecer más a una decisión de dos países (Estados Unidos e Israel) que hacen un esfuerzo colectivo. Claramente, hay una falta de consenso sobre “por qué” ir a la guerra; uno de los mayores problemas es que los objetivos de Estados Unidos no han sido claros ni consistentes; a veces se habla del programa nuclear, otras de cambiar el régimen o de defensa preventiva. No todos ganan lo mismo con una guerra, así que no todos quieren participar.
Adicionalmente, pesa el recuerdo de Irak, ya que este funciona como una “lección histórica” que hace que muchos aliados vean una guerra contra Irán como arriesgada, potencialmente larga, difícil de justificar y, lo más importante, con consecuencias impredecibles.
En Irak, Estados Unidos argumentó que había armas de destrucción masiva, las cuales nunca se encontraron; esto dañó seriamente su credibilidad internacional, y por tanto, muchos países ahora dudan de los argumentos sobre amenazas (como el programa nuclear iraní).
Desde luego hay un miedo a repetir el “caos posterior”, ya que uno de los mayores errores en Irak fue no tener un plan claro para el después de la invasión, así que existe el temor de que, si cae el régimen iraní, el país entre en caos o guerra civil y eso desestabilice toda la región.
Finalmente, una pregunta central: ¿Es esta guerra un mecanismo para contener a China?
La respuesta debe ser valorada en el siguiente contexto: China depende fuertemente de energía importada, siendo uno de los mayores importadores de petróleo del mundo, e Irán uno de sus proveedores importantes. Se podría argumentar que si esa zona se vuelve inestable, China paga más por energía y su economía se desacelera.
Igualmente, la guerra es un golpe a las rutas comerciales de China, ya que no solo importa energía, también exporta manufacturas, sus rutas comerciales (tipo “Nueva Ruta de la Seda”) pasan por regiones cercanas al conflicto, y la guerra interrumpe el comercio, seguros marítimos y transporte. En síntesis, se podría pensar que Medio Oriente es el “punto débil” energético de China, y que generar inestabilidad allí , afecta más a Asia que a los Estados Unidos.
No obstante, se debe ser cuidadoso en el análisis, ya que hemos visto que el daño no solo es para China, sino global. Además, se debe valorar la capacidad de adaptación que tiene China, pues tiene una fuerte inversión en energías renovables, donde es líder global en varias de ellas y también puede diversificar proveedores.
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