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Carlos Aguirre / Consultor Desarrollo Humano Estratégico

Si ese alguien que tú eras no es quizás el que eres hoy, ese que soñaste ser un día, es el mismo que se ve al espejo todos los días. Si la respuesta fuera negativa, entonces te pregunto: ¿qué te paso? ¿Qué sucedió con todos esos sueños que tenías, las ilusiones, eso que te movía todos los días a dar lo mejor de ti mismo? ¿Sabías que aún es algo que puedes recobrar?

En algunos talleres hacemos la pregunta: ¿cómo son los niños?  Las respuestas son variadas:

  • Son imaginativos
  • No tienen pena
  • Tienen una gran autoestima
  • Nadie les ha dicho aún que no pueden
  • No tienen juicios

Estas son algunas de las respuestas que más se repiten. Al hacer esta pregunta podemos ver el brillo en los ojos de las personas y, luego, algo de tristeza en ellas porque así éramos, no quienes ahora somos en algunas ocasiones. Por ello, nos debemos preguntar qué paso, dónde nos perdimos, qué sucedió y cómo hago para retomar ese actitud de saber que, con esfuerzo, dedicación y mucho trabajo, mi personalidad puede salir adelante.

Una de las frases que nos acompaña siempre en las capacitaciones es la siguiente: Si queremos triunfar en la vida debemos entender que el éxito no necesariamente está en lo que sabemos hacer, sino en cómo nos comportamos. Tiene que ver mucho con aquellas cosas que no necesariamente nos enseñan en una universidad, pero sí en la universidad de la vida, lo cual hace la diferencia entre sentirnos afortunados, exitosos o simplemente más confiados en nosotros mismos. 

Admiramos a las personas que triunfan sin saber que tú y yo podemos ser una de ellas, queremos ganarnos el gordo de la lotería cuando ya somos el premio mayor, pero no lo hemos ido a cambiar aún. Una de las cosas que no podemos perder, aparte del tiempo, son las palabras y las  oportunidades que casi nunca llegan dos veces y, más bien, algunas veces debemos ir tras ellas. Quizás como líder en potencia -si aún no te consideras como uno- es importante que reflexiones si todavía sigues siendo la persona que un día soñaste ser o si, por el contrario, te aplica el título de esta columna: “Ese alguien que tú eras”.

¿Cómo acercarnos a quien queremos ser en estos tiempos tan cambiantes y de tanto estrés e incertidumbre? Primero, quizás hoy más que nunca, nos toca interiorizar que las personas que abrazan los cambios y aprenden son las que se van a adueñar del mundo, mientras que quienes no deseen hacerlo se encontrarán operando en un mundo que ya no existirá. Segundo, debemos entender que aún no somos ese proyecto terminado, todavía nos queda vida para ser lo que queremos ser. Tercero, tenemos que trabajar en nosotros mismos con aquella persona que va con nosotros todos los días, pero que, en ocasiones, desconocemos.

Las organizaciones, el país y su familia necesitan líderes empoderados, líderes con una gran fuerza mental, líderes que hagan gala del buen uso de sus estados emocionales. No en vano de las palabras más buscadas al inicio de la pandemia eran “líder” y “liderazgo”. 

"Estar preparado es importante, saber esperar lo es aún más, pero aprovechar el momento adecuado es la clave de la vida", Arthur Schnitzler. Pero el momento adecuado puede ser hoy mismo.