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Dr. Alexander López 

Recientemente se ha generado una intensa discusión en torno a la idea de si estamos en presencia de una crisis del acoplamiento entre los Estado Unidos y China, algo que algunos autores han denominado (aunque me parece de manera incorrecta) una guerra fría 2.0. La tesis del acoplamiento surge de manera gradual debido, por un lado, a una serie de reformas impulsadas por Deng Xiaoping, conocido como el “arquitecto” de la China moderna y, por el otro, a la puesta en marcha de la doctrina estadounidense del compromiso estratégico con China, que le abrió las puertas con el objetivo de “derribar” al igual que con la Unión Soviética, las barreras del gigante asiático, y abrirlo al “mundo moderno”.

Uno de los más importantes hitos de este acoplamiento de China fue su entrada a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en el año 2001, que algunos claman fue “el pecado original” de Estados Unidos (permitir su entrada) (Johnson y Gramer, 2020). Desde entonces, China ha logrado convertirse en uno de los actores más importantes del comercio internacional y uno de los motores del crecimiento global. Pero cuatro décadas después, China parece no haber cumplido las expectativas del mundo occidental, en especial de Estados Unidos. Su rápido crecimiento económico, capacidad tecnológica y proyección internacional se expande exponencialmente, ocasionando un cambio gradual en las relaciones económicas globales, que cada vez más gravitan entorno a ese país.

Por lo tanto, la idea del acoplamiento ya no se percibe igual, ya que en tan solo una década, China pasó de visualizarse como socio comercial a competidor estratégico en Estados Unidos, donde ya se considera que la hipótesis sobre la cual se sentaron las bases del compromiso estratégico resultó ser riesgosa o para algunos equivocada (la transición de China hacia un modelo más liberal). Sumado a lo anterior, la “ecuación” china parece presentar un escenario desolador para la hegemonía estadounidense: rápido crecimiento de la economía china, una balanza comercial desfavorable a Estados Unidos, dependencia de la industria manufacturera china (como se evidenció en la pandemia con el equipo médico), su creciente importancia en las cadenas globales de valor y, en especial, las condiciones de competencia en el comercio de bienes y servicios (consideradas injustas), la considerable ventaja demográfica, entre otros factores, parecen impulsar el auge chino frente al declive estadounidense.

Por todo lo anterior, pareciera que Estados Unidos ya no confía en un “ascenso pacífico” de China ya que este país está cada vez más empoderado, se encuentra forjando sus intereses regionales y globales, muestra de ello son los proyectos globales como la Iniciativa de la Franja y de la Ruta o la creación de gigantes financieros como el Asian Infraestructure Investment Bank (AIIB), así como su política en el Mar del Sur de China y en sus fronteras con la India.

Ahora bien, pese a las rivalidades existentes la tesis de un total desacoplamiento es difícil ya que la interdependencia económica entre estos dos Estados es sumamente alta, lo que hasta cierto punto los hace socios indispensables entre sí: China es el tercer mayor socio comercial de Estados Unidos, y Estados Unidos es el mayor socio comercial de China. Tal como lo señala Bradsher (2018), esa relación económica entre las dos potencias globales ha marcado la era moderna; China es el mayor exportador del mundo y Estados Unidos el mayor comprador, sus puntos de acuerdo y desacuerdo terminan impactando de manera global.

Se puede concluir que, a diferencia del pasado reciente (Guerra Fría), esta rivalidad y competencia parece no poder separar completamente a ambos Estados debido a la alta y compleja interdependencia económica y tecnológica entre ambos, y lo que ha hecho la pandemia es ayudar a descubrir las vulnerabilidades de esta mutua dependencia en un contexto de pretendido desacoplamiento. Por lo anterior, el escenario deseable para estos países y para el mundo, es una mayor y mejor cooperación entre ambos que permita reducir esas vulnerabilidades globales y aumentar la gobernabilidad del sistema internacional.


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