Habitar al otro: el arte profundo de la empatía
Es un proceso profundo, incómodo en ocasiones, que exige mucho más que buena voluntad.
Dra. Johanna Alvarado/ ICF Young Leader Award.
“Escuchar es mucho más que oír palabras; es abrir el corazón para comprender el mundo del otro”, Mario Alonso Puig.
La empatía se ha vuelto una palabra frecuente, casi automática, pero pocas veces verdaderamente vivida. Se dice con facilidad: “ponete en los zapatos del otro”. Y sin embargo, cuando formulo una pregunta sencilla —¿y una vez que estás ahí, qué hacés?—, el silencio suele aparecer. Porque la empatía real no es un acto simbólico ni una intención amable. Es un proceso profundo, incómodo en ocasiones, que exige mucho más que buena voluntad. ¿De verdad está dispuesto a mirar la vida desde la historia del otro, sin traducirla inmediatamente a su propio marco?
¿Puede escuchar sin preparar su respuesta, sin justificarse, sin querer corregir?
¿Tiene la humildad de aceptar que tal vez no entiende del todo, y aún así permanecer presente? La empatía no empieza cuando “entiende”, empieza cuando decide querer entender. Implica curiosidad genuina. Esa que no invade, pero sí se acerca. Esa que pregunta sin juzgar. Esa que reconoce que cada persona ha construido su forma de ver el mundo a partir de experiencias que no siempre conocemos. Implica también una escucha activa que va más allá de las palabras. En el ámbito de pareja, la empatía no se prueba en los momentos ideales, sino en los cotidianos.
Imagine esta escena: una persona sale con la intención de traer algo para compartir juntos. En el camino se encuentra con alguien, se queda conversando y se retrasa. Al regresar, no solo llega tarde, sino que además expresa que “se le olvidó” el compromiso o que no lo recuerda con claridad. Una respuesta empática cambia el foco:
“Entiendo que esto te afectó. Teníamos un acuerdo y no lo cumplí, lo siento".
Esa frase no borra lo ocurrido, pero sí reconoce al otro. Y aquí emerge una pregunta clave:
¿Quiere tener la razón o cuidar la relación? Tal vez hoy la invitación sea clara:
Antes de reaccionar, pregunte.
Antes de concluir, explore.
Antes de justificarse, reconozca.
Antes de hablar… escuche.
Porque cuando realmente uno se permite habitar el mundo del otro, algo cambia. La empatía también se entrena.
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