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Una semana en Costa Rica, 'Pura vida' y un oso perezoso le cambiaron la vida a una pareja de USA

Hace tres semanas una prestigiosa revista publicó un extenso artículo escrito por Adam Leith Gollner, quien aseguró que un viaje de una semana por estos lares le cambió la vida, a él y a su pareja.

Teletica.com Redacción 19/10/2017 11:55

Si usted pensaba que nada nuevo se podría decir de las bellezas naturales y múltiples opciones turísticas que ofrece Costa Rica, la  prestigiosa revista Travel + Leisure -considerada una de las 'biblias' en turismo de viajes- le hará replantear su visión sobre este pedacito de tierra.

Hace tres semanas esta revista publicó un extenso artículo escrito por Adam Leith Gollner, quien aseguró que un viaje de una semana por estos lares le cambió la visión de la vida a él y a su pareja Michelle.

Y todo comenzó con una primera experiencia poco gratificante: el carro en el que él y su novia rentaron se quedó atascado en un río que cruzaba un camino, mientras escuchaban cómo las aves tropicales a su alrededor "se burlaban" con un 'ha ha' y 'hoo-wee-doo', contó él en el texto.

El autor del artículo relata que ese episodio empezó a marcarlo. Él y su novia Michelle se volvieron a ver como preguntándose si habían tomado un camino incorrecto, y solo pensaron en el 'pura vida' que les dijo el joven del rent-a-car en varias ocasiones antes de entregarle el vehículo.

Adam salió de su carro y lanzó una piedra al río para ver su profundidad, pero la piedra se hundió rápidamente.

"Nos volvimos a ver y nos preguntamos qué pasaría si proseguíamos el camino cruzando el río; nos ajustamos bien los cinturones. 'Pura vida', solo pensé una y otra vez y decidimos ponernos en marcha".

Luego de explicar en el artículo qué significa esa expresión tan nuestra, tan tica, el autor reflexionó:

"El significado más profundo, sin embargo, se refiere a una experiencia de la vida tal y como es, aceptando tanto las fuerzas buenas como las malas que se desarrollan a través de todo".

Y a partir de esta reflexión el autor describe lo que fueron siete días en Costa Rica y cómo cada pequeña experiencia, comida, animal y circunstancia replantearon su visión de vida y la de su pareja, quien deseaba sobre todas las cosas ver un oso perezoso.

Una vez salieron del río -no sin antes escuchar cómo las piedras chocaban contra el chasis ante el susto de ambos de no poder salir- los dos estadounidenses cuentan así lo que vino después:

"Fue nuestra primera lección del 'pura vida': cuanto más desafiante es un obstáculo, mayor es la sensación de euforia que se obtiene al superarlo. Con una sensación de logro, nos despedimos de las aves cantoras y nos alejamos en dirección a la costa.

"Cada curva parecía abrir un nuevo ecosistema, desde las amplias llanuras que dan a la provincia de Guanacaste su apodo de La Pampa hasta las selvas tropicales con plantas de color fluorescente, que crecen superpuestas.

"Los vaqueros aún se dedican al comercio de granjas en esta parte del país, y de vez en cuando veíamos cómo pasaban a nuestro lado sabaneros a caballo, con un típico sombrero de vaquero costarricense llamado chonete y con un lazo o un machete. Casi se puede ver la testosterona colgando sobre ellos como una especie de niebla de feromonas".

En su trayecto vieron árboles corteza amarilla en flor, numerosas mariposas multicolores y playas con olas color turquesa; percibieron aromas a hierbas tropicales y degustaron de numerosas frutas frescas. Probaron, además, cocteles elaborados con guaro Cacique; viajaron en bicicletas montañeras.

Pero Michelle estaba algo impaciente: ella quería ver un oso perezoso, un animal que para ella reúne lo que debería ser la esencia de la vida: armonía, tranquilidad, descanso y paz, nada de violencia.

Fue así como ambos viajaron a La Fortuna, donde se hospedaron en un hotel con aguas termales y una vista inmejorable del imponente volcán Arenal.

Después de disfrutar del placer nada culposo de dejarse abrazar por la naturaleza y esas aguas ricas en minerales, la pareja visitó un santuario de animales, un sitio donde se atienden mamíferos heridos o en estado de vulnerabilidad.

Pero... ¡qué mala suerte! El día cuando ambos acudieron al lugar no había osos perezosos heridos. Aún sí ambos no perdieron el tiempo y decidieron ayudar a formar recipientes de alimentos para tucanes y para guacayamas.

La responsable del sitio le explicó que los osos perezosos confunden las líneas eléctricas con ramas y sufren serias quemaduras. Una vez que sus heridas han sanado, el equipo de Asis los envía de vuelta al bosque, donde pertenecen. "En realidad, es una buena noticia que no haya ninguno en este momento, ya que significa que todos mejoraron", dijo ella.

"Durante la cena, la última en Costa Rica, consolé a Michelle por el hecho de que no había podido pasar un rato con osos perezosos. Después de nuestra comida, mientras cruzábamos el puente que comunica una sección del hotel con otra en medio del bosque notamos que algo se movía en los árboles, a pocos metros de distancia.

"¡Un perezoso!" Michelle lloró. "¡Un perezoso!" Lloré. La criatura nos miró, curiosamente, con sus ojos bandidos. Algas simbióticas se camuflaron en su espalda mientras colonias enteras de insectos parecían prosperar en su pelaje. Ese perezoso era un ecosistema, toda Costa Rica estaba reducida en un solo habitante cubierto de pelos.

"En ese momento, compartiendo una mirada con esa increíble criatura, habíamos encontrado lo que buscábamos: Michelle consiguió su perezoso, y yo -gracias al 'pura vida'- obtuve una lección de vida que jamás habría podido imaginar", finalizó el artículo.