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Carlos Aguirre / Consultor Desarrollo Humano Estratégico

Al conducir un vehículo siempre debemos estar alertas a los puntos ciegos, es decir, aquel momento en el cual ya no somos capaces de observar si un carro nos va a rebasar antes de que nosotros realicemos la maniobra esperada. Cuando estamos dando los primeros pasos en el arte de conducir un vehículo, esta es una situación de la que estamos muy pendientes durante el proceso, debido a que nos encontramos en una etapa del aprendizaje donde aún somos incompetente e inconscientes.

De acuerdo con lo mencionado anteriormente y llevándolo al dominio profesional y personal, nos tenemos que hacer una pregunta que mantiene la analogía de conducir un carro: ¿usted ya ajustó sus espejos?

Así como algunas veces nos pegamos un pequeño susto por no ajustar los espejos al intentar cambiar de carril, hoy, en medio de todo lo que estamos viviendo, nos debemos hacer la misma pregunta: ¿ya ajusté los espejos?, y llevarla a los dominios que necesitamos observar y estar más atentos que nunca a lo que hemos dejado de observar. Además, debemos efectuarnos la siguiente pregunta: ¿cuáles son mis puntos ciegos?, aquello que la pandemia me está impidiendo ver con mucha mejor claridad y certeza para avanzar, para moverme al siguiente carril, para progresar y regresar ese tiempo que estoy dejando ir.

Las siguientes preguntas serían: ¿qué peligros representan mis puntos ciegos? y ¿qué no somos capaces de distinguir hoy con mayor precisión? Un día nos vamos a levantar y no tendremos una pandemia, de manera que la COVID-19 será -como dice una canción- parte del paisaje que nos quedó, pero controlada por una ciencia que ha hecho todo lo posible para que esto sea una realidad superada.

Lo más importante que podemos hacer es asumir y hacernos cargo de nuestros puntos ciegos, según lo decía Víctor Frank en su libro, El hombre en busca del sentido: “No somos víctimas de las circunstancias, sino de las decisiones que estemos tomando”.

No esperemos a que las cosas vayan muy mal para darnos cuenta de cuáles eran nuestros puntos ciegos. Además de aceptar que todos los tenemos, la virtud está en que los reconozcamos y los veamos a tiempo.

En los procesos de coaching son varias las preguntas que le realizamos al cliente que nos trae este tema. A continuación, algunas que nos pueden ayudar a reflexionar sobre nosotros mismos:

1.       ¿Qué tengo miedo de saber?

2.       ¿Qué es lo que menos quiero aceptar?

3.       ¿Qué siento sobre mí?

4.       ¿Qué estoy haciendo con lo que me está pasando?

5.       ¿Por qué no soy capaz de hacer ese giro?

6.       ¿Y si lo hago?

Una de las competencias que debemos trabajar en estos tiempos es el autoconocimiento, ese diagnóstico personal que nos sitúa en un lugar y, a partir de ahí, generar -como dice Rafael Echeverri- acciones que hagan cambiar a nuestro observador y así lograr un aprendizaje de segundo orden.

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